lunes, 6 de julio de 2015

Grecia: más de lo mismo

El desastre griego no es ninguna sorpresa. Cuando las cosas se hacen mal durante muchos años y no se pone remedio alguno, llega un momento en el que "el barco se hunde". Es lo que está pasando ahora. Tsipras ha terminado de hundir a Grecia. Por supuesto que no solo el gobierno de Syriza tiene la culpa. Socialistas y conservadores de Pasok y Nueva Democracia, respectivamente, tienen gran parte de la culpa de cómo se encuentra el país heleno en la actualidad.

La sociedad griega, de las más infantilizadas de Europa, ha ido creando un Estado hipertrofiado, un "costoso e ineficiente jardín de infancia"; mediante los gobiernos de Pasok y Nueva Democracia han convertido el Estado griego en uno de los más paternalistas de la Unión Europea, junto con los países nórdicos, pero sin poder permitírselo, pues la riqueza de Grecia no es la misma riqueza de Noruega o Suecia, por ejemplo.

¿Austeridad en Grecia?

Mientras que Alemania estabilizó el gasto real por habitante entre 1996 y 2008, Grecia lo disparó más de un 60%, pero no debido a los gastos en Defensa, como dicen algunos. Ese incremento del gasto público se debe, sobre todo, al crecimiento de las partidas destinadas a política social -educación, sanidad y pensiones, entre otras-.

Fuente: Eurostat

En concreto, el gasto en Defensa del Gobierno griego representaba el 2,4% del PIB en 2012, un porcentaje prácticamente calcado al de 1996. En cambio, el gasto en educación, sanidad y política social se había disparado desde el 24,6% del PIB al 31,1% durante el mismo período.

Fuente: Eurostat

Con estos datos podemos comprobar que en Grecia no ha existido austeridad en ningún momento. Para hacer mayor hincapié, el gasto público, en referencia al PIB del país heleno, aumentó desde el 45.4% en 2002 -año de entrada del Euro- hasta el 59.2% en 2013. En poco más de 10 años el gasto público de Grecia creció un 14% del PIB. Austeridad cero

Que la deuda sea impagable es mentira

Como he dicho en el apartado anterior, Grecia aumentó a manos llenas el gasto público. ¿Cómo financió ese gasto? Con deuda. Grecia no sólo fue uno de los países que más incrementó su gasto público, sino el que más recurrió con mayor obsesión a la deuda pública para financiarlo, como demuestra el siguiente gráfico. 

Fuente: Eurostat

Algunos no dejan de repetir que las condiciones que ha tenido Grecia sobre su deuda son infernales y que no se podrá pagar mientras se mantengan dichas condiciones. Pues bien, la deuda griega goza de unas de las mejores condiciones de toda la eurozona; desde 2006 no ha habido ningún año en el que Grecia haya pagado por su deuda más de un 4,5% de intereses. Como ha señalado Juan Ramón Rallo alguna vez, la inflación media en Grecia ha sido del 2% desde 2006, de modo que el Estado griego no ha pagado nunca desde ese año tipos de interés reales superiores al 2,5%. Llegando a pagar menos intereses que Alemania en 2013. Algunos lo llaman usura, ya vemos que nada más lejos de la realidad.

Fuente: Eurostat

Por si fuera poco, la deuda helena disfruta del mayor período de vencimiento de todo el continente, con una media de 16 años, casi tres veces más que España.


Fuente: Eurostat

Muchos piden, entre ellos el propio Gobierno de Tsipras, una reestructuración de la deuda pública griega. La cuestión es que a Grecia ya se le han concedido dos reestructuraciones de deuda -exclusivamente pública- durante la presente crisis: una quita a los tenedores privados -básicamente, bancos- de bonos helenos en 2012 y un posterior alargamiento de plazos y reducción de intereses del crédito concedido por la troika.

La primera quita ascendió al 75% del valor actual de la deuda helena en manos privadas; pero, si se computa la segunda reestructuración, la reducción aplicada sobre la deuda pública total de Grecia equivaldría al 76% del PIB heleno, casi cuatro veces más que la condonación otorgada a Alemania en 1953, comparación típica de los que piden una quita a Grecia.

Reformas que debe hacer Grecia

Como ya advirtió hace tiempo el economista José Piñera, Grecia y los demás países de la zona Euro deben abandonar el actual sistema de reparto de pensiones y apostar por un sistema de capitalización. En palabras del propio Piñera: “Si los europeos quieren mantener la moneda única, deben abandonar este modelo de pensiones. La solución pasa por un sistema en el que el trabajador sea el propietario del ahorro que destina a sus pensiones, lo que fomenta la libertad individual y la responsabilidad. El Estado debe encargarse solamente de complementar las pensiones de los más vulnerables”. Es una de las reformas fundamentales que debe llevar a cabo el país heleno.

Otra de las reformas estructurales básicas es la del gasto público. Grecia no se puede permitir niveles de gasto como los mencionados anteriormente, sería ahondar en el problema y “echar más gasolina al fuego”. Grecia, al igual que España, debe abocar por una austeridad real. Debe gastar menos de lo ingresado y eso solo se consigue bajando el gasto, no aumentando los ingresos, como piensa la mayoría. De lo contrario no se pondrá solución al altísimo nivel de gasto público y mucho menos al déficit, y por tanto a la deuda pública. Aunque a algunos les suene a chino eso de bajar el gasto, como a Syriza y Podemos. Ellos prefieren aumentarlo y cuando la deuda aumente, echar la culpa al “neoliberalismo” de la Troika, rechazar la deuda por ilegítima pero a su vez seguir pidiendo prestado para gastar más y así continuar el ciclo.

Sin la reforma del gasto será imposible reducir el déficit público. Grecia lleva 35 años consecutivos de déficit público, demostrando una vez más que no ha existido austeridad alguna, ni antes del Euro, ni en el mismo. 

Fuente: Eurostat

Mirando al futuro, habrá que ver las consecuencias del referéndum "trampa" de Tsipras. Mientras que él va diciendo a la Unión que aceptará las condiciones de un tercer rescate -lo que sería votar SÍ-, pide el voto para el NO en dicho referéndum. Tirar la piedra y esconder la mano. Si gana el SÍ, Grecia seguirá los caminos de la Troika, que no son liberales ni mucho menos. Si gana el NO es posible una salida del Euro de Grecia, lo que conllevaría una ruina mayor con la vuelta al Dracma y sus consecuencias: inflación galopante y pérdida de valor de la moneda. Es decir, más pobreza para los griegos. Ellos deciden. 

Pero la solución griega no pasa por pedir más dinero prestado de todos los europeos y seguir aumentando el déficit público y la deuda, impagable en todo caso por su cantidad -culpa de la propia Grecia y sus gobiernos, no de la Troika ni de fantasmas europeos-, pero no por sus condiciones de pago. La solución al desastre que ha terminado de estallar bajo el gobierno de Syriza pasa por hacer una serie de reformas encaminadas a cuadrar las cuentas públicas, algo fundamental, por mucho que los "social-populistas" o comunistas de Podemos, hermanos políticos de Syriza, digan que "mientras se presten servicios públicos de calidad da igual el nivel de deuda que se alcance", como dio a entender Irene Montero en el programa "Las mañanas de cuatro". Lo que no saben es que si la deuda aumenta no se pueden prestar servicios de calidad, pues los recursos se destinarían -cada vez en mayor proporción- a pagar la deuda y no a proveer servicios para los ciudadanos. Pero claro, para saber eso hay que tener un mínimo de sentido común, algo que parece no existir en el partido de los círculos.

