miércoles, 29 de marzo de 2017

De Podemos y la televisión pública

Hace unos días los diputados de Izquierda Unida, dentro del grupo parlamentario Unidos Podemos, presentaban en el Congreso una iniciativa parlamentaria para eliminar la emisión de la Misa de los domingos en La 2. Desde posiciones centrales del partido morado apoyan esta iniciativa, dado que la Misa “incita al odio hacia las mujeres o los homosexuales”, en palabras de Irene Montero, mano derecha del ‘Líder Supremo’ de Podemos.
El problema no es la emisión de la liturgia, sino el propio medio por el que se emite. Un partido como Podemos, que vive de la propaganda, desea una TV pública en sus manos. No es casualidad que Pablo Iglesias pidiera RTVE para formar un eventual gobierno junto al PSOE, encabezado por Pedro Sánchez: como ocurre en los regímenes políticos que Podemos envidia, así es más fácil adoctrinar, canalizar mentiras, crear mitos, moldear mentes a su antojo, controlar información y noticias y crear afines al movimiento político.
El problema no es que La 2 emita un espacio litúrgico para católicos (igual que emite un espacio para evangélicos, judíos y musulmanes), sino que exista un medio de comunicación de titularidad estatal. Desde Unidos Podemos achacan a la laicidad del Estado para decir que la televisión pública española no debe emitir dichos programas religiosos, pero no debemos dejarnos engañar: es puro laicismo anticatólico, o si quieren, antijudeo-cristiano. Son varias las ocasiones que desde Podemos y la extrema izquierda en general han felicitado, e incluso celebrado, el Ramadán. Por cierto, del islam no dicen nada del odio hacia la mujer y los homosexuales; de nuevo marxismo cultural, demostrando que solo les molesta y quieren eliminar todo lo que tiene que ver con la tradición religiosa occidental.
La televisión pública sobra. Si RTVE cerrase, otros canales como 13TV o Intereconomía, por ejemplo, emitirían la liturgia católica, sin necesidad de estar en manos de un medio público. Coincido con Podemos en que La 2 no debe emitir la Eucaristía, pero no por el acto religioso sino por el medio; y en eso no creo que coincidan desde Podemos conmigo. Ellos necesitan la TV pública para sus fines, como he dicho antes. Yo no.
No tiene sentido que en los tiempos actuales, en los que la información está más accesible que nunca y la comunicación llega a todas las capas de la población, sigan existiendo medios de comunicación públicos, ya sean nacionales o autonómicos. No solo sobra RTVE, también Telemadrid, TV3, las radios públicas, etc.

* Publicado en La Razón

domingo, 19 de marzo de 2017

Liberalismo y riqueza

La libertad económica es el camino que consigue mayor prosperidad para el mundo y así se ha demostrado a lo largo de estos últimos siglos, desde la Revolución Industrial y el comienzo del capitalismo. Los hay que confunden capitalismo y libertad económica con corrupción; así, dicen que mayor libertad económica se relaciona con mayor corrupción, cuando es lo contrario: a mayor libertad económica, generalmente menor (percepción de) corrupción.
Los hay que también relacionan la libertad económica con la devoción por el dinero, relacionando dicha devoción con el capitalismo «salvaje» y el «neoliberalismo» y la ‘falacia de la economía como juego de suma cero’, achacando la riqueza de unos con esa devoción por el dinero, por lo cual empobrecen a otros. Con esto, mienten cuando dicen que mayor libertad económica es mayor pobreza, o dicho de otro modo, mayor libertad económica es mayor riqueza, pero solo para unos cuántos, a los que llaman la élite o «los menos». La realidad es bien diferente: aquellos países con mayor libertad económica gozan de mayor riqueza para todas las capas de su población. Y es la libertad económica, junto a la globalización, la que está eliminando la pobreza extrema en el mundo.
Fue el sociólogo alemán Franz Oppenheimer quien habló de los ‘medios económicos’ y los ‘medios políticos’ como caminos para acumular riqueza. Para Oppenheimer, los medios económicos son “el intercambio del trabajo de una persona por el trabajo de otra”; es decir, son voluntarios y pacíficos. Es la riqueza que proviene del comercio, del intercambio voluntario entre individuos, de servir en un mercado libre. En frente están los medios políticos, que son “la indebida apropiación del trabajo de los demás”; es decir, se trata de medios coactivos, del uso de la fuerza, el robo, el saqueo y la corrupción.
El liberalismo solo considera moral a los medios económicos. Como he dicho anteriormente, muchos relacionan capitalismo y libertad económica con corrupción y riqueza per se. Nada más lejos de la realidad. Cualquier liberal aboga por el uso de los medios económicos: acumular riqueza sirviendo a los demás mediante el mercado libre y el comercio. Sin servir a los demás solo se puede acumular riqueza de una forma antiliberal: utilizando la fuerza y la violencia, utilizando los medios políticos.
Es por ello que el capitalismo de libre mercado, el cual yo defiendo, no defiende la empresa privada per se. Defiende la empresa privada dentro de un marco institucional de libertad económica y competencia; es decir, en términos de Oppenheimer, defiende los medios económicos en contraposición de los medios políticos.

