miércoles, 23 de noviembre de 2016

La hipocresía contra Donald Trump

Esto no empezó con la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales, viene de más atrás. Hablo de la hipocresía de muchos, sobre todo desde la izquierda, contra el presidente electo. Durante la campaña electoral hemos podido escuchar todo tipo de ataques contra él, con la inmensa mayoría de medios de comunicación en su contra. La imparcialidad y la labor comunicativa de los medios han estado muy cuestionadas en estos meses, no es para menos.
Y los hay que han aprovechado el contexto de un candidato agresivo (en su comunicación política), con medidas un tanto peculiares, para atacarle directamente, incluso dentro del propio GOP (Grand Old Party, como se conoce al Partido Republicano).
Y también los hay que le han atacado por plantear medidas que otros presidentes anteriores a él llevaron a cabo en su momento, casualmente, sin alboroto y sin quejas (o no tan exageradas) de los que ahora claman al cielo cuando las menciona Donald Trump. Me estoy refiriendo, sobre todo, al muro en la frontera con México, la deportación de inmigrantes ilegales y el proteccionismo como bandera económica.
La administración Clinton comenzó a construir en 1994 un muro en la frontera entre San Diego (CA) y Tijuana (México). Quienes critican a Trump, ‘olvidan’ ese pequeño detalle. Los hay que comparan la política migratoria de Bill Clinton con las propuestas de Trump, diciendo que no están tan lejos el uno del otro. De hecho, los propios discursos de Clinton, como el que pronunció en el “State of the Union” de 1995, cuando dijo que EEUU «es una nación de inmigrantes, pero también una nación de Ley» y había que «evitar el abuso de la ley por parte de algunos inmigrantes».
En el tema de las deportaciones, Barack Obama ha sido el presidente que más inmigrantes ilegales ha expulsado de EEUU en más de 30 años: casi 3 millones de personas. Nuevamente quienes protestan por la promesa de Trump, callan ante las masivas deportaciones de Obama. Incluso Bill Clinton [cerca de 900.000] deportó más inmigrantes que Reagan [169.000 aprox.], con quien algunos comparan a Trump, etiquetándolos, como no, en el «neoliberalismo».
Por el camino económico, en los últimos años han proliferado muchas más medidas proteccionistas que liberalizadoras en el marco del G-20. Tanto es así que en el año 2016 triplican las primeras a las segundas, siguiendo la senda de años anteriores. Casi nada. ¿El proteccionismo del G-20 es bueno y el de Trump es malo? Que me lo expliquen.
Todo esto pone en evidencia una cosa: solo se quejan cuando Trump lo dice, mientras ‘olvidan’ lo que presidentes demócratas han hecho, o incluso gobiernos de Europa con medidas parecidas.
Estamos ante el interés de muchos por demonizar a Donald Trump y de blanquear a otros, entre ellos al propio matrimonio Clinton. También de callar las mismas políticas cuando son otros los responsables. Por cierto, Trump no ha tomado posesión todavía. Leyendo a algunos parece el responsable de la situación mundial. Hipocresía en estado puro: ¿importa más la policy en cuestión o solo quien la lleva a cabo?

