miércoles, 6 de abril de 2016

El mito de la austeridad desde el déficit público

Hace unos días, el Gobierno español presentaba finalmente el déficit público del ejercicio presupuestario correspondiente a 2015. Como era de esperar –debido a evidencias de años anteriores–, el déficit iba a ser superior al objetivo marcado por Bruselas, que era del 4.2% del PIB.
España registró un déficit público del 5.16% del PIB (sin contar el descuadre provocado por la ayuda financiera), como se puede observar en el siguiente cuadro que ha presentado el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas:
Para 2016, el objetivo marcado con la Unión Europea es del 2.8%. Es decir, se necesitaría un ajuste de 24.000 millones de euros. Difícil tarea mientras no se ponga remedio donde más se necesita: en el gasto público, el cual sigue desbocado desde que empezara la crisis económica.
Los continuos incumplimientos con Bruselas – y el propio déficit – evidencian que en España no hay rastro de aquello que los estatistas han venido llamando en los últimos años austeridad. No se puede hablar de austeridad desde un enfoque real; solo desde la propaganda que utilizan dichos sectores, pidiendo más poder y más recursos para el Estado. Desde la Transición, España solo ha estado 3 años en superávit; ¿adivinan qué años fueron? Exacto, los años en los que se estaba cocinando el pinchazo de la burbuja: 2005, 2006 y 2007.
El déficit público medio desde 1980 ha sido un 4.26% del PIB. Aquellos que dicen que ha habido austeridad por unos recortes insignificantes –concentrados, sobre todo, en 2012 y 2013– faltan a la verdad. En España no ha habido nada parecido a la austeridad; llevamos 3 décadas y media gastando más de lo que se ingresa –salvo en 3 años, como he dicho antes–. Esto tiene dos posibles soluciones: ingresar más o gastar menos.
Para ingresar más –a diferencia de lo que se suele pensar– no hay que subir impuestos sino bajarlos, sanear la economía, dejar atrás el capitalismo de amiguetes impuesto por los sucesivos Ejecutivos de PP y PSOE desde los años 80; en definitiva, impulsar una reforma económica de verdad, para acercar a España a los primeros puestos de libertad económica. Objetivo harto imposible con la actual clase política, ‘compadreada’ con una parte importante de la clase empresarial –privilegiada a base del BOE–, y no menos imposible con los partidos que vienen por detrás, amenaza bolivariana de Podemos inclusive.
Para gastar menos hay que dejar atrás la mentalidad estatista que impera en la sociedad española y apostar por un sistema económico que tienda hacia la liberalización –la privatización no es positiva per se– y eliminar gran parte de las regulaciones que ‘ponen la mano en el cuello’ a todos los sectores económicos. Si el Estado es coacción y violencia, ¿por qué seguir legitimando las actuaciones en su nombre?
Mientras nada de esto ocurra, el déficit público continuará en una España que, anclada en el consenso socialdemócrata, prefiere las cadenas a la libertad. Mientras sigamos teniendo un Estado de tales dimensiones, no conoceremos lo que son unas cuentas públicas saneadas. El saqueo –más aún– a los ciudadanos, que son los que crean riqueza, no debe ni tiene que ser la solución a los errores que cometen continuamente los políticos.