Grecia, al igual que algunos países europeos más, se ha acostumbrado a hacer del Estado su modo de vida. El Consenso Socialdemócrata. "El Estado es Dios" del padre de la socialdemocracia, Ferdinand Lasalle. El Estado se ha hecho cada vez más grande, y no porque sí, sino por el apoyo de la ciudadanía a partidos políticos que han hecho de su modo de hacer "política" una mayor intervención y un mayor poder de políticos y burócratas, metiéndose en la vida de los individuos en temas tan serios como pensiones, educación o sanidad. Claro, todos sabemos que los políticos y burócratas del Estado saben mejor que nosotros mismos lo que necesitamos, ¿verdad? ¡Pues no!  

martes, 23 de junio de 2015

Capillas

Ignacio Escolar se preguntaba en un artículo publicado en "eldiario.es" acerca de la imputación de la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, planteando las que, a su juicio, son las “verdaderas preguntas” sobre el asalto a la capilla de la Universidad Complutense. Escolar se pregunta por qué hay capillas en las universidades públicas mientras que no hay sinagogas, mezquitas o templos al “espagueti volador”, al tiempo que cuestiona el código civil español, el conocimiento de francés de los que decían “Je suis Charlie”, o las contradicciones en el discurso al que él se opone. En este artículo no pretendo responder a nada, (Dios me libre), ni hacer las “verdaderas preguntas” sobre nada, que para eso ya tenemos a Escolar, pero sí plantear las dudas que me suscita la retórica del director de “eldiario.es”.

Para empezar, Escolar cree que la aconfesionalidad del Estado impide que haya capillas católicas en las universidades, máxime ante la inexistencia de templos de otras religiones. Naturalmente, que no haya mezquitas o sinagogas no es una excusa para eliminar las capillas católicas. Ambos templos pueden ser incluidos en las universidades españolas sin excluir por ello a los católicos, generando un clima de encuentro y de inclusión. No obstante, el elemento fundamental de mis dudas tiene que ver con la concepción que maneja Escolar, y un amplio sector del electorado (probablemente transversal, no busquen enemigos), sobre la función de la universidad. 

En el número que publicó la revista de la Universidad Complutense “Samizdat” en el momento del asalto a la capilla, el por entonces desconocido Juan Carlos Monedero afirmaba que las capillas no tienen cabida en la universidad, dado que tratan “de la voluntad del creyente de dar por válida la existencia de una entidad metafísica” y no del gobierno de la razón. Sin embargo, como le contestaba en ese mismo número Jon Juaristi, Monedero utiliza un concepto de razón tremendamente restrictivo, lo que no deja de ser, a su vez, una sorpresa mayúscula; en sus conferencias y escritos, Monedero ha defendido un modelo de política que se opone al “yo desvinculado” del liberalismo del siglo XX, es decir, a la expulsión de las pasiones del terreno político. En este sentido, parece contradictorio que Monedero y seguidores defiendan la pasión como parte del vivere civile y al tiempo pretendan expulsar el hecho religioso de la plaza pública.

Seguidamente, Escolar alega que no puede considerarse violencia la repetición de consignas y la intromisión forzosa en un espacio de culto, con el objetivo de ofender a aquellos a los que se dirigen las consignas. Sin embargo, la repetición de consignas puede ser considerada violencia en muchos sentidos. Si Aristóteles y Arendt tienen razón al señalar que palabra y acción (lexis y praxis) son constitutivos del ser humano, y yo creo que tienen razón, entonces hay motivos para pensar que la violencia puede ser ejercida mediante ambas características. No en vano, Stefan Zweig pensaba que el aumento de la violencia durante la Revolución francesa tenía que ver con la escalada de la violencia dialéctica, en un proceso similar, a pesar de sus diferencias, al de la progresiva polarización de la Segunda República. Visto esto, no parece extraño que las consignas a las que se refiere Escolar hicieran hincapié en que los curas y los católicos “arderían como en el 36”. 

Escolar plantea, además, una serie de argumentos que pueden ser devueltos como un boomerang y con los que el periodista sólo pretende dividir. Así, se pregunta por qué considerar a Putin como un tirano si en España también se procesa a los que asaltan capillas, o por qué criticar a Zapata si tenemos partidos corruptos. Dejando de lado que las Pussy Riot entraron en prisión y Rita Maestre en el Ayuntamiento, me parece necesario señalar la pobreza de los argumentos de Escolar: que Rato haya robado más o menos dinero no convierte a Zapata en alguien con la legitimidad adecuada para ocupar un puesto de responsabilidad política. 

Sofismas aparte, el artículo refleja la forma de hacer política existente en España. Escolar acaba el artículo diciendo que “las respuestas las preguntas son bastante obvias”, lo cual muestra una tendencia preocupante, a derecha y a izquierda, de convertir sus opiniones en verdades absolutas, cambiando la naturaleza de los razonamientos políticos y convirtiéndolos en verdades reveladas. Ejemplos hay, insisto, a derecha y a izquierda. Escolar es sólo uno de ellos. Al resto, ustedes los conocen. Seguro.

Tirtza Lévy

PD: Gracias a David, que me permite escribir y publicar este artículo en su blog, haciendo gala de un espíritu fiel a los orígenes del liberalismo.

viernes, 5 de junio de 2015

Podemos, Pablo Iglesias y los pactos

La mentira y el populismo son dos características que definen a (los sistemas políticos) autoritarios y totalitarios. Ejemplos sobran a lo largo de la historia: Lenin, Hitler, Stalin, Fidel Castro, el Che, Chávez, etc. Estas dos características suelen ir también de la mano de partidos políticos que dicen querer regenerar la política, pero cuyo objetivo en verdad es seguir haciendo lo mismo que la casta a la que vienen a sustituir, esa oligarquía caduca que degenera casi en dictadura.

El ejemplo más reciente lo tenemos en España con Podemos. Un partido presentado como el adalid de la política. Puro, inmaculado. Nada de eso en la realidad. Más de lo mismo que la casta política actual, a la que quieren sustituir para formar una “neocasta”, la casta joven, y ahondar, aún más si cabe, en la falta de libertades sociales y económicas que padecemos hoy en día en España.

Pablo Iglesias y su concepto de pacto

En el poco tiempo que llevan Pablo Iglesias y Podemos en la actualidad mediática y política de nuestro país, son varias las ocasiones que han tenido para dar a luz sus propuestas, métodos de participación o conductas políticas que decían querer borrar a toda costa.

Una de ellas es la política de pactos, “en los reservados”, llevada a cabo de forma secreta entre dirigentes de varios partidos políticos a la hora de sellar dichos pactos, electorales o de cualquier otro tipo. Hace un año, en junio de 2014, Pablo Iglesias se refería sobre esto. “Ya es hora de que los pactos se hagan de cara a la calle y no de forma secreta en los reservados, que dejen de jugar con los ciudadanos”, dijo el líder de Podemos en alguna de sus apariciones televisivas.

Pues bien, un año después hemos visto que nada de eso era cierto. Esta semana hemos podido saber que Pablo Iglesias se reunió en secreto con Pedro Sánchez. Aquellas formas que el primero tanto criticaba ahora lo hace él. Ese “que dejen de jugar con los ciudadanos” sonaba bien, pero ahora que es él quien juega con los ciudadanos no le importa nada. Así son los populistas. Dicen una cosa y cuando tienen la oportunidad hacen aquello que critican.

Todos sabemos del populismo de Pablo Iglesias; no es nada nuevo. Sabe hablar para comunicar a las masas, para que le crean aunque diga cosas que sabe que no se pueden cumplir o que no va a hacer. En Ciencia Política se habla de varios tipos de liderazgo. Uno de ellos, el que más representa Pablo Iglesias, es el carismático (aunque para algún que otro "ciego" de Podemos pueda ser el Gran Hombre). Este tipo de liderazgo suele tener desviaciones negativas. En este caso podríamos identificar dos desviaciones: la totalitaria y la populista.

