jueves, 26 de enero de 2017

Por qué apoyo a Israel

Es un tema que siempre está encima de la mesa. O estás con Israel o estás en su contra, no conozco ningún caso en el que Israel no suscite amor u odio. Yo, claramente, estoy en el primero. Me gusta Israel. Apoyo a Israel. ¿Por qué? 3 motivos me hacen imposible no apoyarle y sentirme identificado con sus valores.
El primero de ellos es que Israel es la única democracia de Oriente Medio. Según el índice sobre democracia que hace la Unidad de Inteligencia de The Economist, Israel tiene una puntuación de 7.77 sobre 10 (ocupando la posición 34 sobre el total). Entra en la categoría de “democracia defectuosa”, pero esto no indica que no sea democracia, sino que tiene pequeñas taras -como puede ser una cultura política subdesarrollada o problemas de gobernanza- que al corregirlas le permitirían entrar en la categoría “democracia plena”. El resto de países de esta zona geográfica son considerados “autoritarios” o “regímenes híbridos”. Solo Turquía consigue aprobar (5.12), mientras el resto suspende. Líbano ocupa el puesto 102 con una puntuación de 4.9, Palestina (110/4.6), Irak (115/4.1), Jordania (120/3.9) Kuwait (121/3.85), Qatar (134/3.2), Emiratos Árabes Unidos (148/2.75), Irán (156/2.2) y Siria (166/1.4) demuestran lo dicho anteriormente: Israel es la única democracia de Oriente Medio. Del resto de Oriente (Asia) solo le superan Corea del Sur, Japón y Taiwán.
El segundo motivo sigue en esta dirección. Israel es el país más avanzado de Oriente Medio en términos de libertades civiles y políticas y libertad económica. Echando un vistazo al mapa de libertades que realiza cada año Freedom House se ve claramente como Israel es el único país de Oriente Medio calificado como “libre”, con una puntuación de 80 sobre 100. Del resto, solo Turquía consigue aprobar (53 sobre 100). El resto consigue puntuaciones muy bajas en libertades civiles y políticas. En cuanto a libertad económica, más de lo mismo. Israel ocupa, según el informe de The Heritage Foundation de 2016, la posición global 35 con una puntuación de 70.7 sobre 100. Por delante incluso de España. Respecto a Oriente Medio hay algunos países por delante de Israel, como es el caso de Bahrain, Qatar y EAU, quienes solo destacan en este tipo de libertad mientras dejan de lado las libertades civiles.
El tercer motivo es que Israel representa la civilización occidental en una zona donde se imponen otros valores, especialmente rodeado de países islámicos. Mientras quienes quieren destruir a Israel (Hamás e islamistas en general, socialistas del tipo “Israel invasor”, etc.) representan la barbarie, destrucción y persecución al diferente, en Israel se practica todo lo contrario: tolerancia, respeto a cualquier creencia y religión, convivencia, etc. En definitiva, libertad y democracia.
Por estos motivos apoyo a Israel. Está claro que hay muchos que proclaman mitos y mentiras sobre él. Es por ello que hay que desmentirlos y mostrar la realidad. Los hay que quieren que gane la barbarie, destrucción y persecución; pero eso sería la destrucción occidental. Defendamos los valores occidentales, representados perfectamente por Israel.