* Publicado en La Razón

miércoles, 15 de marzo de 2017

La libertad económica funciona, también en las CCAA

Son algunas las ocasiones en las que he escrito sobre los beneficios de la libertad económica. Tanto a nivel global, como continental o nacional. La apertura económica beneficia a la población con mayor renta per cápita, mejores estándares de vida, menor pobreza, menor corrupción en las administraciones públicas, etc.
En esta ocasión, y tomando como referencia un capítulo del libro de Diego Sánchez de la Cruz, Por qué soy liberal (Deusto, 2017), hablaré de lo beneficioso de la libertad económica dentro de España. Según cual sea el grado de libertad económica, hay mejores o peores estándares de vida en las CCAA, igual que ocurre a modo de comparación entre países y continentes.
En el capítulo que analiza este aspecto, Sánchez de la Cruz toma como referencia tres grupos en los que agrupa a las diferentes CCAA, según su grado de libertad económica. Así, distingue entre RLR 1, 2 y 3 (donde RLR significa ‘Ránking de Liberalización Regional’). En el grupo 1 están las autonomías con una mayor liberalización: Comunidad de Madrid (única que supera los 90 puntos), Islas Baleares, País Vasco y Navarra. El grupo 2 está integrado por las autonomías de grado medio en liberalización regional: Cataluña, Cantabria, Región de Murcia, Galicia, Aragón, La Rioja, Asturias, Comunidad Valenciana e Islas Canarias. Por último, en el grupo 3 del RLR están las autonomías con economías más controladas e intervenidas, que son: Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Andalucía.

