miércoles, 13 de enero de 2016

La proporcionalidad electoral en España

Los efectos de todos los sistemas electorales, mayoritarios o proporcionales, apuntan en la misma dirección de la desproporcionalidad, aunque existan ciertas diferencias de grado y todos ellos busquen evitar, al fin y al cabo, una desproporcionalidad extrema.

De forma más específica, todos los sistemas electorales producen, en primer lugar, efectos mecánicos, que consisten en la sobrerrepresentación de los dos primeros partidos, en mayor medida del primero, al “traducir” los votos en escaños; dicho de otra manera, en el momento de la distribución de los escaños, los dos primeros partidos suelen lograr más escaños que los que les corresponderían. El reparto de escaños es una operación de suma-cero, por lo que esas primas para los dos primeros partidos conllevan penalizaciones para los demás, que resultan así infrarrepresentados. Es lo que se ha denominado la desfragmentación de los sistemas de partidos por efecto de los sistemas electorales, o al menos el “efecto reductor” en palabras del politólogo italiano Giovanni Sartori.

En segundo lugar, los sistemas electorales desarrollan también efectos psicológicos, que tienen dos clases de manifestaciones, según se proyecten sobre las élites políticas o sobre los electores. En lo que se refiere a las élites, estos efectos psicológicos se concretan en las estrategias diseñadas para la obtención de los máximos beneficios del sistema electoral -por ejemplo, formando coaliciones electorales-, o para la aminoración de sus consecuencias negativas. En lo referente a los electores este tipo de efectos se manifiesta en lo que se ha denominado el voto útil, también llamado voto estratégico, consistente en la percepción de que el partido que les gustaría elegir no tiene muchas posibilidades de lograr representación, optando entonces por otro partido para no “desperdiciar” su voto. Suele incrementarse así el número de votos de los partidos más grandes en detrimento de los demás.

El sistema electoral español no es indiferente; siempre ha sido criticado por la falta de proporcionalidad, es decir, por la sobrerrepresentación de los partidos grandes y la inversa, la infrarrepresentación en el caso de los partidos pequeños. Se suele acusar al sistema electoral de que los partidos que más votos consiguen obtienen un porcentaje de escaños superior respecto a los votos. El pasado 20 de diciembre hubo elecciones al Congreso de los Diputados y al Senado -y no al Presidente del Gobierno como muchos piensan equivocadamente-, por lo que podemos comprobar mediante los resultados electorales la proporcionalidad existente en España.


Como podemos observar, hay dos partidos especialmente favorecidos por el sistema electoral, lo que se ha venido llamando “bipartidismo”: PP y PSOE. Y dos partidos a los que les han “robado” escaños: Ciudadanos e Izquierda Unida-Unidad Popular, el cual ha sido más perjudicada con un 3.1% de escaños menos que de votos.

¿Es este un comportamiento natural del sistema electoral español o se viene mostrando solo recientemente? Si comprobamos esto mismo en las anteriores elecciones generales, nos daremos cuenta de la relación escaños-votos en los distintos partidos a lo largo de la historia electoral reciente de España.


Observamos que tradicionalmente PP y PSOE consiguen más escaños que votos, es decir, están sobrerrepresentados -excepto en las elecciones de 1977 y 1979 cuando AP era un partido minoritario-. El sistema electoral español perjudica a partidos menos votados, como vemos en el cuadro con la serie histórica del PCE e IU.

Por lo que podemos afirmar que el sistema electoral español premia a los partidos de ámbito estatal más votados y castiga a los menos votados. Dentro de los partidos de ámbito no estatal (PANE), los partidos regionales concentran su apoyo en un territorio concreto y no hay apenas diferencia entre escaños y votos, manteniéndose estable a lo largo de las diferentes elecciones que se han celebrado en España.

La circunscripción única

España obtiene estos resultados con un sistema electoral que es plurinominal cuyas circunscripciones son las provincias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla -en total son 52 circunscripciones-. Si la circunscripción fuera única, es decir, que solo hubiera una circunscripción (todo el territorio español), ¿cambiaría el resultado de la proporcionalidad? Para calcular la proporcionalidad en dicho escenario he utilizado los resultados electorales y he calculado los escaños que ganaría cada partido si no hubiera circunscripciones provinciales y solo existiera una circunscripción nacional.

Por otro lado, he querido calcular los escaños -también bajo circunscripción única- que ganaría cada partido en dos casos diferentes: un Congreso de 300 diputados y un Congreso de 400. Actualmente el Congreso de los Diputados cuenta con 350 escaños, pero el artículo 68 de la Constitución Española refleja lo siguiente: “El Congreso se compone de un mínimo de 300 y un máximo de 400 Diputados, elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, en los términos que establezca la ley”, por lo que me ha parecido interesante hacer el cálculo con el mínimo y el máximo de diputados posibles y analizar si varía la proporcionalidad electoral. 




Una vez visto cómo quedaría el Congreso de los Diputados en función del número de escaños y la diferencia en la proporcionalidad, nos damos cuenta que los resultados actuales son los menos proporcionales de los cuatro escenarios analizados. Sin duda parece que utilizar solo una circunscripción que abarque todo el territorio nacional ayudaría a encontrar (a priori) una solución hacia una mayor proporcionalidad, sobre todo en el caso de los partidos menos votados.

Esto nos deja claro que el problema de la desproporcionalidad en España no es culpa del sistema D’Hondt, como muchos suelen decir, sino del tamaño de las circunscripciones. Ya vemos que con una sola circunscripción no habría, en principio, problema alguno respecto a la proporcionalidad, y también se utilizaría el sistema de reparto de escaños actual. Un análisis de Politikon ayuda a entender el problema del tamaño de las circunscripciones.