miércoles, 18 de enero de 2017

¿Pobreza energética? Liberalicemos el mercado eléctrico

Si hay un tema que no deja de aparecer cada vez que llega el frío a España es el de la llamada ‘pobreza energética’, esto es, “cuando un hogar es incapaz de pagar una cantidad de servicios de la energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda” [1].
Sin duda alguna este es un tema propicio para la demagogia y las mentiras de muchos actores políticos y sociales de nuestro país. Desde la confusión de las causas hasta las recetas para intentar solucionar el problema.
Una de las falacias más extendidas a la hora de hablar del mercado eléctrico es que es un sector liberalizado; a la vez que se dice que estamos ante un oligopolio. Liberalizado en el sentido de que se puede elegir empresa eléctrica, comercializadora y distribuidora, pero realmente no estamos ante un sector liberalizado, puesto que el precio soporta altas cargas que no se corresponde con el precio de mercado, sino que tiene que ver con decisiones políticas, como son los impuestos y las subvenciones que inflan la factura.
Como bien señala @Absolutexe, de cada 100€ de facturación, apenas 45 son costes derivados de la electricidad, mientras que los 55 restantes son costes políticos, como indica el gráfico 1. Casualmente, los que más hablan de mercado “libre” y ‘pobreza energética’ suelen ser los que más callan del desglose de la factura de la luz.
Comprobar esto no es complicado. Solo hace falta coger una factura de la luz y observar la diferencia entre el precio de la electricidad (coste eléctrico) y el precio derivado de los costes políticos (impuestos, subvenciones, etc.). Por ejemplo, hace unos días vi una fotografía en una red social de una factura real de luz, cuyo desglose coincide con el gráfico 2.
Como se puede observar, más del 50% de la factura corresponden a impuestos y costes regulados, aquellos que no dependen del mercado eléctrico, sino al poder político, como bien indica su nombre: impuestos y regulación.
Continuamente tenemos que soportar la demagogia de actores políticos y sociales en nuestro país sobre esto, como he dicho antes. Así, muchos no dudan en echar la culpa de un precio alto a las compañías eléctricas. Y como no, piden más intervención. Pero la solución debería venir desde el otro lado: liberalizar de verdad el mercado eléctrico. Que se pague por lo que se consume. Que se puedan utilizar mecanismos de autoabastecimiento eléctrico, como placas solares. Que no se corten las alas del progreso, que es lo que quieren algunos para poder seguir metiendo mano mediante BOE y demás reglas políticas. Que sea el mercado (es decir, oferentes y consumidores) quienes digan qué energía producir, cuánta cantidad y a qué precio y no los políticos de turno y burócratas.
Aquellos que más hablan de ‘pobreza energética’ suelen ser aquellos cuya agenda e ideario político se caracteriza por una mayor intervención pública. El sector eléctrico no iba a ser una excepción.
Si algunos no pueden pagar la factura de la luz y más de la mitad de dicha factura son costes políticos que nada tienen que ver con el consumo energético, la solución es sencilla. Ahora bien, si algunos quieren seguir con la demagogia y las mentiras de que España ya tiene un mercado eléctrico liberalizado y que la culpa del alto precio la tienen las empresas, seguirán mintiendo y orgullosos de ello. No caigamos en sus mentiras.

[1] Pobreza energética en España. Análisis de tendencias. Asociación de Ciencias Ambientales. 2014.

viernes, 13 de enero de 2017

El camino de Podemos

Dicen que en Podemos hay 3 caminos diferentes: uno, el de Pablo Iglesias; el segundo, liderado por Íñigo Errejón; y el tercero en discordia, el de la corriente de Izquierda Anticapitalista, liderado por Miguel Urbán. Eso es, al menos, lo que parece de cara a la Asamblea que tendrá lugar dentro de un mes, la famosa ‘Vistalegre II’.
En estos casi 3 años que han pasado desde las primeras elecciones a las que se presentó Podemos (las europeas de mayo de 2014), hemos asistido a un continuo cambio en varias de las propuestas de la formación morada, para “dejar de dar miedo”, absorbidos por la dinámica electoral y parlamentaria. Y eso es precisamente lo que molesta en la corriente de anticapitalista. Si algo hay que reconocer a éstos es que han defendido los mismos principios y la misma agenda política desde la fundación de Podemos, por ejemplo, la renta básica universal o una reforma fiscal agresiva con los altos salarios y grandes fortunas, políticas, la llaman, que pongan fin a los años de recortes y neoliberalismo del PP.
Durante este tiempo, parece que Podemos haya ido ‘ovejizándose’, pero no debemos olvidar que en el fondo no deja de ser un lobo.
Las 3 corrientes nombradas anteriormente solo mantienen diferencias tácticas y estratégicas -de partido-. En el fondo representan extrema izquierda. Pablo Iglesias con su tono agresivo y Errejón con su tono suave y de acercamiento a otras izquierdas, ambos dos, junto a la corriente de Urbán, tienen una idea de España que llama a romper con lo que somos actualmente. En el camino del marxismo cultural, lo occidental, representativo del machismo, capitalismo feroz, etc. debe ser eliminado y así poder implantar un nuevo modelo de sociedad, la comunista, sin necesidad de alcanzar, por el momento, la revolución armada.
En eso entra en juego la hegemonía; unos más desde abajo y otros desde arriba sin olvidar el contenido de fondo: ‘nosotros contra ellos’. Aunque la institucionalización de Podemos, como la entrada en parlamentos y alcaldías, hace perder la esencia -tensión- populista, en Podemos han seguido con su mensaje: el «Pueblo» contra el «no Pueblo», la oligarquía, encabezada por el PP. Así, intentan ganar esa hegemonía mediante el discurso y el relato, mientras la realidad les da la espalda, como ha ocurrido en las dos últimas elecciones generales.
Creo que después de ‘Vistalegre II’ Pablo Iglesias seguirá al frente de Podemos. Me da igual. Sea quien sea, Podemos seguirá siendo un partido que va en contra del liberalismo político (mucho más contra el económico), base de cualquier democracia medio decente. Al mismo tiempo, Podemos seguirá siendo una herramienta al servicio de los que quieren bolchevizar y balcanizar España, esto es, cambiar la élite actual (corrupta, la cual no defiendo) por otra élite, que también sería corrupta (los fundamentos autoritarios de Podemos y el funcionamiento de la política española dan cabida a ello), con añadido: esa nueva élite sería movida por su sed de venganza, sus ínfulas guerracivilistas y su política del odio.