* Publicado en La Razón

jueves, 17 de noviembre de 2016

Más libertad, menos pobreza

Un tema que nunca deja de estar presente en los medios de comunicación y todo tipo de debates es el de la pobreza. Ahora bien, todos de acuerdo en que debemos ir reduciéndola, no todos están de acuerdo en la receta para mejorar en ese aspecto.
Los hay que manipulan y hacen demagogia con los datos (pues no es otro su objetivo que mentir), escandalizando e intentando hacer ver que hay más pobres de los que realmente hay; o, entendiendo mal la economía, que hay más pobres porque a la vez hay más ricos. La falacia de la economía como juego de suma cero, tan utilizada por sectores políticos que hacen del odio al capital (entre comillas) su modus operandi.
Y los hay que equivocan desigualdad y pobreza, atribuyendo la primera como si fuera la segunda. Así pues, persiguen la desigualdad en vez de querer acabar con la pobreza. Ignorancia de fondo, pues todos los seres humanos somos desiguales desde el momento de nuestro nacimiento. Hay capacidades que nunca podrán ser iguales. Se empeñan en igualar en los recursos y la economía, interviniendo desde el Estado, algo que solo tiene un camino: la igualdad por abajo, en la pobreza, acabando por cumplir lo contrario al objetivo principal. Se empeñan en querer redistribuir persiguiendo la creación de riqueza y eso nunca ha funcionado, ni lo hará.
¿Entonces cómo podemos hacer que la pobreza sea cada vez menor? Más sencillo de lo que parece: con libertad económica. Según la Heritage Foundation, aquellos países con mayor libertad económica tienen una intensidad de la pobreza menor (0.07) que los países con economías más intervenidas (0.22).

Por otro lado, el Fraser Institute señala también las diferencias de pobreza según el grado de libertad económica. Mientras que en las economías libres solo el 1.9% (de media) de la población vive en la pobreza extrema (vivir con 1.9$ al día), en las economías más controladas aumenta hasta el 30.6%. Lo mismo ocurre con la pobreza moderada (vivir con 3.1$ al día); en las economías libres solo el 2.3% de la población vive en esas condiciones, mientras que en las economías menos libres la cifra aumenta hasta el 48.1%. Entre medias, los demás tipos de economías (el segundo y tercer cuartil), produciéndose una disminución del porcentaje de población en situación de pobreza conforme aumenta la categoría de libertad económica.

Asimismo, según el Fraser Institute, los ingresos del 10% más pobre multiplican algo más x10 los ingresos del mismo sector de población de las economías más controladas. Dicho de otra manera, es mejor ser pobre en Suiza que en Cuba.

Es una obviedad, por tanto, que gracias al mercado, la función empresarial, el comercio libre, etc.; y pese a tantas intromisiones de los diferentes poderes públicos, el mundo es menos pobre ahora que hace uno o dos siglos. Y también, pese a que muchos intentar hacer ver lo contrario, la pobreza sigue disminuyendo en las últimas décadas. Según la propia Heritage Foundation, a la vez que hay mayor libertad económica se reduce la pobreza, como demuestran los siguientes dos gráficos.


Si queremos menos pobreza, debemos poner los ojos en países como Suiza, Canadá, Irlanda, Australia, etc., siempre primeros en libertad económica, y no tanto en países que destrozan sus economías, como es el caso de Venezuela, Cuba, Argentina, Corea del Norte, etc.
Las mentiras y demagogia de algunos hacen creer que para reducir la pobreza, y acabar con ella, necesitamos lo que ellos dicen, que suele ser mayor intervención en la economía. Como ya se ha visto en los párrafos anteriores, eso no lleva a reducir la pobreza, sino a aumentarla. Si de verdad queremos acabar con la pobreza [la desigualdad no es mala per se], es sencillo: libertad económica y dejar crear riqueza en vez de perseguirla.

martes, 15 de noviembre de 2016

Los gráficos que desmontan el supuesto "neoliberalismo" de EEUU

Si hay alguna palabra que no dejan de repetir los anticapitalistas y antiliberales en general, sean del país que sean, es "neoliberalismo", como un peyorativo de liberalismo, según el cual los Estados son más pequeños debido a la austeridad, privatizaciones, desregulaciones, libertad económica total y el poder, dicen, en manos de las grandes empresas y el poder económico.

En EEUU también hay una especie de pensamiento que va por ese mismo camino. Anticapitalistas como el senador Bernie Sanders, la periodista y escritora Naomi Klein o el economista Paul Krugman, entre otros, no dejan de repetir el relato que hace del establishment una especie de "neoliberalismo" que ha destruido y destrozado el país. ¿Pero es verdad todo eso? Analicemos el gasto público y la libertad económica de EEUU en los últimos años para ver si tienen razón o es simple propaganda.