Como vemos en esta imagen, la proporcionalidad aumenta conforme aumenta el tamaño de la circunscripción. En las circunscripciones grandes, como Madrid o Barcelona, no existe una distorsión tan grande como ocurre en las circunscripciones más pequeñas, donde menos escaños se reparten, como pueden ser Zamora y Soria en el ejemplo. Esto ocurre porque en muchas circunscripciones pequeñas hay más partidos que escaños en juego, por lo que es imposible que todos los partidos obtengan representación, y si la obtienen, es muy complicado que sea proporcional a los votos.

Por tanto, el problema de la desproporcionalidad lo tenemos en el tamaño de las circunscripciones, sobre todo en las pequeñas, donde se reparten 5 o menos escaños. Decía antes que España tiene 52 circunscripciones electorales, de las cuales 28 son pequeñas. El resto se reparten entre 17 circunscripciones medianas -entre 6 y 9 escaños- y 7 circunscripciones grandes -a partir de 10 escaños-. Más de la mitad de las circunscripciones españolas son pequeñas, donde más se acentúa la desproporcionalidad electoral. Es lo que se conoce como sesgo mayoritario: muchas circunscripciones eligen pocos diputados. Esta es una de las causas de la desproporcionalidad electoral en España.

La circunscripción autonómica

Como decía antes, la ley electoral española está basada en las circunscripciones provinciales para las elecciones generales. Ya hemos visto que la proporcionalidad electoral se ve más resentida con dichas circunscripciones provinciales que si fuera una circunscripción única de todo el territorio nacional. Pero qué ocurriría con la proporcionalidad si la circunscripción fuera autonómica, es decir, cada circunscripción para el reparto de escaños fuera cada una de las comunidades autónomas. Para ello sumamos el número de escaños que reparte cada provincia para saber cuántos escaños repartiría cada comunidad autónoma. En este caso solo puedo hacer una simulación para un Congreso de 350 escaños, ya que es imposible saber cuántos escaños repartirían cada comunidad en el caso de que el Congreso estuviera formado por 300 ó 400 escaños.



Como podemos comprobar, no existe una diferencia muy pronunciada entre la proporcionalidad existente con la circunscripción provincial y la que habría con la circunscripción autonómica. Tan solo hay un partido de diferencia (Nós), con lo que tampoco estaríamos hablando de un Congreso muy variado en cuanto a su fragmentación.

El partido más beneficiado con la circunscripción autonómica respecto al sistema actual sería Izquierda Unida, como en los tres casos vistos anteriormente. No hay duda de que Izquierda Unida es la gran perjudicada con la circunscripción provincial que utilizamos para las elecciones generales.

Con el sistema de circunscripción autonómica, los partidos más votados seguirían estando sobrerrepresentados, aunque algo menos que en la actualidad. En cuanto a los partidos regionales no existen grandes diferencias entre ambos tipos de circunscripción.

Por lo tanto, y como hemos visto, la proporcionalidad electoral mejoraría con la implantación de la circunscripción única, y la variación del número de diputados en el Congreso, sin apenas diferencia entre 300 y 400. Creo que el problema está más en el tamaño de la circunscripción (que no tiene que ver con el número de electores, sino con el número de escaños asignados) y no tanto en el número de escaños del Congreso de los Diputados.

El prorrateo electoral

Otra causa de la desproporcionalidad electoral en España es lo que se conoce como prorrateo, es decir, el modo en que se asigna el número de escaños que van a repartirse en cada circunscripción.

La regla de reparto de escaños entre las provincias combina criterios de representación territorial y de representación inorgánica de la población. Por un lado, se reparten 100 escaños a partes iguales entre las 50 provincias, más uno para Ceuta y otro para Melilla -el 29% de los escaños-; por otra parte, se distribuyen 248 escaños -el 71% restante- entre las provincias, ya excluidas Ceuta y Melilla, de manera proporcional a la población. Como resultado, casi todas las provincias tienen un mínimo de tres diputados -excepto Soria y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla-. Dado que el reparto de la población española es muy desigual entre las provincias, lo que se produce es una acusada sobrerrepresentación de las provincias menos pobladas y la infrarrepresentación de las más pobladas.

El siguiente gráfico presenta un diagrama de dispersión de las proporciones del censo electoral de cada circunscripción y el número de escaños asignados en las 572 observaciones disponibles -las 52 circunscripciones en once convocatorias electorales-. El gráfico incluye como referencia una recta hipotética que representa un prorrateo demográfico si a cada distrito le correspondiese el número de escaños proporcional a su censo electoral.


Fuente: Revista Española de Ciencia Política: “La desigualdad en el sistema electoral español y el premio a la localización del voto”. Alberto Penadés y Salvador Santiuste.
En este gráfico podemos ver un déficit de representación en las provincias más pobladas. Una ecuación que predice con bastante precisión el número de escaños de una circunscripción es “escaños = 1.9 + 2.5 * (porcentaje del censo)”. Esto quiere decir que a una circunscripción (distrito) en el que resida alrededor del 2% del censo le corresponden, en promedio, siete escaños, con los que estaría proporcionalmente representado -siete escaños es igual al 2% del Congreso de los Diputados-.

Las circunscripciones de mayor población están infrarrepresentadas, pues por cada punto porcentual del censo electoral obtienen, en promedio, 2.5 escaños, uno menos de los 3.5 escaños que resultaría del prorrateo proporcional de 350 asientos. Cuanto mayor es la población de la circunscripción, mayor es el déficit de representación. Las circunscripciones con menos del 2% del censo electoral están, en general, sobrerrepresentados. Una circunscripción en la que vota el 1% del censo tiene, en promedio, un escaño más que lo que sería equitativo.