Así pues, Diego Sánchez de la Cruz mide diferentes características en función del grupo RLR. En este artículo he querido poner solo las más relevantes: PIB per cápita, tasa de paro, esfuerzo fiscal, riesgo de pobreza y desigualdad.
Una diferencia de 10.000 € entre las comunidades más libres y las menos libres. Una gran brecha que solo se puede superar imitando al grupo 1 y liberalizando la economía, como también ocurre a nivel nacional e internacional. Los países con mayor libertad economía gozan de mucha más renta per cápita que aquellas economías intervenidas.
España, por desgracia, es un país que goza de un paro estructural bastante alto. Eso hace que ni siquiera en las regiones más abiertas haya una tasa de paro por debajo del 10%. Aun así, lideran la creación de empleo y son los que menos paro tienen. Nuevamente hay una forma escalonada según vamos de más libertad económica (menos paro) a menos libertad económica (más paro). Este fenómeno también ocurre a nivel nacional e internacional, ya que suelen ser los países con mercados laborales más abiertos (sin restricciones a la contratación, generalmente sin salario mínimo, etc.) los que suelen gozar de tasas de paro menores, y además, de salarios más altos.
Para clasificar el esfuerzo fiscal se utiliza el índice de Frank, el cual se consigue dividiendo la presión fiscal entre el PIB per cápita (en cada autonomía). Se puede ver cómo hay más de 10 puntos de diferencia entre el grupo 1 y el grupo 3, es decir, los habitantes de las CCAA con mayor libertad económica soportan menor proporción de impuestos que aquellos que viven en CCAA con economías más controladas.
Las autonomías con economías más libres tienen una tasa de riesgo de pobreza menor. Hoy en día, los ‘apocalípticos’ de la pobreza en España sugieren constantemente que hay que intervenir la economía para acabar con ella, aunque muchas veces confunden riesgo de pobreza con pobreza directamente. Así, se escucha en algunos medios de comunicación que en España “hay 15 millones de pobres”. Una barbaridad que no es cierta.
La realidad demuestra todo lo contrario. Para intentar acabar con el riesgo de pobreza y que sea más difícil acabar cayendo en ella, hay que liberalizar la economía. Esto es algo que ocurre también a nivel global. Son los países con economías más libres y abiertas quienes soportan menor nivel de pobreza, e incluso una pobreza menos severa. Liberalicemos la economía en las CCAA para reducir la pobreza y el riesgo de caer en ella.
Se suele escuchar que el capitalismo y la economía de mercado son el sistema económico que mayor desigualdad genera. Aunque hablar de desigualdad daría para un artículo aparte, he de decir que muchos confunden desigualdad con pobreza, dando a la primera la connotación negativa de la segunda, cuando no es así.
Por otro lado, como se puede observar en el gráfico anterior, las CCAA con mayor libertad económica son (oh, sorpresa) más igualitarias que aquellas con economías más reguladas (recuerdo que el índice Gini mide la desigualdad siendo 0 “máxima igualdad” y 100 “máxima desigualdad”).
Esto es algo que nunca se oye en los medios de comunicación. Ni a los igualitaristas, porque no les interesa. Quieren vender que la economía de libre mercado genera desigualdades y que la desigualdad es mala, cuando es mentira. Necesitan crear esclavos de una economía dirigida, aunque eso lleve consigo mayor desigualdad. En España, la libertad económica combate la desigualdad mejor que cualquier política de empleo y redistribución de la renta.
La libertad económica funciona, también dentro de España en las CCAA. Si se quiere prosperidad, hay que seguir el camino del grupo 1 del RLR. Si se quiere paro, pobreza y mayor esfuerzo fiscal, es aconsejable seguir el camino del grupo 3. Las autonomías con mayor libertad económica nos muestran el camino. Junto a estas categorías, Diego Sánchez de la Cruz muestra en su libro (que recomiendo leer) algunas más, como el gasto público, índice de progreso social, creación de empresas, economía sumergida, informe PISA, etc. Siempre sale mejor posicionado el grupo 1, el de las autonomías con mayor libertad económica. No es casualidad, es que la libertad económica funciona. He hablado muchas veces de ello y se ha demostrado en infinidad de ocasiones. En España, en función de la libertad económica de las CCAA, se puede demostrar que también.