Podemos y los referéndums post-electorales

Alguna que otra vez varios dirigentes de Podemos, como el propio Pablo Iglesias o Carolina Bescansa, han dicho que los pactos electorales de Podemos se harían a través de un referéndum donde militantes y simpatizantes de Podemos decidirían el futuro del partido político de los círculos. Textualmente dijo Bescansa en enero de 2015: “En Podemos todos los pactos post-electorales los decidirá la gente mediante referéndum”. Otra mentira. Ni se han hecho ni seguramente se harán dichos referéndums. Los posibles pactos se celebrarán en secreto como la reunión entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez o al margen de la gente, como todos los demás pactos.

Hay una cosa peor que mentir, y es no reconocer que mientes. Es lo que pasa en Podemos, donde se enfadan si les dices que han mentido, mienten y seguramente mentirán; puesto que los movimientos políticos totalitarios y autoritarios (y Podemos lo es) como he dicho al principio, suelen tener las características de la mentira y el populismo. Podemos no iba a ser una excepción. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Municipales y autonómicas 2015: el Consenso sigue mandando

Otra cita electoral más de este año lleno de urnas, papeletas, mentiras y tópicos. Esta vez era el turno de las municipales y autonómicas (menos en las Comunidades Autónomas de Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía). Estas elecciones no han dejado indiferente a nadie, si bien algunos resultados se esperaban.

En la Comunidad de Madrid ha ganado Cristina Cifuentes (PP) con 48 diputados, seguida de Ángel Gabilondo (PSOE) con 37, José Manuel López (Podemos) con 27 e Ignacio Aguado (C’s) con 17. A la hora de hablar de pactos todo parece indicar que la Comunidad de Madrid (si Ciudadanos no acepta pactar con el PP) será gobernada en alianza PSOE-Podemos, pese al discurso anti-casta de éstos, a la hora de tocar poder no hay casta que valga si te ayudan en tu objetivo de someter a la población bajo ideas totalitarias como son las del partido de los círculos, y no menos en los de la rosa. Nada nuevo.

En el Ayuntamiento de Madrid más de lo mismo. Esperanza Aguirre (PP) ha ganado las elecciones con 21 concejales, por delante de Manuela Carmena (Ahora Madrid) que ha conseguido 20, Antonio Miguel Carmona (PSOE) que se queda en 9, pese a decir tonterías varías en la campaña y mucho antes, como que en las encuestas que manejaban en el PSOE madrileño iban a ganar con mayoría absoluta en el Ayuntamiento. Je, no ha colado. Por último, Begoña Villacís (C’s) ha conseguido 7 ediles. IU y UPYD ni están ni se les espera, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid. Todo parece indicar que habrá pacto Ahora Madrid-PSOE, para lograr la mayoría absoluta en el Consistorio madrileño, que está en 29 concejales, justo la suma de estos dos partidos. Por cierto, tiene guasa que una candidatura (de Podemos, por mucho que Carmena diga que no) se llame Ahora Madrid. ¿Ahora? Las ideas de partidos como éstos no son precisamente de ahora, ni para ahora, sino más bien de siglos pasados que nada tenemos que celebrar los españoles, en cuanto a totalitarismo y falta de libertades se refiere. Pero la educación pública de este país ha hecho mucho daño, haciendo ver algunas ideas como buenas, por el “pueblo”, y otras no tardan en calificarlas como “fascistas”, “neoliberales”, “exprimidores de lo público”, etc., demostrando una gran ignorancia política e histórica. Nada nuevo tampoco.

¿Hablamos de Barcelona? Pues más de lo mismo. Ha ganado una candidatura de “unidad popular”, dos palabras que solo sirven (tanto en Madrid con Ahora Madrid como en Barcelona con Barcelona en Común) para proteger la verdadera esencia que se esconde en estos movimientos, programas basados en mentiras, haciendo creer a sus votantes y demás ciudadanos que más intervencionismo es mayor bienestar. Sin duda se la han “colau” a muchos en la ciudad condal y en la capital.

PP: tocado y hundido

Las encuestas acertaron, en su medida, con el fracaso del PP en estas elecciones. Seguramente se pierda Madrid (tanto Ayuntamiento como Comunidad) con pactos Podemos-PSOE. Posiblemente se pierda Castilla La Mancha, tras quedarse Cospedal a 1 diputado de la mayoría absoluta. También es probable que se pierda la Comunidad Valenciana, con un pacto tripartito  entre PSOE, Podemos y Compromís. El PP no alcanzaría la mayoría absoluta ni pactando con Ciudadanos, pues se quedarían en 44 diputados, cuando dicha mayoría absoluta está en 50 diputados en el parlamento valenciano.

El Partido Popular no ha conseguido ninguna mayoría absoluta en las Autonómicas. Ha perdido cerca de 2.5 millones de votos respecto a 2011 y se queda a tan solo 2 puntos del PSOE. Dejar las ideas a la deriva, mentir al electorado, hacer lo que te da la gana sin compromiso, sustituir la política por economía; todo eso se paga, y en estas elecciones se ha visto. De cara a las generales habrá que ver si funciona eso del miedo a Podemos, yo no lo tengo tan claro. El votante del PP (y el que siempre ha votado al PP y ahora vota otras opciones) está hasta las narices, tanto de Rajoy como de todos los que le rodean. Y es que Mariano ha dado una magistral lección de cómo cargarse un país y un partido en menos de una legislatura. Para que luego digan de Zapatero…

Lo peor es que no hay una alternativa seria al PP. Me acuerdo de Vox, pero este partido no es una alternativa seria, por mucho que sus ideas me gusten o me dejen de gustar, fallan demasiado, y eso se nota con tres fracasos electorales. ¿Camino del cuarto en las generales? No tengo dudas. Y los liberales ni nos acercamos por todo aquello que tenga que ver con Rajoy, Montoro y demás tropa socialdemócrata.

Valdemoro, otro batacazo del PP

Pensaba que en Valdemoro ganaría otra vez, aunque sin mayoría absoluta, el PP. Le daba entre 8 y 9 concejales. Pero saltó la gran sorpresa de la noche en las municipales de mi zona. Ciudadanos ganaba las elecciones en Valdemoro (unas elecciones con más de 15.000 abstenciones, algo habitual), con 6 concejales, por 5 que conseguían PP y PSOE. Batacazo sin remedio de los populares. La Púnica pasó la factura en el día electoral. Y lo que no es la Púnica, también.

El PSOE no tiene nada que hacer en Valdemoro. Se ha demostrado que los valdemoreños no quieren un alcalde socialista (y menos mal). Por detrás de ellos quedaba Ganemos con 4 concejales, TUD con 3 (triplicando el resultado de 2011) e IU con 2 (le robaba en los últimos votos contados el quinto concejal a Ganemos). Sin rastro de UPYD y el PIVV, que perdieron su concejal como consecuencia del auge de Ciudadanos, Ganemos y TUD.

Todo parece indicar que el próximo alcalde de Valdemoro será Guillermo Gross, el candidato de Ciudadanos, ya que no parece factible ningún pacto que aleje esa posibilidad. La mayoría absoluta son 13 concejales y es una quimera que un pacto alejara a Ciudadanos de la alcaldía valdemoreña, tantos años ocupada por el PP y pésimos alcaldes, como ya he dicho alguna que otra vez, como Granados o José Carlos Boza.

Eso sí, ahora tienen que demostrar que valen, que los valdemoreños que les hayan votado no se equivocan. Es más fácil ganar unas elecciones que hacerlo bien los 4 años siguientes en un Ayuntamiento. Esto no es como un sorteo de lotería donde te toca un premio, lo celebras y ya está. No. Aquí ganas el “premio”, lo celebras y al día siguiente hay que ponerse manos a la obra. Es el comienzo de un largo camino, muy largo.