Gasto público

¿Se ha recortado en EEUU tanto como dicen algunos? Tomando como referencia el año 2007, cuando comenzó la Gran Recesión, podemos ver el camino que ha ido tomando el gasto en el país norteamericano. No se aprecian recortes, sino más bien lo contrario.

Fuente: www.usgovernmentspending.com

Por su parte, el gasto público per cápita se ha mantenido, por lo general, intacto durante estos años, demostrando que de austeridad y recortes, nada.

Fuente: www.usgovernmentspending.com

Algunos pueden pensar que el gasto público ha aumentado por los intereses de la deuda y por el gasto militar, por ejemplo, mientras se ha podido recortar en las políticas públicas que suponen, en teoría, un mayor bienestar: educación, sanidad, pensiones y protección social; lo que se conoce como gasto social.

¿Se ha recortado el gasto social en EEUU? Al igual que ocurre con el gasto público total, también el gasto social describe un aumento desde que comenzara la crisis económica, desmontando cualquier hipótesis sobre austeridad y recortes.

Fuente: www.usgovernmentspending.com

Libertad económica

¿Es verdad que se ha privatizado, desregularizado y que el poder lo tienen las grandes empresas? Si eso fuera verdad, se debería identificar un proceso de auge de libertad económica. Es decir, que hubiera más libertad para crear empresas, que hubiera más libertad para comerciar, tanto a nivel nacional como internacional, que hubiera más libertad financiera, etc. Como se suele decir, más espacio para el capital y menos para la Administración Pública.

Pero nada de eso se ha producido en EEUU durante estos años. Más bien lo contrario. La libertad económica se ha reducido, tanto con gobiernos demócratas como republicanos. Cuando cayó el Muro de Berlín, fecha a la que muchos aluden como el inicio de la expansión del capitalismo "salvaje", EEUU ocupaba el puesto 3 con una puntuación de 8,43 sobre un máximo de 10. En 2014, ocupó el puesto 16 con una puntuación de 7,75.

Fuente: Fraser Institute

Desde el año 2007 (medido en 2008), la libertad económica estadounidense ha seguido cayendo, además, en todos los aspectos. Salvo en la libertad del mercado laboral, donde obtiene casi la misma puntuación, en el resto de apartados económicos ha ido perdiendo libertad.

Fuente: The Heritage Foundation

¿Se puede decir que EEUU esté inundado de "neoliberalismo"? Vistos estos gráficos podemos decir que se trata de propaganda anticapitalista, puesto que nada de lo que achacan se da en la realidad. No ha habido recortes, ni en gasto público total ni en gasto social, no hay un poder total de las empresas (simplemente compadreo entre esas empresas y el propio Estado, lo cual no es laissez-faire ni liberalismo) y no hay una intensa desregulación favorable al capital. Por el contrario, el gasto público sigue aumentando y año tras año EEUU sigue cayendo en libertad económica. Abrir los ojos y ver la realidad depende de cada uno. Creerse las mentiras de otros, también.