* Publicado en La Razón

jueves, 29 de diciembre de 2016

No todo es la desigualdad

Uno de los temas favoritos del mainstream económico actual es el de la desigualdad. Y más desde la crisis que comenzó en 2007. Se suele poner el acento en la diferencia de ingresos entre los deciles bajos (menos ingresos) y los deciles altos (más ingresos), hasta el punto de querer hacer ver que un aumento de los ingresos en las clases altas es la causa de una disminución de ingresos en las clases bajas. Es lo que se conoce como falacia de la economía como juego de suma cero, algo que no es real, puesto que lo que ganan unos no es porque lo pierdan otros o viceversa; puede aumentar la desigualdad reduciéndose la pobreza. Entender la economía como un juego de suma cero suele terminar siempre en la misma situación: una agenda política ‘anti-ricos’ en pro de más igualdad.

Aunque hay 3 tipos de desigualdad (renta, riqueza y consumo), habitualmente los medios de comunicación se refieren únicamente a la desigualdad de renta, desechando las dos restantes. Así, suelen decir que España es uno de los países más desiguales de Europa. En desigualdad de renta, sí. En desigualdad de riqueza y consumo ocurre todo lo contrario, como pone de manifiesto el informe sobre desigualdad que realizaron Ignacio Moncada y Juan Ramón Rallo (Instituto Juan de Mariana). En riqueza y consumo España es de los países menos desiguales de Europa.

¿Es la desigualdad el problema más importante? Un estudio del Pew Research Center da a entender que no. Entre las diferentes categorías económicas (economías avanzadas, emergentes y en desarrollo), en ninguna la desigualdad aparece como el problema más importante. Las economías avanzadas optan por la deuda pública (64% vs 56% desigualdad) y las economías emergentes ven como problema mayor el aumento de los precios (77% vs 60%). Por su parte, las economías en desarrollo creen que el mayor problema es el desempleo (86% vs 60%). No todo es la desigualdad, aunque muchos se empeñen en ello.

Creo que se debe poner más el enfoque en reducir la pobreza (esto es, intervenir menos en la economía) y no empeñarse en que la desigualdad sea mala per se. Como bien dice Pedro Schwartz, “no me importa la desigualdad porque no soy envidioso, me importa la pobreza”. Parece ser que España está llena de envidiosos.