El Consenso sigue en auge

La principal conclusión de estos comicios no puede ser otra: el Consenso del pensamiento único, el Consenso Socialdemócrata sigue mandando -y creciendo- en España. Gran culpa de esto lo tiene el sistema electoral, que los políticos no quieren tocar, que no deja que los votantes elijamos de verdad a nuestros representantes mediante listas desbloqueadas.

Pero también es culpa de aquellos que se han vendido por un puñado de votos a posiciones políticas contrarias, como es el caso de Rajoy y compañía. No se dan cuenta de que la gente que quiera votar a la izquierda ya tiene partidos (y muchos), no tiene que venir el PP a abrazar ideas socialistas. 

Hay multitud de partidos que abrazan dicho Consenso. No hay ni uno solo que lo rechace que tenga opciones de devolver la libertad a los ciudadanos (sí hay partidos que rechacen dicho Consenso, pero no tienen opciones de gobernar, porque el mismo Consenso lo impide). El pensamiento único de aumentar impuestos para “redistribuir la riqueza”, proteger el Estado de Bienestar, no dejar cabida a la innovación, estar encajado en el pasado. Eso es lo que manda en España, da igual el partido. Y en vez de ver cerca la salida de estos túneles, parece que estamos más a la entrada que nunca y queda todavía un largo trecho para salir de laberintos oscuros “consensuados”. Ya lo decía Ludwig Von Mises: “No hay esperanza mientras las masas estén a favor de políticas nocivas”; y es que no hay nada más nocivo y perjudicial que el Consenso y el pensamiento único impuesto por ellos. Lo dicho, el Consenso sigue mandando. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Ciudadanos, externalizaciones y privatizaciones

Hace unos días se conocía la intención del partido político Ciudadanos de “desprivatizar” cuatro hospitales en la Comunidad de Madrid. Estos hospitales, privados según la formación que preside Albert Rivera, serían los siguientes: Valdemoro, Torrejón de Ardoz, Móstoles y Collado Villalba.

El primer fallo es considerar estos cuatro hospitales como privados. Ciudadanos, al igual que muchos otros, confunde externalización con privatización. Los hospitales citados son públicos de gestión privada, es decir, han sido externalizados. La externalización consiste en traspasar la gestión del servicio, en su totalidad o sólo alguna de sus fases, bien a empresas privadas bien a organizaciones sin ánimo de lucro, aunque la titularidad y responsabilidad del servicio continúan siendo de carácter público. La privatización, por su parte, consiste en pasar tanto la gestión como la titularidad del servicio desde el sector público al sector privado.

Siguiendo con este tema, el pasado martes 5 de mayo se pronunciaba el Tribunal Constitucional sobre la externalización sanitaria que la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, propuso en el año 2012. El Alto Tribunal ha dado la razón por unanimidad al Gobierno madrileño diciendo que la gestión privada no pone en riesgo el régimen público sanitario. Es decir, el ejecutivo madrileño actuaba bajo la legalidad, a pesar de los intentos de desprestigio y las mentiras de la izquierda y actores sociales contrarios a la privatización de la sanidad -otros que confunden externalización con privatización-.


El principal argumento de aquellos que defienden un modelo público -tanto en sanidad como en educación y demás sectores- es que todo aquello que provee el Estado es gratuito para sus usuarios. Así, no dudan en utilizar la falsa coletilla de “sanidad gratuita” o “educación gratuita”.

¿Es gratuito lo público? Ni mucho menos. Todo aquello que es público se financia con tributos -impuestos, tasas y precios públicos- además de la deuda pública. Los impuestos los pagamos todos y han ido aumentando en los últimos años bajo los gobiernos de Zapatero y Rajoy, hasta llegar al punto en el que nos encontramos actualmente: “la dictadura de los impuestos”. Prueba de ello es que 2014 ha sido el año en el que más impuestos se han pagado en España.

La sanidad pública no es gratuita. Las Comunidades Autónomas, que son las que tienen la competencia del gasto en sanidad, han ido aumentando el gasto desde que comenzara la crisis, negando así la austeridad y los recortes, un mito que no se cumple, por más que algunos sigan insistiendo. El gasto anual en sanidad ha aumentado desde el 5.7% del PIB en el año 2007 al 6% del PIB en 2013, del cual el 45% corresponde a la remuneración del personal. Es decir, el gasto ha aumentado algo más de 3.000 millones de euros desde que comenzara la crisis económica. Austeridad, recortes y mentiras.

Por cierto, Andalucía es la que menos gasta en sanidad pública per cápita: 1.044 euros. ¿Han visto protestas de la marea blanca por el sur de España? Yo tampoco, lo que indica que dicha marea solo “lucha” por los “derechos de todos” en aquellas comunidades donde gobierne el PP. Allí donde gobiernen los amiguitos socialistas de la marea blanca, ni pío.

Como he dicho antes, privatizar no consiste en externalizar solo la gestión, como algunos confunden a menudo. Privatizar tampoco es lo que se conoce como “capitalismo de amiguetes”. Cuando se privatiza algo, se debe hacer con la idea de devolver una actividad económica a la sociedad civil, esto es, desregular y sacar del presupuesto público dicha actividad. Permitir que sean empresarios -y no políticos o burócratas- quienes establezcan sus propias escuelas en el caso de la educación u hospitales, ambulatorios, etc., en el caso de la sanidad. De este modo se rebajan drásticamente los impuestos para que todas las personas puedan acceder a estos servicios. Sí, todas las personas. Algunos de los que rechazan la sanidad o educación privada dicen que solo aquellos que disfruten de rentas altas pueden tener acceso a dichos servicios privados. Falso. Hay mecanismos para aquellas personas con rentas más bajas, como el cheque escolar -también el homeschooling, rechazado por todos aquellos políticos que no soportan la libertad, ni tan siquiera la de elegir la enseñanza y educación de los padres hacia sus hijos- o el cheque sanitario. Todas las personas tendrían acceso a una sanidad o educación privada, al igual que no hace falta nacionalizar los supermercados para que todos tengan acceso a una alimentación básica, la cual también es un derecho y no veo a nadie diciendo que los supermercados tengan que ser públicos (estatales) y gratuitos, como sí lo dicen de la sanidad y la educación.

Externalizar no es privatizar, que se enteren en Ciudadanos y aquellos que no hacen más que confundir ambas ideas. Tampoco hay que demonizar la provisión y producción privada de bienes y servicios. El capitalismo de libre mercado es algo muy diferente a lo que suelen caricaturizar algunos que están en contra de dicho sistema: un señor en traje con un maletín lleno de billetes. No han entendido nada. Ese dibujo se identificaría más con el Estado del Bienestar, mejor llamarlo bienestar del Estado -de sus políticos y burócratas-. El libre mercado nada tiene que ver con ganar y ganar dinero, sino en prestar el mejor servicio posible a la sociedad. Si no se lo das, se irán a otro lado a buscarlo. Muy fácil de entender, pero no para todos, desgraciadamente. 

domingo, 26 de abril de 2015

El Republicanismo en España

"República, siempre República." Así respondía la política española Clara Campoamor en una entrevista a la pregunta ¿Qué prefiere usted, Monarquía o República?

El republicanismo propone y defiende la república como el modelo de gobierno óptimo para un Estado. En sentido estricto, la república se define en oposición a las formas puras de gobierno aristotélicas: la monarquía y la aristocracia; así como a sus respectivas corrupciones: el despotismo y la oligarquía.