Fuente: Revista Española de Ciencia Política: “La desigualdad en el sistema electoral español y el premio a la localización del voto”. Alberto Penadés y Salvador Santiuste.

Este gráfico muestra la coincidencia entre circunscripciones de pequeña magnitud y sobrerrepresentadas, así como entre circunscripciones grandes e infrarrepresentadas. La variable “peso del voto” es la razón entre la fracción del parlamento que se elige en cada distrito y la fracción del censo electoral que realiza la elección. Si el valor es uno, o cercano a uno, se cumple el ideal de “un ciudadano, un voto”.

Como podemos apreciar, las circunscripciones grandes -de 10 o más escaños- están generalmente infrarrepresentadas. Las circunscripciones pequeñas -hasta 5 escaños- están generalmente sobrerrepresentadas. Las circunscripciones intermedias se encuentran, en promedio, proporcionalmente representadas.

Como decía antes, el prorrateo es otra de las causas de la desproporcionalidad electoral. Circunscripciones menos pobladas que reparten más escaños de los que deberían. Circunscripciones grandes que reparten menos escaños. Es otro de los problemas que habría que solucionar para mejorar la proporcionalidad electoral española.

El sesgo conservador

Otra causa de la desproporcionalidad existente en el sistema electoral español es lo que se conoce como sesgo conservador, es decir, que UCD-PP cuando han ganado las elecciones generales, lo han hecho con una ventaja mayor a la que obtiene el PSOE respecto a esos dos partidos cuando resultan vencedores los socialistas. Este sesgo tiene su origen en la Transición y la configuración de la Ley Electoral.

Si queremos comparar el rendimiento que obtienen del sistema electoral dos partidos que compiten por la mayoría debemos adoptar el punto de vista de la competición entre ambos, por lo que interesa conocer las diferencias de votos y las diferencias de escaños que los separan. Más aún, lo que nos interesa es conocer qué margen de victoria en escaños concede el sistema electoral al ganador a partir un cierto margen de victoria en votos.

Una forma natural de medir esto consiste en calcular el multiplicador del margen de victoria electoral, es decir, cuántas veces es mayor la diferencia en escaños que la diferencia en votos que separan al partido ganador en unas elecciones de su inmediato competidor.

Fuente: Revista Española de Ciencia Política: “La desigualdad en el sistema electoral español y el premio a la localización del voto”. Alberto Penadés y Salvador Santiuste.
En este gráfico observamos la diferencia entre votos y escaños del PSOE respecto a UCD y AP/PP. Las cifras negativas indican las elecciones en las que el PSOE resultó perdedor y las cifras positivas aquellas en las que obtuvo más votos y escaños que su competidor. Visto desde esta perspectiva, la victoria del PP en 1996 sobre el PSOE ha sido la más amplificada por el sistema electoral, pues el margen de diferencia en escaños es más de tres veces superior al margen de victoria en votos. Por otra parte, la distancia que separaba a la UCD del PSOE en el parlamento era entre 2,5 y 3 veces superior a la distancia que les separaba en votos.

Sin embargo, la amplificación del margen de victoria del PSOE sobre AP o el PP tiene valores más moderados, no alcanzando nunca el 1,5. Las elecciones de 1989 son aquellas en las que el sistema electoral más parece haber ayudado al PSOE para obtener sus resultados respecto a su inmediato perseguidor, en este caso, el PP.

Por tanto podemos afirmar que las victorias en votos del PSOE se amplifican con moderación, o incluso no lo hacen, mientras que las victorias en votos del PP -o de la UCD- encuentran una respuesta más favorable en el margen de escaños sobre su competidor.

Fuente: Revista Española de Ciencia Política: “La desigualdad en el sistema electoral español y el premio a la localización del voto”. Alberto Penadés y Salvador Santiuste.

Este cuadro presenta el porcentaje de votos que obtuvo en las elecciones cada uno de los dos primeros partidos en los distintos distritos. Los datos permiten comprobar que la localización del voto de uno y otro es bastante diferente, lo que ayuda a explicar las distintas ventajas.

En las elecciones de 1977 y 1979 la UCD y el PSOE tenían pautas de localización claramente inversas, dándose el caso de que el PSOE ganaba las elecciones en los distritos grandes. En 1982 la localización del voto del PSOE todavía varía de forma considerable con la magnitud de los distritos electorales, pero esta es una pauta que va perdiéndose a lo largo de las sucesivas elecciones. Entre 1982 y 1989 el PSOE pierde más votos en las circunscripciones mayores que en el resto. En 1989 el PSOE obtiene por primera vez un porcentaje de votos ligeramente superior en el área de los distritos pequeños que en la de los grandes, lo que se encuentra relacionado con su relativamente anómala ventaja electoral de entonces. A partir de 1993 la implantación territorial del electorado del PSOE se vuelve bastante uniforme, siendo frecuente la pauta de éxito relativo tanto en el sector más mayoritario como en los distritos grandes observados.

Por el contrario, el voto del PP presenta siempre una correlación negativa con la magnitud de los distritos, semejante a la de la UCD, aunque más moderada: más votos cuanto más pequeñas son las circunscripciones. Para la UCD fue extrema: en 1977 la UCD tenía 17 puntos más de apoyo en los distritos pequeños que en los grandes. Esta pauta de localización se ha ido suavizando con AP y el PP, y con el tiempo, al menos en términos relativos, dado que el voto del PP ha crecido algo más deprisa en las circunscripciones grandes que en las restantes. Con todo, en 2004 el PP volvía a tener 10 puntos más de apoyo en las zona más mayoritaria que en la más proporcional, como en los años ochenta, aunque ese diferencial se redujo a la mitad -y a su mínimo- en 2008.