* Publicado en La Razón

sábado, 24 de diciembre de 2016

No tengamos miedo a las máquinas

Es habitual encontrar artículos, ya sean periodísticos o académicos, que nadan a favor de la corriente ludita. El ludismo fue un movimiento que nació en Inglaterra a principios del siglo XIX (1ª Revolución Industrial), cuyo objetivo era impedir la sustitución de los mecanismos de trabajo habituales por máquinas. Tuvo su principal foco en la industria textil, donde los telares tradicionales fueron sustituidos por moderna maquinaria. Hoy en día muchos siguen empeñados en el rechazo a las máquinas, según dicen, porque favorecen el desempleo y los salarios bajos.
La creencia de que hay que conseguir pleno empleo sin poner atención a otros factores como la innovación, la productividad y el valor añadido es una falacia muy extendida en nuestros días. Si así fuera, pongámonos todos a remover arena con cucharas, removamos el agua con vasos, seguro que habrá trabajo para todo el mundo. Keynesianismo y todos felices. Pues no.
La tecnología, el uso de máquinas y la expansión fabril han permitido mayor innovación, mayor productividad y, por supuesto, mayor valor añadido que nunca antes. Y eso se ha traducido en mayores salarios. Como bien expuso recientemente el economista Juan Manuel López Zafra en un artículo, “la renta per cápita por empleado, valorada en moneda constante de 1990, ha pasado de los 4.700 dólares en 1870 a los más de 43.000 en 1998 en los países del centro y del norte de Europa. En España, desde 1913 y hasta 1988, se ha pasado de 6.000 dólares a casi 42.000”.
Las máquinas son nuestras aliadas y no nuestras adversarias. Son muchos los que dicen que las máquinas y el proceso tecnológico representan el anti-progreso, pero en realidad es el ludismo y el rechazo irracional a aquellas las que representan el anti-progreso. Si por los luditas fuera, el trabajo del siglo XXI seguiría los patrones preindustralización.
El mercado laboral no es estático. Los trabajos de hoy no son los de hace dos siglos. Muchos de los trabajos dentro de 50 años serán completamente diferentes. Muchos temen a las máquinas y al proceso tecnológico, pero la verdad es que no se ha cumplido lo que los luditas decían en el siglo XIX. Ni los salarios son más bajos ni hay más desempleo. Lo explica Henry Hazlitt en un capítulo de su magnífico libro «La economía en una lección». Las máquinas incrementan la producción y elevan el nivel de vida. Según Hazlitt, eso se lleva a cabo en alguna de estas dos formas: abaratando los productos al consumidor o aumentando los salarios (como consecuencia del aumento de la productividad). Es decir, aumenta el volumen de bienes y servicios asequibles a un mismo salario o aumenta el salario, pudiendo ocurrir ambas cosas, “pero en cualquier caso, máquinas, invenciones y descubrimientos aumentan los salarios reales”.
Por tanto, no hay que tener miedo a las máquinas ni a las nuevas tecnologías. Como he dicho, son aliadas y no adversarias.

* Publicado en La Razón

lunes, 19 de diciembre de 2016

El récord de Obama del que poco se habla

Si ha habido un tema por el que más críticas ha recibido (y sigue recibiendo) el presidente electo de EEUU -Donald Trump- es el de la inmigración. Junto a la promesa de la construcción de un muro en la frontera con México [Bill Clinton ya construyó uno a la altura de San Diego (CA) y Tijuana (México) en 1994] otro de los puntos que más ha llamado la atención ha sido el de deportar a los inmigrantes ilegales y aquellos que crucen de forma ilegal la frontera del país norteamericano, junto a los que tengan expedientes criminales, como expone en su programa electoral.
Aunque no lo parezca, esto no es una novedad en EEUU. Bien es cierto que muchos (por no decir todos) de los medios de comunicación alineados con la administración Obama, los Clinton y, en definitiva, el establishment estadounidense, han estado constantemente alertando de las medidas propuestas por Trump, como si fuera algo extraño y nunca antes visto, con el único fin de desprestigiarle y caricaturizarle.
Y digo que no es una novedad porque la deportación y expulsión de inmigrantes es una cuestión que han llevado a cabo todos los presidentes de EEUU, como muestra el gráfico 1. Y no por ello se es xenófobo o racista; es una cuestión diferente.
 Fuente: 2015 Yearbook of Immigration Statistics (Table 39)
Como se puede observar, durante el siglo XX las deportaciones no fueron abundantes, aunque sí estaban presentes. En 1997, durante el gobierno demócrata de Clinton se alcanzó por primera vez la centena de millar con 114.432 expulsiones. A partir de ahí siguieron aumentando hasta la llegada de Obama, cuando se ha alcanzado el record de deportaciones en la historia de EEUU. Durante sus 8 años de mandato Barack Obama ha sumado 2.750.000 de expulsiones hasta el momento (falta sumar el dato de 2016, no disponible aún). Y sin embargo, pese a conseguir un record de tal magnitud en la historia del país norteamericano, poco se habla de ello. Y si se habla, no se tacha la figura del presidente saliente de racista y xenófobo, desde luego. Una doble visión que contrasta con la imagen que suele darse de Donald Trump y su promesa de expulsar a inmigrantes ilegales y aquellos que hayan cometido delito alguno.