viernes, 3 de marzo de 2017

PSOE = paro

Hace unos días se celebró en Madrid el Foro Económico del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En él, varios dirigentes y asesores hablaron de las vías que tiene por delante el partido, y otros optaron por repasar los supuestos logros de los gobiernos socialistas. Me quedo con dos intervenciones, la de Mario Jiménez, actual portavoz parlamentario, y la de José Carlos Díez, economista y principal asesor económico del partido en la actualidad. El portavoz parlamentario dijo que “nunca ha avanzado más nuestro país, desde un punto de vista económico, que con gobiernos socialistas”. Díez, por su parte, apeló al honor y orgullo de ser socialista, “porque nuestros gobiernos han creado empleo y bienestar”.
Está claro que el Foro Económico tenía por meta alzar la autoestima de los socialistas. Y para ello, en un partido en decadencia, solo se puede utilizar la mentira, ya que diciendo la verdad queda una imagen bastante pobre de la gestión económica de los gobiernos de Felipe González y Zapatero.
La última EPA antes de la victoria de González en octubre de 1982 mostraba 2.187.500 de parados (la tasa de paro era del 15.93%). Eso fue lo que se encontró el primero Ejecutivo socialista. Ya en 1996, año del relevo gubernamental, había 3.710.400 parados (22.76%). En 14 años de gobierno socialista el número de parados aumentó en más de 1.5 millones de personas y la tasa de paro hizo lo mismo en casi 7 puntos porcentuales, manteniéndose siempre por encima del 16% durante todas las legislaturas de Felipe González. Esto fue lo que heredó José María Aznar.
Por su parte, Zapatero heredó del gobierno popular, en 2004, 2.309.800 parados (11.5%). En 8 años de ‘era Aznar’ el paro cayó en 1.4 millones de personas (casi todo lo que había aumentado en la ‘era González’). Y vuelta a lo mismo: gobierno socialista, aumento del paro. Cuando Rajoy llega a la Moncloa, el número de parados ascendía a 5.287.300 (22.56%), prueba de la nefasta gestión económica (recesión y crisis económica incluida) de los dos gobiernos socialistas encabezados por Rodríguez Zapatero.
Por tanto, decir que bajo gobiernos socialistas se ha avanzado más en materia económica y que se ha creado empleo, es faltar a la verdad. Es una broma sin gracia. Es tomar por tonto al personal y toda una declaración de intenciones de este PSOE: cero autocrítica de sus anteriores gobiernos y seguir por el mismo camino sin importar los resultados.
En definitiva, las declaraciones de Mario Jiménez y José Carlos Díez, entre otros, son una prueba más de quienes utilizan la mentira como arma política (leyendo a Maquiavelo, entre otros, se entiende esto), la demagogia (que no populismo) y la propaganda para alcanzar sus metas.

* Publicado en La Razón

viernes, 17 de febrero de 2017

La tranquilidad de Mariano Rajoy

Hace unos días se celebró el 18º Congreso Nacional del Partido Popular. En él, se reforzó la figura de Mariano Rajoy al frente del partido. Se consiguió el objetivo perseguido, que no era otro que dar una imagen hacia el exterior de unidad en torno al ‘jefe’ de filas.
Por el contrario, PSOE y Podemos no pueden decir lo mismo. Los socialistas siguen inmersos en una lucha entre dos bandos (que son tres, o no: quién sabe si la candidatura de Patxi Díaz es un bis de la de Pedro Sánchez en su lucha contra Susana Díaz). Un partido dividido y desgastado por esa batalla interna, mientras hace las veces de oposición al Gobierno.
Por su parte, Podemos ha celebrado también hace unos días su congreso, el famoso ‘Vistalegre II’, en el cual Pablo Iglesias ha reafirmado su liderazgo. La mejor noticia para el PP. Han vencido las tesis radicales, las de seguir en el camino de la extrema izquierda (tampoco Errejón las iba a abandonar, pero sí disfrazarlas de ‘transversalidad’ para poder aspirar a más votantes). Desde Génova y Moncloa podrán seguir con su estrategia del miedo hacia la extrema izquierda. Vistalegre, por tanto, parece que no cambia nada. Ha ganado Pablo Iglesias, pero seguirá la división y, ahora puede que sí, la purga contra los anti-Iglesias, que no son pocos en la formación morada.
Así pues, con un PSOE dividido y sin secretario general y un Podemos que puede centrarse más en allanar más el camino de Pablo Iglesias (a la vez que ambos se desgastan como oposición de un parlamento con gobierno en minoría), hace que la tranquilidad llegue a Mariano Rajoy, que ve como sigue al frente del Gobierno y al frente del Partido Popular, proyectando lo que no hay en los partidos perseguidores: unidad.
Si miramos el conjunto de encuestas que se publican sobre estimación de voto, vemos cómo el PP es el partido que consigue más porcentaje de voto que en las elecciones de junio (1.8%). Por su parte, Podemos solo lograría 3 décimas más, las mismas que pierde Ciudadanos. El PSOE, que cayó a la tercera posición, parece que se recupera en las últimas semanas, incluso recuperando la segunda posición en algunas encuestas, pero respecto a junio seguiría perdiendo casi 2 puntos porcentuales.
Por lo tanto, Mariano Rajoy sigue tranquilo. Ahora mismo, parece que ningún partido haría frente al PP en unas elecciones generales y parece tener todo controlado en su partido, mientras PSOE y Podemos siguen con sus batallas internas. El gallego siempre ha demostrado saber controlar los tiempos. En esta ocasión, también.