Se observa una interesante pauta entre los subsistemas en la conformación del tipo de mayoría. Cuando el parlamento ha tenido un vencedor por mayoría absoluta -1982, 1986, 1989, 2000 y 2011- el partido ganador gana las elecciones en los tres subsistemas -los tres tipos de circunscripciones-. En el resto de las ocasiones, cada partido gana en su área “natural” desde la Transición: la derecha en el mayoritario -circunscripción pequeña- y la izquierda en el proporcional -circunscripción grande-; mientras que los distritos de la zona media otorgan la mayoría parlamentaria, que en estos casos nunca es absoluta.

En conclusión, salvando las elecciones en las que uno de los partidos domina claramente al segundo, el PSOE gana las elecciones en el área menos rentable y las pierde en el área donde más ventaja se obtiene, y lo contrario sucede para UCD/PP. Como resultado, su derrota en el conjunto del país queda relativamente amplificada en el parlamento, o sus victorias poco magnificadas, lo contrario de lo que sucede para UCD/PP. Esto es lo que se conoce como el sesgo conservador del sistema electoral español.

Hemos visto la proporcionalidad electoral en España, sus causas y sus posibles soluciones. A modo de resumen:

-          Todos los sistemas electorales generan, en mayor o menor medida, desproporcionalidad. Efectos mecánicos – efectos psicológicos.

-          El sistema electoral español premia a los partidos de ámbito estatal más votados y castiga a los menos votados. En cuanto a los partidos de ámbito no estatal suele haber proporcionalidad al estar concentrados en un territorio determinado.

-          La circunscripción única es más proporcional que la circunscripción provincial utilizada en el régimen electoral de España para las elecciones generales. Un Congreso con 300 ó 400 escaños también sería más proporcional utilizando en ambos casos la circunscripción única.

-          La proporcionalidad de la circunscripción autonómica apenas se diferencia de la circunscripción provincial.

-          Una de las causas de la desproporcionalidad es el elevado número de circunscripciones pequeñas. Sesgo mayoritario.

-          La proporcionalidad aumenta conforme aumenta el tamaño de la circunscripción -recuerden que el tamaño de una circunscripción no tiene que ver con el número de habitantes, sino con el número de escaños asignados-.

-          Otra de las causas de la desproporcionalidad es el prorrateo. Circunscripciones pequeñas sobrerrepresentadas y circunscripciones grandes infrarrepresentadas.

-          La derecha obtiene una ventaja mayor respecto a su competidor cuando gana las elecciones que cuando lo hace la izquierda. Sesgo conservador. 


Disponible en PDF

domingo, 10 de enero de 2016

Descontento político y desafección política: ¿son lo mismo?

A menudo suelo oír hablar de descontento político y desafección política en los mismos términos, como si hablaran de lo mismo, sin diferenciar un término del otro.

¿Están en lo cierto o están equivocados? ¿Hay diferencias entre el descontento político y la desafección hacia la política? Para contestar estas preguntas, analizaré lo que es cada término, por qué se caracterizan y lo que la evidencia empírica nos dice de cada uno.

Descontento político

Es la insatisfacción por los rendimientos negativos de un régimen político (de sus dirigentes) ante la incapacidad para resolver problemas (que la gente cree) básicos. Es una cierta frustración que surge de comparar lo que uno tiene y lo que cree que debería tener. El descontento no suele afectar a la legitimidad democrática (nivel de apoyo a la democracia como sistema político preferido), que sigue alta incluso entre quienes están sufriendo en mayor medida las consecuencias de una crisis económica, como explica el politólogo José Ramón Montero.

El descontento, por lo tanto, es algo coyuntural y suele ir unido a una etapa de crisis económica o política, por lo que puede mejorar cuando se producen cambios electorales o mejoras en el ámbito económico.

Como ejemplos de descontento político podemos observar algunos indicadores políticos, como la confianza en el sistema Gobierno/oposición o el indicador de confianza política y expectativas (CIS), entre otros.



Nos damos cuenta que ambos indicadores tienen más o menos el mismo comportamiento: se mantienen sin grandes variaciones durante los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI; con el cambio de partido en el Gobierno de España ocurrido en 2004 se produce una mejoría de la opinión política; cae bastante con el comienzo de la crisis y los años más duros de ésta; y, por último, comienza a repuntar en los años 2014 y 2015, consecuencia de una leve mejoría en la crisis económica.

Desafección política

Por su parte, la desafección política se expresa a través de un cierto desapego o alejamiento de los ciudadanos con respecto al sistema político. Suele medirse por el desinterés hacia la política, las percepciones de ineficacia personal ante la política y los políticos y los sentimientos combinados de impotencia, indiferencia y aburrimiento hacia la política. Los síntomas que más se caracterizan con la desafección política son los siguientes: el desinterés, la ineficacia, la disconformidad, la desconfianza, el distanciamiento, la impotencia, la frustración, el rechazo o la hostilidad.

La desafección política es más estructural que el descontento (tiende a ser estable), por lo que puede aparecer antes de cualquier crisis y no mejora con cambios electorales o mejoras económicas.

Si analizamos el interés (o la preocupación) por la política en los primeros años del régimen democrático, los datos españoles indican la existencia de una clara desafección que, además, se ha mantenido relativamente estable a lo largo del tiempo.