jueves, 31 de marzo de 2016

El bloqueo de Cuba es la dictadura comunista

La semana pasada el presidente de los Estados Unidos -Barack Obama- visitó Cuba en lo que fue una visita histórica: un presidente americano visitando el país de la revolución de los Castro. Como no podía ser de otra manera -debido a la gran ignorancia patente en una amplia variedad de sitios-, muchos salieron en defensa del régimen comunista que tomó el poder por la fuerza en Cuba a través de aquella revolución que comenzó en la Sierra Maestra, al sur del país caribeño.
La consecuencia inmediata de la victoria de los guerrilleros cubanos, entre los que se encontraban los hermanos Castro y Ernesto ‘Che’ Guevara, fue la implantación de un Estado socialista -con el espejo de la URSS-, una dictadura comunista que ha ido sumiendo a Cuba en una desesperación continua, inefables violaciones de libertades civiles y una economía engullida por un Estado autoritario. (Informe de Freedom House sobre Cuba: Not Free).
Son conocidas las promesas varias que los vencedores de la Revolución llevaron a cabo en los primeros meses de poder, como se puede ver, por ejemplo, en la película de Woody Allen Bananas, y leer en periódicos de la época. Promesas tales como elecciones libres y universales, hacer de Cuba un país democrático, existencia de partidos políticos, restablecer la libertad de prensa, etc.
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Pronto esas promesas se quedaron en aguas de borrajas y la dictadura empezó a sacar su verdadero espíritu (¿cuál si no?) restrictivo, endureciendo sus políticas liberticidas, de engaño y de persecución a aquellos que no profesaran su simpatía hacia el régimen establecido cruelmente por los “guerrilleros de Sierra Maestra” y que no siguieran el juego a los líderes de la revolución. Es decir, aquellos que fueran parte del “no-pueblo”, dignos de ser eliminados por el bien común y el desarrollo del propio “pueblo”.
Como he dicho en el primer párrafo, ante esta visita de Obama, muchos salieron en defensa del régimen cubano, diciendo que EEUU tiene que echar abajo el bloqueo que permanece desde hace varias décadas sobre Cuba. Aquellos que demonizan la iniciativa privada y los intercambios voluntarios a través del mercado, echan la culpa al bloqueo de que Cuba no se haya desarrollado. Aquellos que dicen que EEUU es el enemigo, se quejan de que les bloquean económicamente. La coherencia brilla por su ausencia. Lo que ha impedido el desarrollo de Cuba es el régimen comunista. Es la creencia de que un Estado autoritario pudiera desarrollar per se un país.
El socialismo es un error, como ha quedado patente en todos los experimentos socialistas del último siglo. Por todo el mundo. Sin excepciones. La clave para que Cuba pueda desarrollarse está en cotas de libertad que permitan construir una Cuba con mayores dosis de bienestar. Todo pasa por acabar con la dictadura. Mientras la isla siga engullida por una dictadura y por el comunismo, no hay nada que hacer. Seguirán siendo pobres, malviviendo entre la miseria, sin posibilidades de construir un futuro fuera del patrón oficial, el que dicta el “centro director” -que diría Hayek-, la dictadura.
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No tengo dudas de que una vez que Cuba deje atrás el terror del gobierno autoritario de los Castro (que lleva padeciendo casi 60 años), el bloqueo americano se terminará inmediatamente. Mientras la potestas continúe en manos de la dictadura comunista, quejarse del bloqueo no tiene mucho sentido, cuando es la propia dictadura la que no deja progresar al “pueblo” cubano; como ocurre en todos los sistemas autoritarios/totalitarios, el Mesías que viene a salvar a “su pueblo” termina convirtiéndose en el enemigo de éste. El caso cubano no es una excepción. El bloqueo cubano tiene un nombre: dictadura comunista (y acólitos).

miércoles, 30 de marzo de 2016

¿España necesita una nueva política económica?