* Publicado en La Razón

lunes, 6 de febrero de 2017

Sobre programas electorales

Como no puede ser de otra manera cuando Donald J. Trump está de por medio, un caluroso debate está teniendo lugar estos días sobre las recientes órdenes ejecutivas, en base al cumplimiento del programa electoral del que fuera candidato republicano una vez ha tomado posesión de su cargo como 45º Presidente de los Estados Unidos de América. Muchos lo defienden, diciendo que hay que cumplir el programa electoral ante todo. Es la visión confundida de un programa electoral como una especie de contrato con los -potenciales- votantes.
Pero un programa electoral no es un contrato. No lo es porque no hay una negociación previa entre partes, no hay obligación mediante firma de ningún tipo. Por otra parte, como comentaba un día con un amigo politólogo, un programa electoral está hecho para captar votantes, pero cuando alcanzas el gobierno, eres el presidente de todo el país, no solo de tus electores, y guste más o menos, en política entran en juego lo que se conocen como ‘stakeholders’ o grupos de interés, como pueden ser lobbies, agentes políticos y sociales; en definitiva, otros sectores de la población que, en demasiadas ocasiones, marcan la agenda política.
Por otro lado, un programa electoral está sujeto a posibles restricciones. Una es la del tipo de sistema político: no es lo mismo aplicar un programa electoral en un sistema presidencialista que en uno parlamentario, mucho menos si es en minoría.
Otra restricción es la que tiene que ver con el Estado de Derecho. Un programa electoral aguanta todo, como el papel en el que se expone. Pero no por ello todo lo que en él se encuentra escrito puede ser llevado a cabo. Existen instituciones que cortan, precisamente, las ansias de poder autoritario de algunas figuras políticas, mediante la división de poderes, por ejemplo. El Poder Judicial sirve de contrapeso del Ejecutivo y Legislativo. De ahí que surgiera como institución contramayoritaria, las cuales sirven precisamente para proteger las libertades de las minorías. Al igual que si un presidente adoptase posturas que pudieran llegar a traspasar la frontera de la Ley.
Por tanto, los que toman un programa electoral como algo de obligado cumplimiento pueden seguir en su fantasía, pero nada tiene que ver con la realidad. Ahora bien, esto tampoco evoca a que un gobierno incumpla todo el programa, como ha ocurrido en algunas ocasiones. En esto también hay un término medio.
Pues bien, si Trump excede la Constitución estadounidense con alguna de sus órdenes ejecutivas, o por otro lado, se salta el procedimiento y las competencias del Congreso, deberá ser parado por la división de poderes. Y ahí es donde veremos hasta dónde es capaz de llegar, si respeta las reglas del juego, o como populista que es, cree que encarna la voluntad del Pueblo y culpa al no-Pueblo de todos los males de EEUU.