Según la Encuesta Social Europea, España ha sido desde hace décadas el país con menos interés por la política de todos los europeos. Como explica el sociólogo Mariano Torcal, el nivel de desafección política tiene que ver con el pasado político de las sociedades. En este sentido, el pasado dictatorial español se refleja en una concepción negativa de lo político y de los mecanismos de representación política. Como muestra de ello, entre las personas que menos interés han mostrado por la política en España durante los primeros años post-dictadura destacan las de más edad.


Observamos en ambos gráficos como la desafección se mantiene más o menos estable, aunque dentro de cada grupo de edad sí que se producen variaciones significativas, como ocurre en el primer grupo de edad (18-21 años), el cual era el grupo que más interés tenía en la política en los años 80 y tan solo en una década cayó 22 puntos porcentuales.

Ocurre lo contrario con los grupos de más edad (30-64 y 65+), los cuales estaban menos interesados por la política (mayor desafección) en los primeros años de la democracia y han ido aumentando su interés paulatinamente.

En general, el interés por la política (y por tanto la desafección) se ha mantenido estable entre los 25-30 puntos de la Transición y los 30 puntos del año 2005.

Para observar de otro modo la desafección política existente en España en los últimos años, podemos analizar algunas cuestiones del CIS como “qué importancia tiene la política en la vida de las personas”. Los resultados del CIS no arrojan grandes cambios en esta cuestión, siempre se ha mantenido más o menos estable entre el 3 y el 4 (en una puntuación en la que 0 es “nada importante” y 10 “muy importante”). Asimismo, la importancia de la política es la más baja de las opciones que se dan (junto a la religión), siendo siempre superada por otras opciones como la familia, el trabajo, los amigos y el tiempo libre.

Por tanto, podemos decir que la desafección política en España se ha mantenido más o menos estable desde la Transición (con variedades según el grupo de edad), confirmando que estamos ante un fenómeno estructural, a diferencia del descontento, que es coyuntural y varía en función de diferentes factores, tanto económicos como políticos, como he explicado antes. Cada fenómeno tiene sus propias características y han ido mostrándose de diferentes formas a lo largo de los años, por lo que podemos decir con toda tranquilidad que el descontento político y la desafección política no son lo mismo.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Resultados del 20-D y posibilidades de investidura

El día clave al que muchos hacían referencia llegó y no dejó a nadie indiferente, sin duda. Una jornada electoral sin apenas sobresaltos, con una participación que iba de la mano de los datos de hace 4 años, que hacía entrever que el PP ganaría -como ya mostraban todas las encuestas-, pero con muchas dudas sobre los resultados de los demás partidos. 

El PP ha ganado las "elecciones" generales. Pero solo porque ha conseguido más escaños que los demás, ya que la sensación es de un partido que sigue sin encontrar la tecla con los millones de votos que ha ido perdiendo a lo largo de este 2015 electoral -5 han sido los comicios en este año: Andalucía, municipales y autonómicas de mayo, Cataluña y generales de diciembre-. La candidatura encabezada por Mariano Rajoy se ha dejado 3.6 millones de votos -10.8 millones en 2011 frente a 7.2 en 2015- y 63 diputados con respecto a las generales de 2011. Sin duda, las constantes traiciones al programa electoral presentado en las anteriores "elecciones" generales le han pasado factura al todavía actual Presidente del Gobierno de España. Es el peor resultado del PP desde 1989. 

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez
El PSOE ha conseguido su peor resultado en la era democrática. Nunca habían conseguido menos de 100 escaños. Y pese a estos datos, los simpatizantes socialistas recibían en la calle Ferraz a Pedro Sánchez al grito de "presidente, presidente". Bochornoso. Y aún siendo el peor resultado de su historia, tendría opciones de gobernar y echar al Partido Popular del Ejecutivo nacional. "Bendita democracia".

Pese a que la mayoría de las encuestas daban el tercer lugar a Ciudadanos, al final ha sido Podemos quien ha alcanzado esa posición, con 69 diputados, sumando las distintas coaliciones, como En Comú Podemos o Compromís. Sin duda son los verdaderos ganadores de estas elecciones. 

Por su parte, el peor parado en esta cita electoral ha sido Ciudadanos. Aspiraban incluso a quedar como segunda fuerza electoral, pero a última hora Podemos les ha adelantado y solo han conseguido 40 escaños -las encuestas menos favorables no bajaban de 50-. Las encuestas siguen fallando, como vemos en este caso. La imagen de Albert Rivera en el debate a cuatro celebrado el pasado 7 de diciembre ha podido pasar factura. La indefinición en momentos puntuales, también.

La composición del Congreso de los Diputados, por tanto, es la siguiente:


Un Parlamento multipartidista, que sigue la tendencia de las últimas legislaturas, donde PP y PSOE han ido perdiendo votos en conjunto a favor de otras opciones políticas emergentes. 

Una vez que se ha votado para la composición del Congreso, que es lo que se votaba este domingo-junto a la composición del Senado, que seguirá en manos del PP por mayoría absoluta-, toca ver las posibilidades de investidura para formar Gobierno. En un régimen parlamentario es el Parlamento -en el caso español, el Congreso de los Diputados- quien otorga su confianza a un candidato a la presidencia del Gobierno

Es el Rey quien propone el candidato que se somete a la primera sesión de investidura después de consultar “con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria”, como indica el artículo 99 de la Constitución. Ni la Constitución ni el reglamento del Congreso establecen que el Rey deba proponer al candidato de la lista más votada. Pero así ha sido en cada elección desde 1977, por lo que todo parece indicar que S.M el Rey Felipe VI propondrá a Mariano Rajoy.

A partir de aquí, 5 situaciones posibles:

1) Una primera votación, en la que el candidato propuesto debe alcanzar la mayoría absoluta (176 votos). La única opción de Rajoy es formar una gran coalición con el PSOE. Sin ese acuerdo, es imposible que el líder popular lograra 176 votos a favor. Ni siquiera si los diputados de Ciudadanos, Coalición Canaria y PNV votaran a favor de su designación. 