Era el año 1921 cuando en una Rusia destruida por la I Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique y, como consecuencia del “comunismo de guerra”, el X Congreso del Partido Comunista decidió, por petición de Lenin, poner en marcha lo que se conoce como la Nueva Política Económica (NEP).
Propaganda relativa a la NEP
La NEP fue creada para revitalizar al país a causa de la guerra mundial, la revolución, la guerra civil y la hambruna. Esta fue una decisión impuesta por las circunstancias, un “repliegue estratégico” en la construcción del socialismo justificado por el atraso económico de Rusia. “No somos lo suficientemente civilizados para pasar directamente al socialismo, a pesar de que las políticas tienen sus primeros frutos“, declaró Lenin.
En el contexto actual, en la España de 2016, también necesitamos una nueva política económica, que deje atrás el consenso socialdemócrata que padecemos desde hace varias décadas y apostemos por una liberalización de los diferentes sectores económicos y sociales,que nos devuelva a la sociedad civil aquello que el Estado nos ha ido quitando poco a poco coactivamente.
Sin duda ninguna, el mercado que necesita una profunda remodelación, en ese camino de la liberalización, es el mercado laboral. Con una tasa media de paro que supera el 15% en la era democrática, y pasando del 20% en los últimos años, ésta reforma es más necesaria que nunca. Debemos mirarnos más en el espejo de aquellos países, que con más libertad económica, tienen mayor productividad, mayores salarios y menos paro (sin salario mínimo, además).
Otra reforma básica debería ser la relacionada con las pensiones. Pasar de la estafa del sistema de reparto a un sistema de capitalización debería ser el camino para que podamos recuperar algo que el consenso nos ha arrebatado: el ahorro y la responsabilidad.
Sin dejar de lado la más que necesaria liberalización de la sanidad y la educación (homeschooling). Y, por supuesto, el fin del régimen oligopólico de la energía y los combustibles (oligopolio por poder del Estado y no del mercado, como dicen algunos erróneamente). 
En definitiva, apostar más por el liberalismo -inexistente en España-, y dejar atrás experiencias socialistas -en mayor o menor grado- que solo traen pobreza, miseria y ausencia de felicidad.

sábado, 12 de marzo de 2016

Iniciativas del cambio

Hace unos días, después del primer debate y correspondiente votación de investidura, en la cual, el candidato socialista Pedro Sánchez no logró conseguir los apoyos necesarios, desde Podemos se lanzó a través de las redes sociales un hashtag llamado #IniciativasDelCambio. El plan era hacer diferenciar entre sus propuestas y las del pacto PSOE-C’s, que eran la continuidad de las políticas llevadas a cabo por el PP en la anterior legislatura, según Podemos.
Estas propuestas seguían el camino del programa electoral del partido de los círculos (aunque cada vez éstos tienen menos importancia y casi todo se decide desde la cúpula). Más control, más impuestos (casi siempre desde el discurso ‘ricófobo’), más gasto, etc. Como buenos populistas que son, desde Podemos han demostrado manejar como nadie la hegemonía de la que nos hablara el filósofo marxista Antonio Gramsci en su momento.
Proponer iniciativas que siguen el sendero del consenso socialdemócrata anclado en España desde hace varias décadas no es cambio. Desprender un aroma a comunismo no suena a ninguna novedad. El cambio, por tanto, no puede venir desde políticas que ya se han aplicado con anterioridad, en mayor o menor grado de intervención estatal.
Proponer unas iniciativas del cambio no es tan complicado: basta con proponer cosas que nunca se hayan visto en el pasado, como son las políticas liberales, invisibles en el consenso actual. Liberalizar sanidad y educación, liberalizar sectores ultra intervenidos (como el suelo o la energía), bajar drásticamente los impuestos, reducir el gasto público desbocado, legalizar las drogas, cerrar las TV públicas, etc.
Llamar #IniciativasDelCambio a propuestas que piden más Estado me parece un insulto a la inteligencia. El cambio debe venir desde propuestas que emponderen de verdad a la gente, es decir, que los políticos devuelvan a la sociedad sectores que han intervenido descaradamente con el paso de los años.

viernes, 26 de febrero de 2016

El mito de la austeridad

Una de las palabras más repetidas en la actualidad (sobre todo desde la izquierda y la extrema izquierda) es “austeridad”. Así, echan la culpa a la austeridad del “desmantelamiento del Estado del Bienestar” en España (y en la Unión Europea). ¿Pero es algo real? ¿Existe austeridad en España?

Para comprobar si en España estamos inmersos en un “cruel austericidio” como dicen muchos agentes sociales y partidos políticos, me centraré en los principales indicadores, como son el déficit público, la deuda pública y los gastos e ingresos públicos. Un informe de Fedea nos ayudará a entender un poco mejor todos estos indicadores.