viernes, 2 de diciembre de 2016

El embargo y la victimización

Con la muerte del dictador Fidel Castro estamos asistiendo a un nuevo capítulo de la victimización característica de los sistemas políticos imperantes en Latino América. En esta ocasión, los fieles seguidores de la dictadura, no dejan de repetir que Cuba ha sido bloqueada constantemente en estas décadas de castrismo por EEUU y que ese bloqueo no les ha permitido desarrollarse como hubiesen querido.
La victimización ha sido una constante en el discurso del populismo latinoamericano (confrontación, división, enemigo culpable). También del socialismo, que evade cualquier tipo de responsabilidad individual, incluso colectiva, por lo que la culpa siempre es de otro. Desde el Descubrimiento de América hasta nuestros días, excusas varias, aunque casi siempre en el mismo sentido, han ido pasando con los años. Desde los descubridores y colonizadores de América (el mito del buen salvaje, que podemos ver en Michel de Montaigne y Rousseau, por ejemplo) hasta el neoliberalismo, pasando por los ‘yanquis’, el caso es que la culpa nunca es de los indígenas, ni del socialismo del siglo XXI ni de la revolución. Nunca hay autocrítica ni responsabilidad.
Como digo, el embargo no es más que otra victimización, según la cual Cuba es así porque EEUU no le deja progresar. ¿Pero eso es cierto? En 1962 J.F. Kennedy suspendió el comercio con Cuba. 3 años después de la Revolución Cubana. En ese tiempo, Cuba no había progresado. No había indicios de ello. Es más, fueron los propios revolucionarios los que expropiaron bienes estadounidenses en la isla desde su llegada al poder.
No sería hasta la Ley Torricelli (1992), una vez caído el Muro de Berlín y disuelta la URSS, cuando EEUU alienta a los gobiernos de otros países que mantienen relaciones comerciales con Cuba a restringir sus actividades de comercio y crédito, con la idea de imponer sanciones a cualquier país que comerciara a Cuba. 33 años después de la Revolución Cubana. En ese tiempo, Cuba seguía siendo una dictadura y tampoco había progresado económicamente. Fidel Castro había abrazado los postulados socialistas. Eso sí era un bloqueo a la isla.
Desde ese momento, otras leyes han ido surgiendo con la idea de reforzar el embargo contra Cuba mientras siguiera la dictadura castrista a los mandos de la isla.
Desde 1962 a 1992, Cuba podía comerciar con otros países que no fuera EEUU. Y en la actualidad lo sigue haciendo a pesar del supuesto «bloqueo», como demuestran su balanza comercial (exportaciones e importaciones). El problema es que el comercio en un país socialista es así: poco tiene que ofrecer y mucho tiene que demandar en el exterior. El verdadero bloqueo cubano es la dictadura, que impone y persigue a quienes no cumplen, mediante un Estado que ha engullido la economía de la isla. El resto, victimizaciones de quienes aplauden la dictadura. A ellos tampoco los absolverá la historia.

*Publicado en La Razón

jueves, 1 de diciembre de 2016

Sigue la dictadura

Ha muerto Fidel Castro, una de las figuras históricas del siglo XX y uno de los dictadores que más tiempo ha estado en el poder. 47 años al frente del gobierno autoritario que implantó al finalizar la Revolución Cubana, con el desbanco del anterior gobierno, dirigido por el general Batista.
Toda dictadura suele tener como método de cabecera la mentira y la imposición de unos postulados mediante la fuerza, incluso mediante mecanismos de terror. Y Fidel Castro no se iba a quedar atrás. La mentira la utilizó desde el momento que prometió devolver a Cuba la democracia y libertad política (elecciones libres y plurales, medios de comunicación independientes, pluralismo político) que la dictadura de Fulgencio Batista había apartado del camino. Nada de eso ocurrió cuando terminó victoriosa la revolución. No ha habido elecciones libres y plurales. No ha habido medios de comunicación independientes (solo es legal el Granma, afín al régimen, que se comporta como una rama del mismo, con la función de la propaganda). Tampoco ha habido pluralismo político; como ocurre en los regímenes de partido único, los demás partidos han estado ilegalizados y los que no han comulgado con las directrices del régimen, han sido perseguidos, muchos de ellos en el exilio, incluso encarcelados.
Los mecanismos de terror también han sido utilizados por el dictador cubano, al más fiel estilo de Lenin, quien impuso el «terror de masas» en lo que terminaría siendo la URSS, el cual se caracterizaba por la persecución del Otro, hasta su aniquilación, ya fuera social o física. ¿Cuál ha sido el «terror de masas» utilizado por el régimen castrista? Los campos de concentración conocidos como UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), cuya función era, entre otras, acabar con la homosexualidad (“El trabajo os hará hombres”). La Revolución Cubana persiguió a quienes no cumplían con el patrón sexual que impusieron los dirigentes revolucionarios. Las condiciones de vida en las UMAP eran pésimas, como en todo campo de reclutamiento forzoso. Y todo un aparato policial represivo, con persecuciones constantes y cárceles.
Como digo, en la Cuba castrista no ha habido libertad ni democracia. Tanto en el plano económico como político. Freedom House califica de “no libre” mientras The Heritage Foundation cierra su ranking de libertad económica con Cuba, solo superada por Corea del Norte.
Ha muerto Fidel Castro, pero Cuba sigue en manos de un régimen dictatorial encabezado por el hermano de la bestia, Raúl Castro. Los que anhelamos la libertad en la isla caribeña no debemos quedarnos aquí. Ahora es cuando más presión hay que meter. Ojalá podamos celebrar pronto el fin de la dictadura cubana. Libertad para Cuba. Cuanto antes.