2) Si no se alcanzara la mayoría absoluta, se celebraría una segunda votación en la que sería necesaria la mayoría simple -más SÍ que NO- para investir al candidato propuesto. Rajoy conseguiría ser investido con los votos a favor del PP y la abstención del PSOE y Ciudadanos. 

3) Si PSOE o Ciudadanos votaran en contra y no se alcanzara tampoco la mayoría simple, el jefe del Estado debe proponer a otro candidato después de una segunda ronda de contactos con los partidos políticos. Lo lógico es que el segundo candidato propuesto fuera Pedro Sánchez. Se necesita una mayoría simple en la tercera votación -la primera con el nuevo candidato-. La mayoría simple del PSOE sería suficiente con los votos a favor de Podemos y la abstención del resto menos el PP, o con los votos a favor de Ciudadanos y la abstención de Podemos y dos partidos nacionalistas con más escaños, como ERC, DyL o PNV.

4) El Rey no tiene porqué proponer a un diputado o a un candidato a la presidencia del Gobierno. La ley lo contempla así: el candidato a la presidencia del Gobierno deberá tener pasaporte español, ser mayor de edad y no estar inhabilitado para ejercer un cargo público por una sentencia judicial firme. Se podrían barajar nombres importantes dentro del PP y del PSOE. Sería algo totalmente novedoso. 

5) Si dos meses después de la primera votación de investidura ningún candidato hubiera logrado la confianza del Congreso, el Rey debe disolver las cámaras y convocar nuevas "elecciones" que se celebrarían antes del verano de 2016. 

Por tanto, estas son las posibilidades que hay a partir de ahora, después de conocer los resultados del 20-D. Habrá que esperar a ver quien nombra el Rey como candidato a la presidencia del Gobierno y si éste consigue ser investido como tal. Si no, debemos prepararnos para unas nuevas "elecciones" generales en 2016. Y decíamos que se había acabado el año electoral...

sábado, 19 de diciembre de 2015

¿Qué se vota el 20-D?

Se acerca el 20 de diciembre, fecha en la que están fijadas las próximas elecciones generales (a mí me gusta llamarlas “votaciones generales”, pues realmente los votantes no eligen nada o casi nada). Y a pocos días de las que, según algunos, serán las “elecciones más importantes de nuestra historia reciente”, querría explicar qué se vota el domingo en España.

España es una Monarquía parlamentaria, es decir, el poder reside en las Cortes Generales (Congreso de los Diputados y Senado). Las Cortes elaboran las leyes y proponen al Presidente del Gobierno, por lo que el Poder Ejecutivo emana del Poder Legislativo, a diferencia de cualquier sistema político presidencialista, en el cual ambos poderes están bien limitados y separados.

El 20 de diciembre están convocadas elecciones generales a las Cortes Generales, por tanto se votará para componer el Congreso y el Senado, y no para elegir el Presidente del Gobierno de la XI Legislatura, cuya elección está en manos del propio Congreso una vez quede formado. Es una confusión muy común. En las elecciones generales españolas no votamos al Presidente del Gobierno, sino al partido que queremos nos “represente” en el Congreso de los Diputados y en el Senado.

El Congreso de los Diputados está compuesto por 350 diputados, los cuales son elegidos mediante circunscripciones. España cuenta con un total de 52 circunscripciones, que se corresponden con las 50 provincias del país, más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, como recogen los artículos 68 y 69 de la Constitución Española.


El reparto de estos 350 diputados se efectúa otorgando de inicio a cada provincia un mínimo de dos diputados y uno a cada ciudad autónoma -en total, 102-. Los otros 248 se reparten de manera proporcional teniendo en cuenta la población de cada circunscripción. Los 350 diputados totales son repartidos de la siguiente manera:

Circunscripción electoral
Diputados
Madrid
36
Barcelona
31
Valencia
15
Alicante y Sevilla
12
Málaga
11
Murcia
10
Cádiz
9
Asturias, Baleares, La Coruña, Las Palmas y Vizcaya
8
Granada, Pontevedra, S.C de Tenerife y Zaragoza
7
Almería, Badajoz, Córdoba, Gerona, Guipúzcoa, Tarragona y Toledo
6
Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Huelva, Jaén, León, Navarra y Valladolid
5
Álava, Albacete, Burgos, Cáceres, Lérida, Lugo, Orense, La Rioja y Salamanca
4
Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel y Zamora
3
Soria
2
Ceuta y Melilla
1

El reparto del Senado es diferente. En cada provincia se eligen cuatro senadores. No obstante, en las provincias insulares, cada isla o agrupación de ellas constituye una circunscripción a efectos de elección, correspondiendo elegir tres senadores a cada una de las islas mayores (Gran Canaria, Mallorca y Tenerife) y uno a cada una de las restantes islas (Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, Gomera, Hierro, Lanzarote y La Palma). Las poblaciones de Ceuta y Melilla eligen cada una de ellas dos senadores. En total son elegidos 208 senadores (aunque son 266 senadores en total).

Una vez concluyen las votaciones, en cada circunscripción se realiza el reparto de escaños de manera independiente aplicando el Sistema D’Hondt. Este sistema pertenece a las fórmulas de la media más elevada, que consisten en dividir el número de votos que ha obtenido cada partido político por la correspondiente serie sucesiva de números, hasta alcanzar la cifra de escaños asignados a la circunscripción. En el Sistema D’Hondt se utiliza la serie de números naturales.