* Publicado en Libertad Digital

jueves, 10 de noviembre de 2016

La propaganda de Naomi Klein

El pasado domingo Jordi Évole entrevistó en Salvados a Naomi Klein, periodista y escritora, famosa por su postura anticapitalista, defendida entre otros libros, en «La doctrina del shock».
«¿Eres antiestablishment?», le pregunta Évole, a lo que Klein responde: «Sí, soy anticapitalista». Klein cae en la trampa habitual del relato anticapitalista de relacionar establishment y capitalismo, como si fueran lo mismo. Así, no dudan en demandar más Estado, más gasto público, más impuestos, etc., basándose en un relato falso: la actual crisis es culpa del capitalismo, del establishment, que ha desregulado y privatizado todo y reducido el Estado hasta el punto de no existir prácticamente gasto social, como llega a sostener la propia Klein durante la entrevista.
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¿Cuál es el origen de esta posición? Como se puede observar en el libro que he citado antes, Klein tiene una profunda obsesión con la Escuela de Chicago, cuyo representante más reconocido es el economista Milton Friedman. Klein acusa a dicha Escuela de introducir el «capitalismo del desastre» (también llamado «neoliberalismo») mediante shocks (algo así como golpes, crisis; de ahí el título del libro) por América y Europa, incluso partes de Asia, atribuyendo a la propia Escuela de Chicago la invasión americana a Irak.
Para Naomi Klein el capitalismo se caracteriza por tres cuestiones: eliminación del rol del Estado; libertad de movimientos absoluta de las empresas; y gasto social prácticamente inexistente. Ella misma se contradice al decir que impera el capitalismo, pues ninguna de esas tres condiciones se dan hoy en día: los Estados nunca han sido tan grandes como en la actualidad; las empresas se encuentran sometidas a muchas regulaciones (véase BOE en España), más cuando algunas tienen que soportar las conexiones con el poder político, sin competencia; y decir que no hay gasto social es, simplemente, una estupidez [en España, por ejemplo, el gasto social ha pasado de 243.000 millones en 2007 a 294.000 millones en 2015].
Otra de las tonterías que dice Klein en su libro es que el capitalismo, o lo que ella piensa que es capitalismo, necesita de autoritarismo político para poder aplicarse. Pone como ejemplo a Friedman y sus consejos a Pinochet para que liberalizase la economía chilena. Por supuesto, la autora ‘olvida’ decir que también le pidió libertades civiles para el pueblo chileno, porque si se ‘acordara’ desmontaría su relato. La realidad desmonta muy fácilmente ese “argumento”: los países con economías más libres tienen a su vez mayores libertades civiles y políticas, como ponen de manifiesto los informes del Fraser Institute y Freedom House.
En definitiva, el programa sirvió para tener constancia una vez más de la propaganda anticapitalista, que confunde capitalismo con mercantilismo e imperialismo y que solo sabe repetir consignas del tipo «el neoliberalismo mata» y por el estilo. Mentiras todas. Como no, ni una condena hacia las dictaduras de izquierdas. Deben ser el modelo de Klein...

* Publicado en La Razón

viernes, 4 de noviembre de 2016

La política del odio

Decía Paul Guggenheim que el odio es una pasión cuyo objetivo es el daño premeditado de otros. Está relacionado, según él mismo, con nociones de “revancha” o incluso “venganza”. En la política española lo hemos visto muchas veces, pero actualmente no pasa un solo día en que el odio no forme parte del discurso o acción de ciertos actores políticos, ya sea desde el parlamento, la universidad o la calle, mediante discursos, manifestaciones y protestas que trascienden lo pacífico y democrático.
Esas nociones de venganza y revancha las vemos muy bien reflejadas en el discurso de Podemos o el PSOE zapaterista. Siguen anclados en muchos aspectos en la España de los años 30, previa a la Guerra Civil. No lo han superado y ansían cambiar el curso de la historia.
Asimismo, el odio ha sido reflejado en varias ocasiones por algunos diputados de Unidos Podemos. La última, en la sesión de investidura de Mariano Rajoy, donde vimos como Pablo Iglesias miraba fijamente, muy serio, al diputado de C’s José Manuel Villegas. Esa mirada desprendía odio, como consecuencia del antagonismo político del “nosotros contra ellos”.
En democracia hay adversarios, en el populismo esos adversarios pasan a la categoría de enemigo. A un adversario hay que ganarle, pero de forma legítima y sin enfrentamientos que vayan más allá de lo político. Cuando pasamos de adversario a enemigo entra en juego el odio. Ya no solo hay que ganarle, sino también se intenta acabar con él de alguna manera. El enfrentamiento ahora sí va más allá de lo político, entrando en lo personal, llegando al ataque verbal, o incluso, físico.
Esto anterior lo pudimos ver a la salida de algunos diputados de C’s del Congreso después de la investidura de Rajoy. Algunos manifestantes de Rodea el Congreso tiraron algunos objetos a dichos diputados; incluso hubo quien llamó “puta” a alguna diputada, como han denunciado a través de las redes sociales.
Se pasa del odio a la violencia, azuzados por un discurso de “trincheras” y de aumentar el antagonismo, que hemos escuchado, por ejemplo, a Pablo Iglesias en más de una ocasión. Cuando te crees dueño de la voluntad popular, crees que ellos van contra ti (pueblo) y ves como legítimos mecanismos de protesta que pasan de la civilización a la agresión.
Para entender la relación entre el populismo, el odio y la violencia hay que entender las palabras del cardenal König, quien decía que muchos se aprovechan de la ideología para apelar a los sentimientos y apartar la razón, apelando a los instintos bajos de las masas y consolidan prejuicios para inculcar con más fuerza esos componentes (sentimentales) en dichas masas.
El populismo divide y antagoniza, bajo un discurso del odio hacia el “anti-pueblo”. Consecuencias (no) lógicas de esto, aparecen las agresiones y el enfrentamiento personal entre diputados o entre diferentes en una sociedad que debe ser plural y de adversarios políticos, no enemigos.