jueves, 26 de enero de 2017

Por qué apoyo a Israel

Es un tema que siempre está encima de la mesa. O estás con Israel o estás en su contra, no conozco ningún caso en el que Israel no suscite amor u odio. Yo, claramente, estoy en el primero. Me gusta Israel. Apoyo a Israel. ¿Por qué? 3 motivos me hacen imposible no apoyarle y sentirme identificado con sus valores.
El primero de ellos es que Israel es la única democracia de Oriente Medio. Según el índice sobre democracia que hace la Unidad de Inteligencia de The Economist, Israel tiene una puntuación de 7.77 sobre 10 (ocupando la posición 34 sobre el total). Entra en la categoría de “democracia defectuosa”, pero esto no indica que no sea democracia, sino que tiene pequeñas taras -como puede ser una cultura política subdesarrollada o problemas de gobernanza- que al corregirlas le permitirían entrar en la categoría “democracia plena”. El resto de países de esta zona geográfica son considerados “autoritarios” o “regímenes híbridos”. Solo Turquía consigue aprobar (5.12), mientras el resto suspende. Líbano ocupa el puesto 102 con una puntuación de 4.9, Palestina (110/4.6), Irak (115/4.1), Jordania (120/3.9) Kuwait (121/3.85), Qatar (134/3.2), Emiratos Árabes Unidos (148/2.75), Irán (156/2.2) y Siria (166/1.4) demuestran lo dicho anteriormente: Israel es la única democracia de Oriente Medio. Del resto de Oriente (Asia) solo le superan Corea del Sur, Japón y Taiwán.
El segundo motivo sigue en esta dirección. Israel es el país más avanzado de Oriente Medio en términos de libertades civiles y políticas y libertad económica. Echando un vistazo al mapa de libertades que realiza cada año Freedom House se ve claramente como Israel es el único país de Oriente Medio calificado como “libre”, con una puntuación de 80 sobre 100. Del resto, solo Turquía consigue aprobar (53 sobre 100). El resto consigue puntuaciones muy bajas en libertades civiles y políticas. En cuanto a libertad económica, más de lo mismo. Israel ocupa, según el informe de The Heritage Foundation de 2016, la posición global 35 con una puntuación de 70.7 sobre 100. Por delante incluso de España. Respecto a Oriente Medio hay algunos países por delante de Israel, como es el caso de Bahrain, Qatar y EAU, quienes solo destacan en este tipo de libertad mientras dejan de lado las libertades civiles.
El tercer motivo es que Israel representa la civilización occidental en una zona donde se imponen otros valores, especialmente rodeado de países islámicos. Mientras quienes quieren destruir a Israel (Hamás e islamistas en general, socialistas del tipo “Israel invasor”, etc.) representan la barbarie, destrucción y persecución al diferente, en Israel se practica todo lo contrario: tolerancia, respeto a cualquier creencia y religión, convivencia, etc. En definitiva, libertad y democracia.
Por estos motivos apoyo a Israel. Está claro que hay muchos que proclaman mitos y mentiras sobre él. Es por ello que hay que desmentirlos y mostrar la realidad. Los hay que quieren que gane la barbarie, destrucción y persecución; pero eso sería la destrucción occidental. Defendamos los valores occidentales, representados perfectamente por Israel.