Ejemplo à Imaginemos unas elecciones a las que se presentan cinco partidos, entre los que deben repartirse siete escaños, obteniendo cada uno de ellos el siguiente número de votos:


Partido A
Partido B
Partido C
Partido D
Partido E
Votos
340.000
280.000
160.000
60.000
15.000

El reparto de escaños se produce de la siguiente manera (se divide el número de votos por el escaño al que aspira el partido):


Partido A
Partido B
Partido C
Partido D
Partido E
Escaño 1
340.000/1= 340.000
280.000/1= 280.000
160.000/1= 160.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 2
340.000/2= 170.000
280.000/1= 280.000
160.000/1= 160.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 3
340.000/2= 170.000
280.000/2= 140.000
160.000/1= 160.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 4
340.000/3= 113.333
280.000/2= 140.000
160.000/1= 160.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 5
340.000/3= 113.333
280.000/2= 140.000
160.000/2= 80.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 6
340.000/3= 113.333
280.000/3= 93.333
160.000/2= 80.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Escaño 7
340.000/4= 85.000
280.000/3= 93.333
160.000/2= 80.000
60.000/1= 60.000
15.000/1= 15.000
Total de cargos electos
3
3
1
0
0

En estas elecciones, el Partido A conseguiría 3 escaños, al igual que el Partido B. Por su parte, el Partido C lograría 1, mientras que el Partido D y el Partido E no conseguirían ningún escaño.

Por tanto, a modo de resumen, podemos decir que el próximo domingo, el 20-D:

-            Se vota para la composición de la Cortes Generales: Congreso de los Diputados y Senado.

-          NO se vota para elegir al Presidente del Gobierno. Éste es elegido por el Congreso de los Diputados una vez se haya formado.

-   La circunscripción electoral en España, en las elecciones generales, es la provincia. Cada circunscripción tiene diferentes diputados y senadores asignados.

-            El método utilizado para asignar los escaños es el Sistema D’Hondt.

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Qué diferencias existen entre el voto en blanco, el voto nulo y la abstención?

pocos días del 20-D, de las que algunos dicen serán “las elecciones más importantes de la historia de España”, no está de más preguntarse cuáles son las modalidades de participación electoral o expresión política en unas elecciones y de qué manera influyen en el resultado final. Dichas modalidades son el voto en blanco, el voto nulo y la abstención.

Voto en blanco

Según el artículo 96.5 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG), se considera voto en blanco, pero válido, “el sobre que no contenga papeleta y, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos”.
Al tratarse de un voto válido se tiene en cuenta a la hora de realizar el recuento de votos. En las elecciones generales de España se utiliza la “regla del 3%”, es decir, en cada circunscripción se tendrán en cuenta aquellas formaciones que superen dicho porcentaje de votos válidos a la hora de realizar el reparto correspondiente mediante la Ley d’Hondt (Artículo 169 de la LOREG). Aunque es cierto que esta regla no suele suponer un gran perjuicio a los partidos minoritarios, si acaso en las circunscripciones donde más escaños se reparten -véase Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante o Sevilla-, ya que en las circunscripciones pequeñas es meramente imposible obtener un escaño con un porcentaje de votos del 3%.

Voto nulo
Es nulo el voto emitido en sobre o papeleta diferente del modelo oficial, así como el emitido en papeleta sin sobre o en sobre que contenga más de una papeleta de distinta candidatura. En el supuesto de contener más de una papeleta de la misma candidatura, se computará como un solo voto válido. Serán también nulos en todos los procesos electorales los votos emitidos en papeletas en las que se hubieren modificado, añadido o tachado nombres de candidatos comprendidos en ellas o alterado su orden de colocación, así como aquéllas en las que se hubiera introducido cualquier leyenda o expresión, o producido cualquier otra alteración de carácter voluntario o intencionado. (Artículos 96.1 y 96.2 de la LOREG).
A diferencia del voto en blanco, el voto nulo no cuenta como voto válido, por lo tanto no eleva la barrera de voto válido mínimo para obtener escaño. Por ese motivo algunas personas lo prefieren al voto en blanco como forma de emitir un voto de protesta que no dificulte el escaño a partidos minoritarios.


Abstención

La abstención es el simple hecho de no votar. En ciencia política se divide en dos tipos: la abstención activa (ideológica, política) y la abstención pasiva (sociológica).
La abstención política es la expresión de una determinada voluntad de rechazo del sistema político o de la convocatoria electoral en concreto (abstencionismo de rechazo) o bien de no identificación con ninguno de los líderes o los programas políticos en competencia electoral, convirtiéndose la abstención que podríamos denominar activa en un acto de desobediencia cívica o en la concreción de su insatisfacción política.
Por su parte, la abstención sociológica se relaciona más con la falta de interés en la política en general, o derivada del aislamiento geográfico o social del votante.
William H. Flanigan, profesor de la Universidad de Minnesota y autor del libro Political Behavior of the American Electorate, ha elaborado un gráfico en el que relaciona el nivel de interés político y el nivel de participación política en los siguientes términos:
  • Bajo interés – baja participación: abstencionismo por satisfacción que desemboca en un consenso tácito sobre las reglas del juego y sobre el sistema político y opera como factor de estabilidad.
  • Bajo interés – alta participación: abstencionismo prohibido, sancionándose a los que inmotivadamente no cumplen el deber de votar.
  • Alto interés – baja participación: abstencionismo de rechazo.
  • Alto interés – alta participación: sería el reflejo electoral del modelo ideal weberiano.
En todo caso, el sistema político democrático no pierde legitimidad con el descenso del nivel de participación, pues la abstención es admitida como forma de expresión política en la democracia, aun cuando su ideal es el participativo pleno de la totalidad de los ciudadanos.