* Publicado en La Razón

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La hipocresía contra la investidura

Finalmente hubo investidura de Mariano Rajoy con la abstención del PSOE. Desde posiciones radicales han seguido con su relato de que el PSOE va de la mano del PP para seguir gobernando en base a lo que digan desde la UE; que el PSOE abraza una gran coalición con el señor de la Gürtel y los recortes; que este nuevo gobierno no representa la voluntad popular; etc.
Mentiras a un lado, la hipocresía de algunos no tiene límite, parece ser. Desde Unidos Podemos, por ejemplo, se han quejado de que la abstención del PSOE deja en bandeja el gobierno al PP. Dicen que ellos (UP) seguirán luchando contra la corrupción y los recortes desde la posición que les corresponde. Un momento, ¿corrupción y recortes?
UP, que siempre ha hablado de formar un gobierno alternativo de la mano del PSOE, Convergència, ERC y (quizás) PNV. ¿De qué corrupción y recortes se quejan entonces? Quejarse de la Gürtel mientras quieres gobernar con el partido de los ERE, con el partido del caso Palau y las comisiones de Pujol. Ahí es nada. Y en cuanto a los recortes, ¿es que el PSOE no recortó en la recta final de la segunda legislatura de ZP? ¿Y la antigua CiU con Mas como presidente de la Generalidad de Cataluña? Ya saben, la “manipulación del olvido selectivo”.
Luego están los que protestan porque el PSOE se abstenga para que gobierne un partido de derechas. Convergència y el PNV, ¿qué son? Si les molesta tanto la derecha, ¿por qué quieren llegar a acuerdos con la derecha catalana y vasca? El derecho a decidir  y la ruptura de España, para llevar a cabo el proyecto político de Podemos, puede ser una clave, pero no deja de ser una incoherencia si basas tu discurso en rechazar a la derecha.
Lo que esto pone de manifiesto (quejarse de corrupción, recortes y derecha mientras quieres pactar con otros partidos que también tienen casos de corrupción, han recortado y son de derechas) es la hipocresía de ciertos sectores políticos en torno a la investidura de Mariano Rajoy.
Lo que de verdad querían (y quieren) desde Podemos es evitar a toda costa cualquier gobierno del PP, como han demostrado en Ayuntamientos y CCAA. Esa es su verdadera meta. Todo esto viene del discurso de la Nueva Izquierda, representado por Zapatero y continuado por Podemos, como bien explica el politólogo Jorge Vilches: «El populismo socialista de Podemos es la evolución lógica del zapaterismo: el guerracivilismo, el anticlericalismo, el odio al capitalismo, el apartamiento del PP, la exaltación de la segunda República revanchista y “roja” (...) Todo envuelto en un evidente infantilismo emotivo, sentimental, que desde las entrañas pretende movilizar, tener razón y llegar al poder para no soltarlo jamás. No conciben la alternancia, ni la existencia del adversario, como empezó a señalar el PSOE zapaterista con su Pacto del Tinell»
Solo ellos representan la democracia y la voluntad popular: el apartamiento del PP, como señala Vilches, es consecuencia de esa idea de no-alternancia y de que no exista adversario alguno. Esa es, pues, la verdadera meta de Podemos. Lo de corrupción, recortes y derecha, la hipocresía de muchos para esconder lo verdaderamente importante.