La noción de república en cuanto forma de gobierno no es en sí misma sinónimo de democracia. Han existido -y existen todavía- repúblicas autoritarias y despóticas. Pese a apoyarse en el principio hereditario para la designación de la Jefatura del Estado, una Monarquía puede ser considerada democrática en la medida en que los miembros de los poderes legislativo y ejecutivo sean elegidos directamente por voluntad popular.

Pero, ¿qué experiencias tenemos del republicanismo en España?

La Primera República Española

La Revolución de 1868 derrocó a Isabel II, pero las Cortes surgidas de las elecciones de 1869 dieron una mayoría monárquica, que impuso la búsqueda de un nuevo rey entre las cortes reales europeas. Este nuevo rey fue Amadeo I de Saboya, pero en medio de un país profundamente inestable, envuelto en diversas guerras -la tercera Guerra Carlista, debida a las aspiraciones al trono de la rama borbónica carlista; y la Guerra de Cuba, colonia española que buscaba su independencia-, y contando con la oposición de los republicanos y de buena parte de la sociedad, Amadeo I abdicó el 11 de febrero de 1873.

Bandera de España durante la Primera República

Ese mismo día, las Cortes proclamaron la Primera República Española. Acogida con gran esperanza entre las clases más bajas, era la única esperanza para continuar con el espíritu del 68. Pero la Primera República fue víctima de una inestabilidad provocada por las guerras anteriormente nombradas y la propia división entre los republicanos

La mayoría de los republicanos eran federalistas -de hecho se aprobó que la forma del Estado fuese la de una república democrática federal- pero existía también una tendencia unitaria. Como consecuencia de esta inestabilidad, política e institucional, se sucedieron cuatro presidentes del Gobierno en menos de un año, de febrero de 1873 a enero de 1874: Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Fue una experiencia corta, que contó con tres conflictos armados simultáneos: junto a los dos mencionados anteriormente -la tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba- también se produjo la “sublevación cantonal”

El 3 de enero de 1874, el general Manuel Pavía dio un golpe de Estado que estableció una dictadura republicana conservadora -recuerden que república y democracia no son sinónimos- al mando del general Serrano, quien fue derrocado por el pronunciamiento del general Martínez Campos el 29 de diciembre de ese mismo año, produciéndose la Restauración Borbónica en España con la subida al trono de Alfonso XII. 

La Segunda República Española

La dimisión de Primo de Rivera en 1930 auguraba la caída de la monarquía, pues ni la “dictablanda” del general Berenguer, ni el corto gobierno del almirante Aznar lograron estabilizar la situación; para buena parte de la opinión pública el comportamiento del Rey durante la dictadura había significado una transgresión de su papel moderador y la Monarquía misma era cuestionada. 

Bandera de España durante la Segunda República

El 14 de abril de 1931, tras unas elecciones municipales celebradas dos días antes, en las que los republicanos ganaron en la mayoría de las capitales de provincia, fue proclamada la Segunda República Española. La República vino de manera imprevista debido a la torpeza y a la cómoda "dimisión" de Alfonso XIII. Los republicanos activos, prácticamente sin más idea política que la de borrar el rastro de la Monarquía, no aportaron nada en orden a reorganizar un Estado coherente con la sociedad. Es más, esta república demostró no ser democrática, ni antes, ni durante, ni después.

No lo fue antes, pues los republicanos no ganaron las elecciones municipales. Éstas eran simplemente para elegir concejales -las candidaturas monárquicas sumaron cerca de 30.000 concejales por los 9.000 republicanos- y no era vinculante para la forma de Estado. Y aunque lo fuera, las candidaturas monárquicas lograron más concejales que las republicanas, aunque éstos lograran vencer en las capitales de provincia, el peso de la población estaba en el entorno rural.

No lo fue durante, ya que los republicanos de izquierdas asociaron la idea de república solamente a su ideología. "La izquierda se consideró y se proclamó a sí misma la depositaria de la legitimidad republicana", comenta Dalmacio Negro en su libro Sobre el Estado en España. Como buena prueba de ello, la revolución de 1934 en Asturias, lanzada por anarquistas, comunistas y socialistas, tras no aceptar la victoria de la derecha de 1933 y que miembros de la CEDA formaran parte del Gobierno en 1934. En 1936 Largo Caballero (PSOE), apodado "el Lenin español", dijo que si la derecha ganaba las elecciones de ese año, no quedaría más remedio que ir a una guerra civil.

Y no lo fue después, por la consideración del PCE de organizar en España una guerra de guerrillas que debía evolucionar en guerra civil -un ánimo de revancha que todavía dura hasta nuestros días en buena parte de las izquierdas- y provocar la intervención exterior que derrocase al régimen de Franco. Esta guerrilla fue el "maquis", vencida por el régimen franquista años después.

Son famosos los coqueteos del Frente Popular con la URSS, perdiendo la esencia de la república. Muchos republicanos suelen manifestarse actualmente con la bandera de la Segunda República -que no “bandera republicana” a secas, pues la Primera República tuvo por bandera la rojigualda- junto a banderas comunistas con la hoz y el martillo. Si esa es la república que quieren para España, prefiero mil veces una Monarquía. 

Puerta de Alcalá de Madrid durante el gobierno del Frente Popular

Muchos republicanos dicen que una característica básica de cualquier república es la libertad de culto -añado yo que no solo debería serlo de una república, sino de cualquier forma de Estado-. Algo que no ocurrió en la Segunda República, pues se procedió a la quema de conventos y todo tipo de edificios católicos, junto a la persecución a cualquier persona que profesara libremente sus creencias católicas.

Los padres espirituales de la Segunda República -Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón- dijeron de ésta que no fue lo esperado por ellos. Ortega llegó a decir que no compartía "este sistema que no respeta a los católicos". También dijo "no es esto, no es esto", en referencia a las diferencias entre su idea republicana y la realidad que se vivía en España. Los intelectuales republicanos acabaron frustrados. Gregorio Marañón terminó diciendo que “mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico”. Pérez de Ayala también tuvo sus palabras para los demás republicanos de la época: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Lo que nunca pude concebir es que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza".

España no es país para una república

El gran problema del republicanismo en España es la propia República: nada le perjudica tanto como la concreta experiencia histórica de la forma republicana en España. Dos repúblicas hubo, y ninguna figura entre los episodios encomiables de nuestro pasado. Las dos experiencias republicanas españolas son la maldición y la perdición del republicanismo. Hay algún que otro republicano que no vindica la Segunda; son personas de argumentos racionales, que saben que hay repúblicas muy poco democráticas o nada, y democracias ejemplares cuyo jefe de Estado es un monarca.

Hoy en día, se suele seguir asociando en España a la república con la bandera tricolor. Se sigue asociando una idea republicana solamente a la ideología de izquierdas. Poca cultura política entre los que piensan que una república solo puede ser de izquierdas. Mucha ignorancia entre los que piensan que cualquiera de las dos repúblicas vividas en España -sobre todo la Segunda- representan cualquier espíritu de una república. 

Por lo tanto, España no debe arriesgar con una tercera experiencia republicana, visto lo visto en las dos anteriores. Una mayoría de españoles no concibe una república diferente a la Segunda. Actualmente, cuando alguien se manifiesta por la república, lleva la bandera tricolor, haciendo ver dos cosas: que su ejemplo de república es la Segunda Española, o que piensa que solo esa bandera tricolor y todo lo que a ella rodea representa el único modelo republicano de España. Se termina exhibiendo públicamente una gran incultura, tanto política como histórica, pues una república no tiene bandera por sí misma y la tricolor solo representa la Segunda República  Española, no así la Primera. 