Gastos e ingresos. Déficit público





Como se puede observar, desde que comenzara la crisis económica (2007), el gasto público siempre ha estado por encima de los ingresos. Esta situación, insoportable en cualquier empresa, no así en un Estado, el cual es mantenido por el dinero de los contribuyentes y puede tener pérdidas constantemente, ya que se echará mano de los impuestos para aumentar los ingresos o de la deuda pública, la cual pagarán las generaciones posteriores.
Cuando se gasta más de lo que se ingresa surge el déficit. España ha sufrido (y sigue sufriendo) un déficit público muy elevado. En la actualidad se sitúa en torno al 5% del PIB, pero en años anteriores llegó a alcanzar el 11% del PIB (2009).
Analizando el primer gráfico nos damos cuenta de que los recortes de los que hablan algunos no han sido tales. En 2007, el gasto público estaba por debajo del 40% del PIB, mientras que en 2014 superó el 44%. Es decir, en plena crisis económica, el gasto público aumentó. Mucho más si lo comparamos desde 2003, fecha en la que nadie se quejaba de recortes y “Estado del Bienestar desmantelado”, pese a gastar poco más del 38% del PIB.
Por su parte, los ingresos del sector público se sitúan en 2014 ligeramente por encima de su nivel de 2003.
El gasto en las “políticas de bienestar”
El Estado del Bienestar se caracteriza por 4 políticas públicas: sanidad, educación, pensiones y prestaciones por desempleo. ¿Cuál ha sido el gasto en estas partidas presupuestarias a lo largo de la crisis?


Como indica el estudio citado anteriormente, “el gasto real por habitante se ha reducido en casi 9 puntos entre 2009 y 2014. Esta reducción, sin embargo, llega después de un incremento acumulado de 23 puntos entre 2003 y 2009, con lo que sigue habiendo un incremento neto de unos 14 puntos entre 2003 y 2014, o una ganancia de más de un punto anual en el gasto real por habitante” durante el período analizado (2003-2014).
“Los datos, por tanto, no respaldan la percepción de quienes consideran que desde 2009 se ha producido un enorme recorte del gasto que está comprometiendo gravemente los servicios públicos esenciales, al menos si suponemos que estos funcionaban razonablemente bien antes de la crisis”, señalan los autores del informe.

Tampoco ha habido grandes recortes en sanidad y educación, las dos políticas públicas que “más se han perjudicado desde el Gobierno central del Partido Popular”, según la izquierda y extrema izquierda de nuestro país (Y eso que la competencia de gasto en estas dos políticas públicas corresponde, casi en su totalidad, a las Comunidades Autonómas). Observando el gasto por usuario en sanidad y educación, “el gasto corriente real dividido por el número de usuarios muestra un patrón que ya resulta familiar: fuertes ganancias hasta 2009 seguidas de un recorte en los últimos años de la muestra que nos deja en niveles similares a los existentes al comienzo de la crisis, con ganancias aún muy respetables durante el conjunto del período analizado”, desde 2003.
Como indica Juan Ramón Rallo, no ha habido recortes que hayan desmantelado nuestro Estado del Bienestar. Un gráfico, en la línea de los anteriores, sobre el gasto en políticas del bienestar, nos ayudará a entenderlo.

En la línea del informe de Fedea, Rallo expone cómo ha variado el gasto por habitante en las políticas de bienestar. Desde 1995, se ha producido un aumento año tras año, inclusive los dos primeros años de la crisis económica, para después producirse un ligero recorte desde 2009 hasta 2013, año en el que vuelve a repuntar el gasto en dichas políticas.
Deuda pública
Otro indicador que desmonta el mito de la austeridad es la deuda pública, la cual no ha dejado de crecer durante toda la crisis económica. En diciembre de 2007 teníamos una deuda pública del 35.5% del PIB. A finales de 2015 alcanzaba prácticamente el 100% del PIB.