* Publicado en La Razón

jueves, 20 de octubre de 2016

Contra el libre mercado

La compañía Comuto Iberia, nombre comercial de la plataforma de coche compartido Blablacar en España, ha afrontado en la Comunidad de Madrid su primera sanción en Europa por no tener “autorización” para ofrecer “un servicio de transporte público”.
Como ya ocurriera con UBER, se persiguen aquellos servicios que la sociedad civil, mediante el ingenio y la innovación, pone en marcha para mejorar, en este caso, el transporte urbano e interurbano de un país.
Cuando hay libre mercado [no es el caso, ni de lejos, de España] cada consumidor demanda un producto en base a lo que existe (oferta). Siempre hay movimientos en busca de satisfacer dicha demanda. Y también al contrario, si un producto no es demandado, dicha oferta fracasará, por muchas horas de trabajo que lleve incorporado dicho bien o servicio, porque como bien dice el profesor J. M. López Zafra, el mercado no premia el esfuerzo, sino el valor añadido. Si ofreces algo que no tiene valor para los consumidores, fracasarás, por mucho esfuerzo que hayas desarrollado.
UBER y Blablacar son ejemplos de iniciativas de libre mercado y no deberían ser penalizados por ello. Los poderes públicos muchas veces se disfrazan del gusto de los consumidores, poniendo trabas o directamente prohibiendo una iniciativa empresarial, si esta pone en riesgo “lo establecido” en el sector pertinente. Por lo que dichas trabas o prohibiciones fortalecen los monopolios establecidos, como en este caso, el Taxi, uno de los sectores más regulados en cuanto a transporte se refiere. Nada que ver con mercado libre.
Las multas a estas iniciativas, prohibiciones, continuar con la actual legislación [causa de esta persecución] nos harán quedarnos por el camino, seguir encasillados en lo viejo y no abrir los ojos al progreso económico. Los países que menos trabas ponen al libre mercado son los que más prosperan. Pero en España, de momento, seguimos muy lejos de ello.

* Publicado en La Razón

martes, 18 de octubre de 2016

Anti-establishment

Podemos definir «establishment» como aquellos poderes políticos y económicos-financieros (élites) que mandan en sus respectivos países, o incluso en varios de ellos a la vez a través de organismos supraestatales, como puede ser la Unión Europea; y la relación entre ellos. Dichos poderes son constantes en el tiempo, y no se trata tanto de personas, sino más de ideas y acciones políticas y económicas.

Han surgido en los últimos años multitud de movimientos anti-establishment a lo largo y ancho del mundo, como respuesta, principalmente, a la crisis económica que comenzó a partir de 2007 y la fractura de algunos sistemas políticos, como estamos viendo en España, basado en un aumento del descontento de la gente (que no desafección, la cual es más o menos constante a lo largo del tiempo) hacia sus clases dirigentes.

La idea de estos movimientos es clara: la crisis es causada por el establishment y la solución vendrá de la mano de los anti-establishment, por lo que a mayor nivel de crisis y más direcciones de éstas, mayor espacio para su discurso [anti-establishment].

La crisis económica que comenzó en 2007 puso de manifiesto el contexto perfecto para los movimientos anti-establishment actuales, basado en un relato falso, necesario para las metas ideológicas de muchos de estos movimientos. Se ha hecho un análisis equivocado de las causas de dicha crisis, y por tanto, se ponen sobre la mesa soluciones también equivocadas para intentar solucionarlo. No dejamos de leer en algunos libros y periódicos y de oír en debates, mítines, programas de televisión, radio, etc. que la crisis actual ha sido consecuencia del capitalismo de libre mercado (laissez-faire): austeridad, desregulación, poder absoluto de los mercados, etc. En realidad, nada de eso ocurrió en los años previos, ni durante los años más duros de la crisis económica.