Si no se concibe una república en España diferente a la Segunda, mejor que no se conciba una idea republicana, pues ésta haría repetir la historia, y todos sabemos cómo acabó España después de la Segunda República: en Guerra Civil y dividida en dos. ¿Alguien quiere repetirlo? Yo no. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Austeridad y mentiras

Hay una palabra que está de moda desde que empezó la crisis económica actual. Algunos no se cansan de repetirla, como si por decir algo muchas veces se convirtiera ipso facto en realidad. Me refiero, como no puede ser de otra manera, a la austeridad.

El fundamento principal de cualquier sistema económico debería ser “no gastar más de lo que se ingresa”. Pero hemos llegado a un punto en el que eso no vale, parece que si no te endeudas lo estás haciendo mal. De hecho, muchos políticos prefieren gastar por encima de lo ingresado pensando que la deuda es un fantasma que con el paso de los años se va; incluso hemos podido ver últimamente a algunas agrupaciones políticas renegar de la deuda pública pero a su vez proponer políticas de gasto que conllevarían sin remedio a una deuda cada vez mayor.

Pues bien, en estos últimos años algunos sectores de la sociedad, y algunos partidos políticos, se han llenado la boca diciendo que España sufre una gran austeridad, que el gobierno de Rajoy ha impulsado el famoso “austericidio” (no deben saber que “austericidio” significa precisamente lo contrario de lo que ellos piensan, pues el sufijo “-cidio” significar “acabar con” y de lo que se quejan algunos, precisamente no es de que se haya acabado con la austeridad, sino todo lo contrario). 

¿Hay austeridad en España?

El gasto público ha crecido sobremanera en la última década. Las Administraciones (Estado, CCAA, Entes Locales y Seguridad Social) gastaron un total de 461.474 millones de euros en 2014 (43,6% del PIB) frente a los 420.680 millones (38,9%) de 2007.

El gasto corriente, en donde se incluyen las principales prestaciones y servicios públicos, apenas ha caído en 5.000 millones de euros desde 2011, pero ha aumentado ligeramente si se toma como referencia su peso en el PIB: ha pasado de representar el 40,6% del PIB en 2011 al 40,8% en 2014. Pero lo más relevante es que se ha disparado casi 75.000 millones de euros durante la crisis, pasando del 33,1% del PIB en 2007 al 40,8% actual. 

En cuanto a la recaudación, desde 2007 se ha producido una bajada de 40.000 millones de euros, a pesar de las constantes e históricas subidas de impuestos aplicadas por PSOE y PP en los últimos años. Así que, a día de hoy, el Estado gasta un 15% más de lo que ingresa por vía fiscal. 


Hasta aquí podemos decir que la austeridad brilla por su ausencia. Ni ha habido reducción del gasto público, ni se gasta menos de lo ingresado. El descuadre de las cuentas es tal que a nadie en su sano juicio se le ocurriría hablar de austeridad. Pues sí, los hay que hablan de políticas de austeridad. Y si por algo se caracterizaría un Gobierno que practicase unas políticas económicas austeras, sería por la ausencia de déficit, y por tanto, de deuda. Si gastas menos de lo que ingresas, tendrás superávit y no se tendrá la necesidad de pedir prestado a otros. Todo lo contrario de lo que ocurre en España. El déficit público rondó los 62.000 millones de euros en 2014, equivalente al 5,8% del PIB. Por su parte, la deuda pública alcanza límites vergonzosos, tras crecer más de 600.000 millones de euros desde 2007, pasando del 35,5% del PIB al 97,7% en 2014.

En España no hay austeridad, ni la habrá mientras políticas socialistas -aumento de impuestos, políticas de gasto expansivo, creer que la deuda es un fantasma, etc.- sigan aplicándose. Mientras que no se reduzca de verdad el gasto público, no se bajen los impuestos y no se siga el principio básico de la economía de no gastar más de lo que se ingresa, no se podrá hablar de austeridad. Y sí, yo quiero austeridad, pero una austeridad real, no solo de palabra como hacen algunos. 

Comunidades Autónomas: tampoco hay austeridad

Las CCAA gastaron un total de 163.344 millones de euros en 2014, lo que supone 1.102 millones más que el año anterior (+0,7%). Esto supuso que el déficit regional ascendiera a 17.529 millones de euros, 1.597 millones más que en 2013 (+10%).

El aumento del gasto se debe a que ocho Comunidades Autónomas gastaron más que el ejercicio anterior. Entre esas regiones, Cataluña encabeza el ranking con 941 millones de euros de gasto extra. El resto de autonomías que incrementaron gastos fueron, por este orden, Madrid (+575 millones de euros), País Vasco (+308), Comunidad Valenciana (+251), Extremadura (+100), Baleares (+79), Asturias (+39) y Canarias (+25). Por si esto fuera poco para hacer ver que tampoco existe austeridad en las administraciones autonómicas, se prevé que en 2015 todas las CCAA aumenten el gasto, al tratarse de año electoral.

¿Existe austeridad en las CCAA? Ni mucho menos. Al igual que pasa con la administración central, se gasta más de lo que se ingresa y se aumenta, año tras año, el gasto. Así no hay manera de encontrar la luz en una crisis. 


Por lo tanto, los que dicen -encima en tono de insulto, como si fuera algo diabólico- que en España hay austeridad, mienten. A propósito o por ignorancia, mienten. Como he dicho antes, no se puede hablar de austeridad mientras se aumenta el gasto y se sigue gastando más de lo ingresado. Por cierto, la austeridad no es mala, en contra de lo que muchos políticos y actores sociales quieren hacer creer, puesto que ella es la mejor forma de que haya bienestar y crecimiento económico.

¿Qué se debe hacer? Vivir con lo que uno tiene, tanto a nivel microeconómico (familias y empresas) como macroeconómico (Estado); no cabalgar sobre la deuda, que es lo que han venido haciendo muchos Estados, pensando que la deuda es un fantasma o un sueño que nunca se hace realidad. Las administraciones públicas deben aprender a “vivir” con lo que recaudan, igual que una familia vive con lo que ingresa a través de sus salarios. Esa es la única manera de poder superar una crisis económica a largo plazo: sin deudas -o las menos posibles- y ahorrando.

Pero claro, con el Consenso socialdemócrata que padecemos -algo parecido a “el Estado es Dios” del padre de la socialdemocracia Ferdinand Lasalle-, pedir que el Estado no se endeude y baje impuestos para que se pueda ahorrar es como pedir peras al olmo: algo imposible.

viernes, 13 de marzo de 2015

Sobre el IVA cultural y demás impuestos

Fue en julio de 2012 cuando Rajoy subió el tipo general del IVA desde el 18% al 21% y reclasificó algunos productos desde el tipo reducido -que era del 8% y lo aumentó al 10%-, a este nuevo tipo general, como las entradas de cine, teatro, danza, circos o conciertos de música, lo que se conoce como “IVA cultural”.

Son conocidas por todos nosotros las múltiples quejas de actores, escritores, y gente del mundo de la “cultura” por un IVA tan alto. Pero siempre que se quejan, lo hacen por el IVA cultural -debe ser que el resto del IVA no son importantes para ellos-, nunca he visto a aquellos que se quejan de dicho IVA reclamar una reducción importante de otros impuestos. Recuerden que, como bien dicen algunos de guasa, el IVA cultural es malo para ellos -los de la “cultura”- porque perjudica a su negocio, pero el resto del IVA es bueno porque financia lo “social”.  Y son muchos los que piensan así realmente, cuidado.

Pues bien, según parece, el Gobierno de Rajoy se estaría planteando bajar el IVA cultural hasta el 10%, desde el tipo general al reducido. Bajar el IVA cultural está bien, siempre y cuando vaya acompañado de más bajadas de impuestos y no responda a la presión del lobby de la “cultura” –o de cualquier otro lobby-, mientras se deja todo lo demás igual. ¿Acaso el resto del IVA no es importante? ¿Y el resto de impuestos? Hay que bajar todos los impuestos, no solo algunos según apetezca. Es la única manera de que haya crecimiento y prosperidad. No hay que premiar la vaguería, sino el esfuerzo y el trabajo.