La evidencia empírica nos dice que en España la participación electoral se ha mantenido más o menos estable desde las primeras elecciones democráticas, en 1977. Tal como podemos ver en el gráfico superior, no se ha producido ninguna variación significativa en el tiempo.
Pero sí se han producido algunas variaciones entre unas elecciones y otras. Es lo que conocemos como “elecciones de continuidad” y “elecciones de cambio”. Cuando los ciudadanos han percibido que las elecciones eran de continuidad, es decir, que lo más probable era que volviera a ganar el mismo partido (como ocurrió en 1979, 1986, 1989 y 2000), los niveles de participación han sido más bajos. Por el contrario, cuando los ciudadanos han percibido que las elecciones eran de cambio, es decir, que se produjera un cambio en el partido ganador, la participación ha aumentado.
Por tanto, y como resumen, debemos tener en cuenta lo siguiente:
  • El voto en blanco, aunque es voto válido, apenas impide que los partidos pequeños alcancen representación, salvo en las circunscripciones donde haya más escaños en juego.
  • No hay apenas diferencias entre voto nulo y abstención, salvo que el voto nulo es una protesta o insatisfacción que se pone de manifiesto mediante el voto y la abstención puede tener múltiples causas (no todos los abstencionistas tienen el mismo motivo para no ir a votar).
  • La participación electoral (y por tanto la abstención) varía dependiendo si los votantes perciben unas elecciones como un cambio o una continuidad.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Programa fiscal del Partido Libertario: libertad y sentido común

Se acercan unas nuevas votaciones generales (que no elecciones, pues solo votamos, no elegimos) y ya podemos ir sacando conclusiones de qué partido político nos puede gustar más o menos. Está claro que en la política española impera lo que se conoce como Consenso Socialdemócrata, explicado muy bien por Almudena Negro en una conferencia en el Instituto Juan de Mariana. ¿Pero todos los partidos están cómodos y contentos con dicho Consenso? No, ni muchos menos, hay partidos que aspiran a devolver a la sociedad civil todo lo que el Estado, por medio de políticos y burócratas, les ha arrebatado, como la educación, la sanidad, las pensiones, etc.

Uno de esos partidos es el Partido Libertario, más conocido como P-LIB, el cual defiende una amplia reducción de los ámbitos de actuación del Estado y una devolución de los sectores intervenidos a la sociedad civil. Al contrario que los partidos que encabezan las encuestas electorales, que apuestan por más Estado, más gasto, más impuestos, más estafa piramidal de las pensiones públicas, etc., en definitiva apuestan por más pensamiento único, esto es, más Consenso Socialdemócrata.
Logotipo del Partido Libertario
El programa fiscal del Partido Libertario es el único que me convence. Dicho programa, breve y sencillo de entender, defiende lo siguiente:
  • Abolición inmediata del Impuesto sobre Patrimonio.
  • Abolición inmediata del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.
  • Progresiva eliminación de los Impuestos Especiales. Los productos solo se gravarían con IVA.
  • Flat Tax del 10% en IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades.
  • Transición del modelo de reparto a un modelo de capitalización individual en las pensiones.
  • Eliminación de la cuota de autónomo.
  • Liberalización de la circulación de capitales.

Aplicando dichas propuestas no se perseguiría a los ricos por el hecho de serlo, como siempre proponen desde la izquierda. También podrías recibir la herencia de tus padres sin tener que pagar (otra vez) por el dinero o pago en especies que tú heredes. Pagarías por la gasolina o la luz lo que costara, y no lo que los políticos de turno quieran inflar el precio mediante subvenciones a las renovables, tasas y más impuestos. En la actualidad, el precio de la luz y la gasolina doblan su precio real.
Con estas propuestas, cada uno tendríamos nuestro plan de pensiones que quisiéramos, no el que no impongan desde arriba, como en la actualidad. Podríamos optar a pensiones económicamente más viables y sin estafas piramidales. También dejaríamos de pagar por ser autónomos, algo que deberían defender todos los partidos, pues pagar por trabajar no me parece lo más correcto, ni moralmente aceptable.
La reducción de IRPF, IVA y Sociedades planteada por el Partido Libertario nos daría opción de crear más riqueza, de tener más dinero disponible para poder ahorrar e invertir (o consumir más). Al contrario de lo que proponen otros partidos, no hace falta aumentar el gasto público ni dar subvenciones o rentas mínimas para que haya ahorro o consumo. El dinero está, pero no en las manos de la gente, sino de los poderes públicos. Muchos se han acostumbrado a eso, y no se debe permitir.
Juan Pina, presidente del P-LIB (i), Juan Ramón Rallo (c) y Vít Jedlicka (d) en un acto conjunto del P-LIB y la República Libre de Liberland

Por tanto, el programa fiscal del Partido Libertario se resume en menos Estado, más mercado y más acuerdos voluntarios entre individuos. La propaganda estatista ha triunfado en nuestro país, haciendo ver que necesitamos de un Estado grande, que controle todo, para que podamos vivir sin caer en el caos (cuando el caos es un Estado de tal dimensión).
Acabar con el Consenso Socialdemócrata sería un paso muy importante para recuperar cotas de libertad. Dar a conocer las propuestas liberales-libertarias es una opción que todos aquellos que queremos acabar con dicho Consenso deberíamos hacer. Si no lo hacemos nosotros, no lo hará nadie. Estoy seguro de que muchas personas están de acuerdo con las propuestas de este partido político, pero no lo conocen. Si quieren conocer más propuestas del Partido Libertario, las encontrarán aquí: 80 propuestas de Gobierno para el avance de la Libertad.