Así pues, los movimientos anti-establishment actuales son movimientos políticos que llevan en su agenda política, básicamente, más control, más intervención y la recuperación de la soberanía nacional (cedida a las multinacionales o a la Unión Europea, el Euro, etc.). Si la crisis fue culpa del liberalismo, necesitamos avanzar (dicen) en una nueva dirección, que sea anti-liberal, identificando en la mayoría de ocasiones al establishment con capitalismo radical y liberalismo (neoliberalismo lo llaman).

El anti-establishment per se no es la solución a nada; depende del foco político-económico y las propuestas que se lleven en la agenda política. Aunque la gran mayoría de los anti-establishment actuales son intervencionistas y anti-liberales, puede haber movimientos en contra de las élites que propongan menos intervención y mayor libertad y cooperación, de verdad, entre la gente. Que defiendan una devolución de sectores estatalizados a la sociedad civil. Como digo, el movimiento anti-establishment en cuestión depende de la óptica política y económica que defienda.

Como he dicho antes, una de las demandas de estos movimientos es la recuperación de la soberanía, cedida a entes que están por encima de los Estados, o incluso, a empresas y el ‘Capital’, según dicen ellos mismos. Recuperar soberanía puede sonar bonito, es verdad, pero estamos ante el mismo problema: no hay soberanía individual y sigue habiendo coacción desde la clase dirigente [ya sea considerada establishment o anti-establishment] a la clase dirigida.

«Establishment» o «anti-establishment», nos controlan desde su posición de poder, nos dirigen e intervienen en todo lo que pueden. Manejan la política y la economía a su antojo. Se relacionan con empresas amigas, dando todo tipo de favores desde su posición privilegiada. Un movimiento anti-establishment no es la solución a nada mientras sigan haciendo un relato falso, con el que consiguen mayor espacio político. Mientras sigan proponiendo mayor control, mayor intervención, en definitiva, seguir aumentando el poder de la política y la burocracia sobre los individuos, seguiremos con el mismo problema, aunque lo disfracen de “democracia”, “pueblo”, “soberanía”, etc. También los cerdos de la granja de Orwell eran anti-humanos y acabaron sin poder distinguir quién era cerdo y quién humano.

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jueves, 13 de octubre de 2016

¿Nobel de la Paz?

El Nobel de la Paz 2016 ya tiene dueño: el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El Acuerdo de La Habana, rechazado por el pueblo colombiano en el plebiscito del 2 de octubre, ha conseguido que el Comité del Nobel terminara por fallar a favor del mandatario colombiano.
Este premio es una vergüenza. Como explicaba en estas mismas líneas hace una semana, la paz es otra cosa, no el acuerdo rechazado en plebiscito. Debe haber garantías de paz, es decir, la plena disolución de las FARC-EP, la entrega de las armas, la colaboración con la Justicia y la indemnización a todas y cada una de las víctimas. En el Acuerdo de La Habana no hay garantías de paz, solamente unas palabras de los terroristas de querer poner fin a su actividad armada, colaboración del presidente Santos de por medio, para pasar a una especie de impunidad y participación política mediante mecanismos antidemocráticos, como la asignación de escaños sin necesidad de tener los votos necesarios para ello.
Como digo, este premio es una vergüenza, y el motivo mucho más. Según el propio Comité, Juan Manuel Santos ha realizado grandes esfuerzos para finalizar la guerra civil que dura más de 50 años. ¿Guerra civil? En Colombia no ha habido una guerra, sino la acción terrorista de un grupo que ha sembrado de odio y terror Colombia durante 52 años.
Esto nos lleva al falso relato que no dejo de escuchar entre los partidarios del ‘sí’: aquellos que votaron ‘no’ quieren que continúe la “guerra” y serían los culpables de una hipotética vuelta a la acción violenta de las FARC-EP. Como bien dice el profesor Rogelio Alonso, «la coacción que se ha ejercido desde medios políticos y periodísticos -no solo en Colombia, sino también en España- al transferir la responsabilidad por la continuidad de la violencia a aquellos ciudadanos que legítimamente dudan de la conveniencia del Acuerdo, exonerando así a los verdaderos responsables del terror: las FARC».
Que no engañen. La paz no se conseguirá con el Acuerdo de La Habana [bien rechazado por el pueblo colombiano]. El Nobel de la Paz no responde a tal. Juan Manuel Santos ha querido entregar poder político y (más) económico a los terroristas. Los que han votado ‘no’, quieren una paz de verdad, no impunidad y entrega a los terroristas; siguiendo con las palabras de Rogelio Alonso, «el loable objetivo del final de la violencia exige huir del pensamiento dicotómico que descalifica como “enemigos de la paz” y propagadores de odio y rencor a quienes legítimamente discrepan de determinados métodos como los que han salido derrotados en el plebiscito». Que algunos se lo apunten.