Para mí hay impuestos mucho más peligrosos y sin sentido que el IVA cultural, como el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, o el Impuesto sobre el Patrimonio, el cual vino de vuelta con el PSOE en septiembre de 2011 y el “muy liberal” Gobierno del PP sigue sin eliminar. Tampoco hay que olvidar el Impuesto de Sociedades, que ahoga a empresas haciendo imposible muchas veces que puedan invertir o contratar a más gente.

¿Para cuándo la eliminación de estos impuestos anteriormente citados –o una drástica bajada-? Con la oligárquica clase política actual nunca, queda mejor para ellos decir que el IRPF “redistribuye la renta” y que es el impuesto más “progresivo”. De lo contrario se les acabaría el chollo, y la libertad es algo que la actual clase política no puede permitir, dado que necesitan tener al personal controlado: ese es el verdadero motivo de la existencia del IRPF, como muy bien dice Almudena Negro. Y muchos siguen sin enterarse. 

De cuando Rajoy prometió bajar los impuestos y los subió

En 2011 muchos se llenaron la boca con promesas de cara a las elecciones generales que hbía adelantado Zapatero. Desde las declaraciones de Montoro diciendo que no se subiría el IVA porque “es hacer pagar a los ciudadanos la mala gestión del gobierno”, pasando por las varias promesas de Rajoy diciendo que conseguiría reducir drásticamente el paro, aumentaría el empleo y bajaría los impuestos. Casi cuatro años después nos damos cuenta no solo de que fueron palabras que se llevó el viento, sino que han dejado por buenas las dos pésimas legislaturas de ZP. ¡Qué cosas!

Nada más llegar al poder, el Gobierno de Mariano Rajoy anunció una subida "temporal" de impuestos, que sumada a las medidas extraordinarias aprobadas en julio de 2012, se tradujo en un nuevo incremento generalizado del IRPF, eliminación de deducciones, más IVA (como he dicho antes), mayor tributación sobre el ahorro y actividades profesionales, elevación de los Impuestos Especiales, limitación de deducciones empresariales y nueva ampliación de pagos fraccionados en Sociedades. En definitiva, nada de nada de todo lo prometido anteriormente.

En el siguiente gráfico podemos observar la recaudación del Estado por los grandes impuestos -IRPF, Sociedades, IVA e Impuestos Especiales-, y nos damos cuenta de que no han existido bajadas de impuestos, sino todo lo contrario, llegando a aumentar la recaudación fiscal desde 2011. 



Pero hay más. Según las propias previsiones del Partido Popular, en el año 2016 los españoles pagaremos 42.000 millones de euros más que antes de su llegada al poder. En contra de lo que prometió Montoro el año pasado, los impuestos ni siquiera bajarán en el período de 2015-2016 con respecto a 2014: es verdad que la recaudación por IRPF y Sociedades menguará en unos 7.500 millones de euros, pero a cambio el IVA y el resto de figuras tributarias aumentarán su voracidad en 8.200 millones de euros. Rajoy terminará la legislatura con más impuestos que Zapatero. Quién lo diría a principios de ésta…




Los impuestos solo se perdonan a los amigos

Hemos visto como el Gobierno de Rajoy se ha caracterizado en estos años por aumentar los impuestos, todos y cada uno de ellos, a los ciudadanos, empresas, etc. Pero con los amigos es diferente.

En el mes de diciembre, RTVE negoció con Hacienda no pagar el IVA para ahorrar 97 millones de euros al año. Si Hacienda perdonara el IVA a RTVE, que se lo perdonaran a todos los españoles (tanto personas físicas como empresas). Que perdonen también los impuestos anteriormente mencionados- y los que no he mencionado-. A ver si ahora van a ir perdonando impuestos solo a sus amigos. Que si no pagan, genial, pero que dejen no pagar a todos. Venga, que Montoro demuestre su "espíritu liberal", del que tanto hablan algunos.

Continuando con lo del IVA: el Congreso aprobó una enmienda a la reforma fiscal que permite a todos los entes públicos de radio y televisión autonómica deducirse a partir de 2015 todo el IVA que soportan, con el objetivo de mejorar su solvencia y liquidez. A lo que respondo de estas tres formas:

- Los que dicen que los ricos no pagan impuestos, que vayan diciendo algo. ¿O esto no les interesa?
- Si los entes públicos de radio y televisión se financian mediante impuestos y ahora permiten que no paguen el IVA, tendrán más liquidez, ergo necesitarán menos financiación, con lo cual bajarán los impuestos. Esperad, que sigo soñando...
- Financiamos con nuestros impuestos a los entes públicos de radio y TV y ahora pueden no pagar el IVA si quieren. A ver, los del discurso de la redistribución de la renta, que vayan saliendo a decir algo. ¿Tampoco les interesa?

España, la dictadura de los impuestos

En España se ha creado una red tributaria enorme que esquilma -cada vez más- a todos los ciudadanos. No hay ámbito económico que no esté regulado por leyes absurdas que obliguen a pagar impuestos no menos absurdos. Miren donde miren, impuestos.

Como bien saben, España se divide en tres administraciones: Estado (Administración Central), CCAA (Administración Autonómica) y Ayuntamientos (Administración Local). Cada una de estas administraciones cuenta con impuestos propios -algunos impuestos pueden ser compartidos entre dos administraciones-. A los impuestos regulados por el Estado y cedidos, en algunos casos, a las Autonomías hay que sumarle la potestad de la que disfrutan las regiones para idear sus propios impuestos. Y el ingenio de algunas Autonomías parece no tener límite. Ya son 74 impuestos propios con los que cuentan las CCAA -27 más que en 2007-. En cabeza, Cataluña, seguida de Andalucía y Asturias. (Datos del Consejo General de Economistas REAF-REGAF). Como cantaría alguno: saqueando voy, saqueando vengo, por el caminoooo me invento un impuestoooo.

En el caso de los Ayuntamientos, manejan menos impuestos que el Estado o las Autonomías -que no quiere decir que sean pocos-. Desde el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), pasando por el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM), el Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (IIVTNU), hasta el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) y el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO).

Viendo el panorama actual sigo diciendo que no existe ningún “malvado liberalismo” en España, como algunos no se cansan de repetir, cayendo en una chifladura poco interesante. Lo único que nos podemos encontrar es la “dictadura de los impuestos”, una degeneración del llamado Estado del Bienestar, el cual ha resultado fallido y que ningún “político” del Consenso piensa tocar. Así que no se crean a esos partidos que hablan de nueva política y regeneración, cuando en el fondo quieren aplicar las mismas medidas -o más intensas- que nos han traído hasta la situación actual: impuestos, impuestos, regulaciones y regulaciones. ¡¡Regeneración es lo contrario!! 

jueves, 5 de marzo de 2015

Monopolio-oligopolio no son libre mercado

Estos días hemos conocido dos noticias acerca de la falta de libre mercado que sufrimos en España, pese a que algunos no dejan de repetir que la crisis actual es culpa del liberalismo y del libre mercado, “que deja vía libre a los empresarios para explotar a sus trabajadores y propicia una ‘dictadura de los mercados’ o ‘dictadura del capitalismo’”, y no aprenden que es más bien lo contrario.

Por un lado se ha conocido el intercambio de información, pacto de no agresión y coordinación comercial en materia de precios (pacto de precios) entre cinco empresas petroleras, como son Repsol, Cepsa, Bisa, Galp y Meroil. Además, dichas empresas llegaron a atacar a gasolineras que bajaban sus precios, como es el caso de Alcampo, en una muestra clarividente de no aceptar nada fuera de lo pactado, no querer libre competencia.