En solo 8 años la deuda pública española ha aumentado un 65% del PIB, es decir, algo más de 650.000 millones de euros. Desde algunos sectores, que casualmente coincide con aquellos que no dejan de repetir que la austeridad ha mermado el Estado del Bienestar y que hay que poner fin a los recortes, no se ha dejado de repetir que el aumento de la deuda pública es consecuencia del rescate a las cajas de ahorros. Nada más lejos de la realidad. Dicho rescate costó alrededor de 60.000 millones de euros, según el Tribunal de Cuentas y el Banco de España. La deuda ha aumentado casi 11 veces más que la cuantía del rescate, por lo que no se puede afirmar que el aumento de la deuda pública haya sido consecuencia exclusivamente del rescate a las cajas de ahorros. Rescate que, por otro lado, no tiene nada que ver con el liberalismo y la austeridad.
Conclusión
Por tanto, y como se puede comprobar, en España no ha habido austeridad. Desde 2003 (y años anteriores) el gasto público aumentó considerablemente, para solo reducirse una pequeña parte a partir de 2009. En la actualidad el tamaño del sector público y de los servicios públicos esenciales es superior o similar al nivel registrado en 2007, en plena burbuja y comienzo de la crisis económica.
Como señala el informe en su conclusión, la historia reciente de las cuentas públicas españolas se parece muy poco a la que se suele contar. Si se abre el foco del análisis y se analiza la evolución del gasto público desde los primeros años del euro (desde 2003 en nuestro caso), en vez de tremendos recortes que llegan ya al hueso del estado del bienestar, lo que vemos es más bien un extraordinario aumento de gasto hasta 2009 que sólo se ha revertido en parte desde entonces”.
La propaganda y el populismo de unos y otros llevan a identificar una falsa austeridad como la causa de un falso Estado del Bienestar desmantelado.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La radicalización de la política: Frente Popular, populismo y hegemonía

La década de 1930 se caracterizó por una España dividida y una Europa dominada por los totalitarismos: fascismo-nazismo y comunismo soviético. La Segunda República, un régimen que no fue democrático ni en los orígenes ni en su propio desarrollo, era la forma de Estado que había en España.

Transcurridos los dos primeros bienios (reformista y radical-cedista), en el horizonte republicano estaba la convocatoria electoral de febrero de 1936. Una España cada vez más dividida estaba llamada a las urnas entre una polarización política “izquierda-derecha” cada vez más evidente.

La radicalización política se había ido expandiendo entre socialistas y comunistas. Las derechas eran demonizadas por las izquierdas, cuya idea era la de un régimen que solo les pertenecía a ellas, como describe Dalmacio Negro en su libro Sobre el Estado en España: "La izquierda se consideró y se proclamó a sí misma la depositaria de la legitimidad republicana". Como consecuencia de ello, ocurre en la actualidad lo siguiente: asociar república con socialismo (e izquierda en general).

A finales de 1935 empezó a gestarse una gran coalición de partidos de izquierdas que se preparaba para las elecciones de febrero de 1936: el Frente Popular. El discurso político del frentepopulismo hizo de la invocación de “lo popular”, y de la unión de las fuerzas “del pueblo”, la matriz simbólica a partir de la cual generar la dicotomía de campos antagónicos en lucha que, frente al fracaso de las insurrecciones violentas y de la huelga general revolucionaria de octubre de 1934, la coyuntura histórica abierta con la convocatoria de elecciones generales a comienzos del 36 conllevó la puesta en práctica de una nueva estrategia política, ahora electoral: la del Frente Popular de las izquierdas.



La radicalización del Frente Popular estuvo precedida de una radicalización de las bases populares en la etapa 1934-1936 y tuvo su detonante en el estallido de la Guerra Civil Española, pues la opción frentepopulista no fue otra que volver a las reformas republicano-socialistas del primer bienio (abril 1931-noviembre 1933).