domingo, 27 de noviembre de 2016

De cómo el régimen castrista ha empobrecido Cuba

Ha muerto Fidel Castro. Ha muerto el líder de la Revolución Cubana. Aquel que se embarcó en el Granma junto a su hermano Raúl y el Che Guevara, entre otros, con el objetivo de derrocar a Fulgencio Batista del poder. Lo consiguieron e implantaron una dictadura que perdura hasta los días presentes.

Dejando a un lado las técnicas guerrilleras, la propaganda, las falsas promesas de libertad y democracia hacia el pueblo cubano, ¿cómo ha cambiado Cuba en estas 5 décadas y media respecto a otros países que estaban parejos a la isla caribeña?

En términos políticos creo que no habrá ninguna duda, aunque siempre haya gente que no piense por sí misma y se dedique a alabar lo que otros le dicen sin comprobarlo. Las continuas faltas de libertades del pueblo cubano han quedado patentes en estos años. Desde un gobierno autoritario, sin parlamento, sin elecciones libres y plurales, sin pluralidad política, siguiendo por un régimen de represión y persecución hacia los disidentes, aquellos que solo piensan diferente a la élite revolucionaria. 

Porque la Revolución Cubana, al contrario de lo que hacen pensar, dio lugar a una élite que ha vivido de lujo, mientras el pueblo ha vivido y vive todavía sometido. La democracia, entendida como igualdad material por los marxistas, no ha quedado nunca patente en Cuba. Solo se puede hablar de igualdad en la miseria, insisto, mientras la élite dictatorial (una especie de nomenklatura, tomando como referencia la URSS) ha vivido con toda serie de lujos. Uno de los guardaespaldas de Fidel Castro lo ha contado alguna que otra vez: Fidel nunca renunció a los lujos del capitalismo, una cosa era su discurso sobre la "vida austera" que debían vivir los revolucionarios, otra cosa era su modo de vida, que era el de todo un capitalista”. Su hermano Raúl y los más afines al régimen, por el estilo.

Económicamente, un Estado que ha engullido la economía. La falta de libertad económica y capitalismo (inexistente en Cuba) no ha dejado lugar para la prosperidad. Los cubanos han tenido que resignarse durante estos casi 60 años, observando cómo iban siendo pobres, mientras personas y empresas de otros países iban prosperando de la mano de la libertad económica, el bienestar y el capitalismo.

En 1970, Cuba tenía una economía muy parecida a la de países como Corea del Sur o Singapur. Tenían una renta per cápita que no superaban los mil dólares ($653, $292 y $925, respectivamente). Pero hay una diferencia vital. Mientras Cuba no permitía el libre comercio, la empresa privada, la innovación, etc., Corea del Sur y Singapur despegaban económicamente gracias a todo eso que estaba prohibido en la isla caribeña.

Así, en 1990 la diferencia ya era clara: Cuba tenía una renta per cápita que seguía en niveles bajos ($2.707), mientras Corea del Sur y Singapur ya empezaban a probar las mieles del capitalismo: $6.642 y $11.864, respectivamente. Cuba solo había ‘progresado’ x4, mientras Corea del Sur multiplicaba x23 en esos 20 años y Singapur x13.