* Publicado en La Razón

jueves, 6 de octubre de 2016

Colombia: la paz es otra cosa

Este domingo se votó en Colombia el plebiscito sobre el Acuerdo entre el Gobierno y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo), por el cual, y una vez que la guerrilla ha cesado su actividad armada, se pondrían una serie de cesiones a los terroristas sobre la mesa, que los colombianos han rechazado. Eso sí, por poco margen: el ‘no’ ganó con el 50.22% de los votos, por el 49.77% que cosechó la opción del ‘sí’. Hay que resaltar la alta abstención en esta histórica votación: tan solo votó el 37.4% del censo.
Pese a que muchos han insistido en esa idea, el domingo no se votó sobre la paz o continuar la guerra, básicamente porque en Colombia no ha habido guerra, sino un grupo terrorista. Lo que se sometía a plebiscito era blanquear la imagen de las FARC-EP, una especie de impunidad que incluía la participación política de estos criminales, llegando a asegurar escaños sin necesidad de que fueran votados. Un disparate en toda regla y un atentado hacia la democracia, que aquellos que se cuelgan carteles de “demócratas” ni han rechistado. Qué casualidad.
Como bien dice el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, «la paz es ilusionante, pero los Acuerdos de La Habana son decepcionantes»; puesto que dichos acuerdos pretendían borrar, de alguna manera, de la “memoria colectiva” (algo que no existe, pero que gusta mucho entre colectivistas) los años sangrientos de las FARC-EP.
La paz es otra cosa, no el acuerdo que rechazó el pueblo colombiano. Las FARC-EP deben mostrar verdadero arrepentimiento, entregar todas las armas que aún tengan, colaborar con la Justicia en los crímenes que queden por resolver, dar luz en la ‘oscuridad de la guerrilla terrorista’ y, por supuesto, resarcir a todas y cada una de las víctimas.
Y para participar en política, desde un lado demonizar estos 50 años de actividad terrorista por sus propios integrantes y simpatizantes, y desde otro lado, que la sociedad civil colombiana no olvide estas 5 décadas de sangre y terror, ni la ideología de dichos terroristas: el marxismo-leninismo, fuente de pobreza, sangre y falta de libertades allá donde se han implantado (no es casualidad que siempre desde la violencia, como han pretendido durante este tiempo las FARC-EP) en cualquiera que sea el Estado, desde la URSS hasta Cuba, pasando por la RDA.

La Memoria y la Dignidad [como debe ocurrir con ETA en España] debe venir desde la Justicia, no desde un acuerdo político en vistas de dotar de impunidad y querer borrar la historia desde el órgano encargado de contar la “verdad oficial”, el Estado; como sucede con las leyes de “memoria histórica”. Y la paz, por tanto, debe pasar por una rendición y entrega de los terroristas, no desde la impunidad y el olvido.

* Publicado en La Razón