El transcurso de los acontecimientos reveló que a las elecciones de febrero de 1936 se presentaron dos grandes bloques ideológicos y antagónicos entre sí: la derecha, encabezada por la CEDA, que identificaba al Frente Popular como un “pacto revolucionario bolchevique”; y la izquierda, agrupada en el Frente Popular, integrado por sectores obreros, socialistas, comunistas (aunque éstos no formarían parte de los gobiernos de coalición y la meta final seguiría siendo la de la insurrección revolucionaria y la "dictadura del proletariado", como ha explicado en varias ocasiones el historiador Stanley Payne) y republicanos de izquierdas. Los comunistas habían variado su posición respecto de los socialistas (a los que hasta entonces había considerado como "enemigos" de la revolución) tras el VII Congreso de la III Internacional celebrado en Moscú en el verano de 1935, donde Stalin había lanzado la nueva consigna de formar "frentes antifascistas", abandonando la hasta entonces dominante tesis del Social-fascismo. En definitiva, derechas e izquierdas representaban dos concepciones del Estado (y la sociedad): autoritarismo conservador y autoritarismo-comunismo soviético.
















El populismo es la movilización de masas cuyo objetivo es identificar a un “enemigo del pueblo”. Suele desarrollarse a partir de un efecto de causas económicas, por lo que sus raíces (y el enemigo identificado) suelen estar relacionados con la pobreza, la marginación, la desigualdad, algunos problemas sociales, etc.

La aparición del líder populista suele seguir el mismo patrón: exaltación de la personalidad, carisma, providencialismo y demagogia. Simultáneamente se fabrica el “enemigo” o los “enemigos” contra quienes se dirigen todos los reproches y acusaciones y contra quienes se fomenta y canaliza el odio de la colectividad. Es aquí donde se produce la formación de una frontera antagónica que separa al “pueblo” del poder político existente en ese momento.

La “fabricación” del enemigo en el ámbito individual y social es un elemento estratégico a disposición de los populistas y de sus grupos satélites. En su concepción de la política (a partir de que el enemigo es el “malo” y el aliado es el “bueno”)  se crean apoyos, adhesiones y solidaridades internas y también externas a la causa del líder populista.

Como el populismo surge a partir de causas económicas (aunque también puede surgir de causas políticas, es más fácil que el populista consiga apoyos en tiempos de crisis económicas), los grupos de pobreza son los más sensibles a la prédica reivindicatoria y se entregan fácilmente a la seducción del populista. Aquellos grupos más afectados por la crisis económica abrazan con mayor facilidad las ideas del líder.

El populismo se articula con masas enfermas de frustración, pobreza y humillación que, en su desesperanza, se entregan en brazos de caudillos redentores. No resulta exagerado decir que el populismo es una manifestación de una “patología social”. Una especie de síndrome, es decir, un conjunto de síntomas característicos de una enfermedad. Lo fue muy claramente en la Alemania de la primera postguerra mundial con Hitler. Antes lo había sido en la angustiada Italia de Mussolini. A mediados de los años 40 en Argentina fue el fruto de la llamada “década infame” en la que campearon la frustración y la humillación.

El populismo se basa en un discurso de rasgos “redentoristas”, apelando más a la emoción que a la razón y que suele ofrecer soluciones mágicas para los problemas de la gente. El líder se presenta como el símbolo de la redención popular mientras que sus enemigos encarnan todos los males. Es una contraposición dogmática entre el bien y el mal, la redención y la ruina, la honradez y el latrocinio. Los populistas buscan siempre el contacto directo con el pueblo, desechando los métodos de representación política tradicionales, y tienden permanentemente hacia una línea autoritaria de poder. Reivindican para sí un origen popular (se presentan como hombres comunes del pueblo, conocedores de sus problemas, que por sus extraordinarios méritos han asumido el liderazgo) y reclaman constantemente que el pueblo confíe en ellos. El populismo consiste, por tanto, en identificar la voluntad del líder como si fuera la "voluntad del pueblo". Todo lo que vaya en contra del líder será visto como el “no-pueblo” y por tanto, será también el enemigo identificado.

Volviendo a la España del Frente Popular, el “pueblo” sería todo aquel que compartiera las ideas frentepopulistas. Por tanto, el “no-pueblo” serían las derechas, la Iglesia y todo aquello que no compartiera ideas y acciones del Frente Popular; como diría La Pasionaria: “una defensa instintiva del pueblo frente al peligro fascista”. Ese “peligro fascista” era el “no-pueblo”, entre otros.