Por otro lado, la segunda noticia tiene relación con la anterior, pero cambiando el sector comercial en el que se ha producido. Esta vez hablamos del sector lácteo, donde once empresas pactaban el precio de la leche e intercambiaban información. 

Dos muestras de oligopolio, en las que son pocas empresas las que abastecen el mercado, por lo que tienen un cierto poder sobre éste para fijar los precios y las cantidades producidas, siendo siempre el consumidor el único perjudicado de estas prácticas.  
El oligopolio es uno de los tipos de competencia imperfecta. El más famoso es el monopolio. Ocurre igual que en el oligopolio, pero es una única empresa la que abastece la totalidad del mercado. Una característica del monopolio es lo que conocemos como ‘coste social’, esto es, el coste que vendrá medido por la diferencia entre el nivel de producción que ofertaría una empresa perfectamente competitiva y el que ofertaría una empresa monopolística. Otra característica negativa del monopolio es la diferencia entre el precio que establecería la empresa competitiva y el que establece el monopolio (los precios del monopolio siempre son superiores a los de la competencia perfecta). 

Tanto el monopolio como el oligopolio representan la competencia imperfecta. Frente a la competencia imperfecta está la competencia perfecta. Un mercado perfectamente competitivo es aquel en el cual todos sus participantes son precio-aceptantes, es decir, ni las decisiones de consumo de los consumidores individuales ni las decisiones de producción de los productores afectan al precio de mercado del bien, a diferencia de los monopolios, en el cual el único participante es precio-oferente.

Las características del mercado de competencia perfecta son las siguientes:
  • Existe libertad de entrada y de salida del mercado. Las empresas pueden entrar o salir libremente del mercado. En los mercados competitivos no hay barreras de entrada, esto es, existe libre concurrencia.
  • Existencia de un número elevado de compradores y productores. Esto implica que la cantidad que cada una de las empresas participantes ofrece en el mercado representa una proporción muy pequeña sobre el total, por lo que no tienen individualmente influencia sobre el precio –lo mismo cabe decir respecto a los compradores-.
  • Existe información perfecta. Todos los participantes tienen pleno conocimiento de las condiciones generales en que opera el mercado. Se conocen los precios, los costes, etc.
  • El bien que producen todas las empresas es homogéneo. Los consumidores no encuentran diferencias entre adquirir el bien a una u otra empresa, consideran que los productos de los diferentes productores son el mismo bien. 

Cierto es que resulta muy complicado que un mercado sea totalmente competitivo, ya que estas características son difíciles de cumplir en su totalidad en todos los ámbitos de la economía. Pero siempre será mejor un mercado que se aproxime más al libre mercado que al regulado por el Estado o por los monopolios-oligopolios, que no son libre mercado por más que algunos se empeñen en ello.

"Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios". Ayn Rand.


Por ello creo que es necesaria una verdadera liberalización del mercado, dejando atrás los monopolios y oligopolios existentes y abrirse hacia un auténtico mercado libre, regido por la ley de la oferta y la demanda y en el que el precio de cualquier bien venga determinado libremente entre comprador y vendedor, aceptado voluntariamente, y no bajo coacción, más propio de la acción estatal.

Para acabar, he de decir que mucha gente suele hablar de libre mercado para referirse a sectores como el de la gasolina o el eléctrico, entre otros. Son dos sectores ultra intervenidos por el poder político, pero algunos hablan de estos sectores en tono despectivo hacia el liberalismo y el libre mercado, cuando no es más que una crítica hacia el monopolio-oligopolio, hacia el mercado pactado, el favorito de ideologías colectivistas como el socialismo o el marxismo, todo lo contrario al libre mercado. A ver si de una vez les entra en la cabeza: ni un monopolio ni un oligopolio son libre mercado. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Se encontrará la salida

Hace un año comenzaron en Venezuela una serie de protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro; iniciadas el 4 de febrero en la ciudad de San Cristóbal (Táchira) y el 12 de febrero en Caracas, el pueblo venezolano se echaba a las calles harto de la alta delincuencia, el alto nivel de la inflación y la amplia escasez de productos básicos, como comida o medicamentos –entre otras causas-.

La delincuencia alcanzó niveles nunca vistos anteriormente. Venezuela se convirtió en el segundo país con mayor tasa de homicidios del mundo en 2014, solo por detrás de Honduras, produciéndose 24.980 muertes de manera violenta, por las 24.763 que se produjeron un año anterior, según los datos del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV). El balance de esta ONG señala un saldo de 82 muertes violentas cada 100.000 habitantes, dato en el que según reconoce OVV, se incluyen los casos de muertes por resistencia a la autoridad.

En cuanto a la inflación, las políticas intervencionistas que Chávez llevó a cabo y que continúa Maduro en la actualidad, han llevado a Venezuela a una situación inaguantable, con una inflación –esto es, el aumento generalizado de los precios durante un periodo fijo de tiempo- que sobrepasa con mucho los 50 puntos (56.2%) durante el año 2013, ocupando el puesto 222 en la clasificación por países, solo superada por Siria. En el año 2014 la inflación aumentó hasta el 68.5%. Éste ha sido uno de los principales motivos de la escasez de productos básicos que padecen los supermercados venezolanos, con sus anaqueles vacíos, al igual que el socialismo del siglo XXI, que no es más que el socialismo de siempre: una ideología vacía de libertad, de futuro y de autocrítica.

Estas protestas, de las cuales se cumplen ahora un año, no han sido las primeras, ni serán las últimas en Venezuela. Mientras el país siga sumido en esta ola de totalitarismo, pobreza y crisis, todo seguirá igual; el pueblo venezolano quiere libertad, no quiere radicalismo ni represión policial al manifestarse por las calles de Caracas o cualquier otra ciudad. Tampoco quieren censura, quieren opinar libremente de su país o de sus dirigentes, como en un país democrático. Ni mucho menos quieren presos políticos, y en Venezuela hay más de medio centenar, llegando a detener por participar en dichas manifestaciones a uno de los líderes de Voluntad Popular, Leopoldo López, quien lleva un año en prisión, y al que la fundación CEPS -de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón- asesoró a Chávez en 2011 acallarlo mediáticamente. Leopoldo López llegó a decir: “que mi encarcelamiento esté contribuyendo en alguna medida al despertar de los venezolanos, vale la pena… Saber que más allá de estas rejas, cada día miles de venezolanos exigen en las calles un cambio pronto, pacífico y constitucional, vale la pena…”. Admirable.

Venezuela no es libre, por mucho que los chavistas de turno digan que sí; por mucho que Pablo Iglesias y demás mafia de Podemos repitan por activa y por pasiva que Venezuela es una referencia fundamental y que Hugo Chávez debe ser un referente para los pueblos del sur de Europa. No. Ni la Venezuela actual ni el comandante Chávez, al cual Pablo Iglesias echa mucho de menos, pueden ser una referencia política ni moral para aquellos que rechazan el absolutismo y defienden al individuo y una sociedad basada en la libertad política y la libertad de expresión, entre otras.

Queda mucho por delante, pero deseo fervientemente que Venezuela llegue al final de este oscuro camino. La luz puede llegar en cualquier momento, y estoy seguro de que se encontrará la salida del chavismo y de la dictadura que comenzó Hugo Chávez y continúa Nicolás Maduro. Y esa salida debe producirse, como bien dice Jesús Torrealba, Secretario Ejecutivo de Mesa de la Unidad Democrática, “con una avalancha de votos, no con un golpe”. Y cuando esa salida llegue y se pueda vivir democráticamente en Venezuela, tocará no olvidar lo vivido durante estos largos años, porque ya saben, quien olvida su historia está condenado a repetirla.