miércoles, 18 de enero de 2017

¿Pobreza energética? Liberalicemos el mercado eléctrico

Si hay un tema que no deja de aparecer cada vez que llega el frío a España es el de la llamada ‘pobreza energética’, esto es, “cuando un hogar es incapaz de pagar una cantidad de servicios de la energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda” [1].
Sin duda alguna este es un tema propicio para la demagogia y las mentiras de muchos actores políticos y sociales de nuestro país. Desde la confusión de las causas hasta las recetas para intentar solucionar el problema.
Una de las falacias más extendidas a la hora de hablar del mercado eléctrico es que es un sector liberalizado; a la vez que se dice que estamos ante un oligopolio. Liberalizado en el sentido de que se puede elegir empresa eléctrica, comercializadora y distribuidora, pero realmente no estamos ante un sector liberalizado, puesto que el precio soporta altas cargas que no se corresponde con el precio de mercado, sino que tiene que ver con decisiones políticas, como son los impuestos y las subvenciones que inflan la factura.
Como bien señala @Absolutexe, de cada 100€ de facturación, apenas 45 son costes derivados de la electricidad, mientras que los 55 restantes son costes políticos, como indica el gráfico 1. Casualmente, los que más hablan de mercado “libre” y ‘pobreza energética’ suelen ser los que más callan del desglose de la factura de la luz.
Comprobar esto no es complicado. Solo hace falta coger una factura de la luz y observar la diferencia entre el precio de la electricidad (coste eléctrico) y el precio derivado de los costes políticos (impuestos, subvenciones, etc.). Por ejemplo, hace unos días vi una fotografía en una red social de una factura real de luz, cuyo desglose coincide con el gráfico 2.
Como se puede observar, más del 50% de la factura corresponden a impuestos y costes regulados, aquellos que no dependen del mercado eléctrico, sino al poder político, como bien indica su nombre: impuestos y regulación.
Continuamente tenemos que soportar la demagogia de actores políticos y sociales en nuestro país sobre esto, como he dicho antes. Así, muchos no dudan en echar la culpa de un precio alto a las compañías eléctricas. Y como no, piden más intervención. Pero la solución debería venir desde el otro lado: liberalizar de verdad el mercado eléctrico. Que se pague por lo que se consume. Que se puedan utilizar mecanismos de autoabastecimiento eléctrico, como placas solares. Que no se corten las alas del progreso, que es lo que quieren algunos para poder seguir metiendo mano mediante BOE y demás reglas políticas. Que sea el mercado (es decir, oferentes y consumidores) quienes digan qué energía producir, cuánta cantidad y a qué precio y no los políticos de turno y burócratas.
Aquellos que más hablan de ‘pobreza energética’ suelen ser aquellos cuya agenda e ideario político se caracteriza por una mayor intervención pública. El sector eléctrico no iba a ser una excepción.
Si algunos no pueden pagar la factura de la luz y más de la mitad de dicha factura son costes políticos que nada tienen que ver con el consumo energético, la solución es sencilla. Ahora bien, si algunos quieren seguir con la demagogia y las mentiras de que España ya tiene un mercado eléctrico liberalizado y que la culpa del alto precio la tienen las empresas, seguirán mintiendo y orgullosos de ello. No caigamos en sus mentiras.

[1] Pobreza energética en España. Análisis de tendencias. Asociación de Ciencias Ambientales. 2014.