Y en la actualidad, la diferencia es mucho mayor. Tres economías más o menos parejas en 1970 son ahora completamente diferentes. En 2013 (último año con datos de los 3 a la vez), la renta per cápita de Cuba ascendía solo a $6.790 (apenas x10), mientras que Corea del Sur y Singapur han despegado definitivamente: $25.998 (x89) y $55.618 (x60).

Fuente: Banco Mundial

Así pues, ¿hay alguna duda de que el régimen castrista no ha permitido salir de la pobreza al pueblo cubano? Tanto económicamente como políticamente, Cuba es pobre. Las promesas se quedaron en eso. Cuba no conoce la democracia ni la libertad bajo esta dictadura comunista. Tampoco conoce el capitalismo, el único sistema económico posible para que un país prospere y salga adelante, con capital, innovación, emprendimiento y libertad económica.

Otra prueba de ella la tenemos en los salarios. El salario medio cubano en la actualidad está en torno a 700 pesos cubanos al mes ($27), mientras que en Corea del Sur alcanza $2.151 y en Singapur algo más de $3.000. Y es que se vive mucho mejor en una economía capitalista. ¿Cuántas cestas de la compra puedes llenar con el salario medio cubano y cuántas con el salario de Singapur? En Venezuela, otro país donde el Estado ha engullido la economía, el salario mensual medio está en torno a $30. Casualidades de la vida, o no tanto, Cuba y Venezuela cierran junto a Corea del Norte (la totalitaria) el ránking de libertad económica. Libertad es prosperidad. Centralizar la economía no funciona y así ha quedado patente en los diferentes ensayos a lo largo de la historia en esa dirección.


Es cierto que ha muerto Fidel Castro. Pero no ha terminado la dictadura. No ha terminado el castrismo y todo lo que ello supone: violación de derechos civiles y políticos y el secuestro de la economía por parte de la élite, del régimen dictatorial. Cuba debe mirar hacia adelante, sin olvidar su pasado. Ojalá podamos celebrar todos juntos, más pronto que tarde, el fin del régimen castrista y el inicio de la libertad. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

El mito del 'austericidio'

La Fundación FAES ha presentado esta semana un informe [escrito por el profesor Santiago Álvarez García] sobre la senda presupuestaria de España en estos últimos años, desde que comenzara la crisis económica. Fundamentalmente viene a desmontar el mito de la austeridad y lo que algunos llaman ‘austericidio’.
Como indica el propio informe, “la contribución del gasto público a este proceso de consolidación ha sido menor que la de los ingresos”, poniendo de manifiesto que si bien los ingresos cayeron como consecuencia de la burbuja, ahora parece que se están recuperando de nuevo, a base de subidas impositivas, todo sea dicho.
El problema viene por el camino del gasto público, el cual se ha mantenido prácticamente intacto desde que comenzara la crisis. “En el año 2009, el gasto no financiero de las Administraciones Públicas se situó en 493.865 millones de euros. En 2014 se había reducido a 465.610 millones y en 2015 volvía a aumentar hasta 470.702 millones, según la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE)”, expresa el autor del informe.
Desde que comenzara la crisis económica, el gasto público de España siempre ha estado por encima de los ingresos. Esta situación sería insoportable en cualquier empresa o familia. No así en un Estado, el cual es mantenido por el dinero de los contribuyentes y puede tener pérdidas constantemente, ya que se echará mano de los impuestos para aumentar los ingresos o de la deuda pública, la cual no ha dejado de aumentar en estos años, poniendo de manifiesto lo dicho.
Decir que en España ha habido ‘austericidio’ no es más que simple propaganda de aquellos que quieren más Estado; para ello necesitan engañar y decir que el Estado ha sido desmantelado por la imposición del Totalitarismo Invertido, como llaman algunos al «malvado neoliberalismo». Soltada la mentira y creado un marco falso, necesitan que muchos les crean y les sigan el juego, un juego perverso, el de la mentira.
Y en esas estamos, oyendo a todas horas simples mentiras. Llaman austeridad a un proceso por el cual se gasta más de lo que se ingresa, en un momento histórico en el que los Estados nunca fueron tan grandes, nunca gastaron tanto y nunca recaudaron tantos impuestos. Lo dicho, el mito de la austeridad.

* Publicado en La Razón