viernes, 13 de enero de 2017

El camino de Podemos

Dicen que en Podemos hay 3 caminos diferentes: uno, el de Pablo Iglesias; el segundo, liderado por Íñigo Errejón; y el tercero en discordia, el de la corriente de Izquierda Anticapitalista, liderado por Miguel Urbán. Eso es, al menos, lo que parece de cara a la Asamblea que tendrá lugar dentro de un mes, la famosa ‘Vistalegre II’.
En estos casi 3 años que han pasado desde las primeras elecciones a las que se presentó Podemos (las europeas de mayo de 2014), hemos asistido a un continuo cambio en varias de las propuestas de la formación morada, para “dejar de dar miedo”, absorbidos por la dinámica electoral y parlamentaria. Y eso es precisamente lo que molesta en la corriente de anticapitalista. Si algo hay que reconocer a éstos es que han defendido los mismos principios y la misma agenda política desde la fundación de Podemos, por ejemplo, la renta básica universal o una reforma fiscal agresiva con los altos salarios y grandes fortunas, políticas, la llaman, que pongan fin a los años de recortes y neoliberalismo del PP.
Durante este tiempo, parece que Podemos haya ido ‘ovejizándose’, pero no debemos olvidar que en el fondo no deja de ser un lobo.
Las 3 corrientes nombradas anteriormente solo mantienen diferencias tácticas y estratégicas -de partido-. En el fondo representan extrema izquierda. Pablo Iglesias con su tono agresivo y Errejón con su tono suave y de acercamiento a otras izquierdas, ambos dos, junto a la corriente de Urbán, tienen una idea de España que llama a romper con lo que somos actualmente. En el camino del marxismo cultural, lo occidental, representativo del machismo, capitalismo feroz, etc. debe ser eliminado y así poder implantar un nuevo modelo de sociedad, la comunista, sin necesidad de alcanzar, por el momento, la revolución armada.
En eso entra en juego la hegemonía; unos más desde abajo y otros desde arriba sin olvidar el contenido de fondo: ‘nosotros contra ellos’. Aunque la institucionalización de Podemos, como la entrada en parlamentos y alcaldías, hace perder la esencia -tensión- populista, en Podemos han seguido con su mensaje: el «Pueblo» contra el «no Pueblo», la oligarquía, encabezada por el PP. Así, intentan ganar esa hegemonía mediante el discurso y el relato, mientras la realidad les da la espalda, como ha ocurrido en las dos últimas elecciones generales.
Creo que después de ‘Vistalegre II’ Pablo Iglesias seguirá al frente de Podemos. Me da igual. Sea quien sea, Podemos seguirá siendo un partido que va en contra del liberalismo político (mucho más contra el económico), base de cualquier democracia medio decente. Al mismo tiempo, Podemos seguirá siendo una herramienta al servicio de los que quieren bolchevizar y balcanizar España, esto es, cambiar la élite actual (corrupta, la cual no defiendo) por otra élite, que también sería corrupta (los fundamentos autoritarios de Podemos y el funcionamiento de la política española dan cabida a ello), con añadido: esa nueva élite sería movida por su sed de venganza, sus ínfulas guerracivilistas y su política del odio.

* Publicado en La Razón

jueves, 29 de diciembre de 2016

No todo es la desigualdad

Uno de los temas favoritos del mainstream económico actual es el de la desigualdad. Y más desde la crisis que comenzó en 2007. Se suele poner el acento en la diferencia de ingresos entre los deciles bajos (menos ingresos) y los deciles altos (más ingresos), hasta el punto de querer hacer ver que un aumento de los ingresos en las clases altas es la causa de una disminución de ingresos en las clases bajas. Es lo que se conoce como falacia de la economía como juego de suma cero, algo que no es real, puesto que lo que ganan unos no es porque lo pierdan otros o viceversa; puede aumentar la desigualdad reduciéndose la pobreza. Entender la economía como un juego de suma cero suele terminar siempre en la misma situación: una agenda política ‘anti-ricos’ en pro de más igualdad.

Aunque hay 3 tipos de desigualdad (renta, riqueza y consumo), habitualmente los medios de comunicación se refieren únicamente a la desigualdad de renta, desechando las dos restantes. Así, suelen decir que España es uno de los países más desiguales de Europa. En desigualdad de renta, sí. En desigualdad de riqueza y consumo ocurre todo lo contrario, como pone de manifiesto el informe sobre desigualdad que realizaron Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo (Instituto Juan de Mariana). En riqueza y consumo España es de los países menos desiguales de Europa.

¿Es la desigualdad el problema más importante? Un estudio del Pew Research Center da a entender que no. Entre las diferentes categorías económicas (economías avanzadas, emergentes y en desarrollo), en ninguna la desigualdad aparece como el problema más importante. Las economías avanzadas optan por la deuda pública (64% vs 56% desigualdad) y las economías emergentes ven como problema mayor el aumento de los precios (77% vs 60%). Por su parte, las economías en desarrollo creen que el mayor problema es el desempleo (86% vs 60%). No todo es la desigualdad, aunque muchos se empeñen en ello.

Creo que se debe poner más el enfoque en reducir la pobreza (esto es, intervenir menos en la economía) y no empeñarse en que la desigualdad sea mala per se. Como bien dice Pedro Schwartz, “no me importa la desigualdad porque no soy envidioso, me importa la pobreza”. Parece ser que España está llena de envidiosos.

* Publicado en La Razón