Para que el populismo sea efectivo, es necesario que haya entrado en juego con anterioridad la hegemonía culturaldesarrollada por el filósofo marxista Antonio Gramsci. Antes de controlar el poder político (de que el “pueblo” le “encomiende” esa tarea al líder populista), es necesario controlar el campo intelectual y moral. Como afirma José Aricó, “para el proletariado la conquista del poder no puede consistir simplemente en la conquista de los órganos de coerción (aparato burocrático-militar) sino también y previamente en la conquista de las masas”.

En base a la hegemonía cultural entra en juego la revolución cultural, concepto desarrollado también por Gramsci y llevado a cabo por Mao Zedong (Mao Tse-Tung), histórico dirigente comunista chino. La revolución cultural significó una persecución inquisitorial y fanática contra todo lo que “olía” a capitalismo y “derechismo” en los mandos gubernativos, políticos y culturales de China. Para Mao era cuestión de movilizar a las masas a fin de expulsar por la fuerza a los seguidores del “camino capitalista”. Por tanto, la revolución cultural consiste en acabar con todo aquello relacionado con el “no-pueblo”, básicamente. Se conquista a las masas eliminando todo aquello que al líder populista no le interese.

Estas prácticas de la radicalización política parecen propias del siglo pasado, pero no son exclusivas de dicho tiempo histórico. En la actualidad lo podemos ver alrededor del mundo, también en España. Movimientos como el 15-M y el partido político surgido de éste, Podemos, son las cabezas visibles del populismo en la política española actualmente

Cuando parte de la sociedad ve con buenos ojos términos como “el pueblo”, “los de abajo”, “la gente común”, está claro que la hegemonía cultural se ha llevado a cabo desde el núcleo del populismo hacia las bases (el exterior, las masas). Cuando se emplean términos como “que paguen más impuestos los ricos” están dando a entender que el enemigo identificado por estos movimientos son los ricos, entre otros. ¿Recuerdan que los movimientos populistas obtienen más apoyo entre las clases más desfavorecidas? Ahí tienen otra explicación a ese “que paguen más impuestos los ricos” que no dejan de repetir desde Podemos y demás partidos de extrema izquierda.

Es normal que desde Podemos utilicen todas las tácticas populistas, al fin y al cabo asesoraron a Chávez y Maduro en Venezuela, el adalid del populismo en la actualidad.

Peligrosamente puede acercarse el PSOE a esa radicalización política (que comenzó Rodríguez Zapatero con su acercamiento a los nacionalismos) si acepta un Frente Popular ocho décadas después del que desencadenó la Guerra Civil. Recuerden que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. En este caso, no creo que la ignorancia sea tan grande y en el PSOE no conozcan su propia historia ni la de su país. Aunque si la conocen a veces no demuestran tal. Veremos si el PSOE es capaz de formar parte de otro Frente Popular 80 años después.

jueves, 4 de febrero de 2016

Las cuentas de Pedro Sánchez

El camino hacia la formación del nuevo Gobierno va despejando algunas dudas y dejando otras nuevas. Pese a que el PP ganó las elecciones del pasado 20 de diciembre, y por tanto todas las miradas para intentar formar gobierno apuntaban hacia el Presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, éste ha rechazado por dos veces la propuesta de ser él quien intentase formarlo en primer lugar, por lo que el Rey Felipe VI ha encargado dicha misión al candidato del PSOE, Pedro Sánchez.

Como todos sabemos, los resultados del 20-D fueron una novedad. El actual panorama político también lo es. Por tanto, todo está siendo una novedad a la hora de formar gobierno. Una de esas novedades es que por primera vez el ganador de las elecciones no va a ser el primero en someterse a la confianza del Congreso de los Diputados e intentar formar el Ejecutivo. Otra novedad que llama poderosamente la atención es que el partido que va a intentar formar gobierno en primer lugar (PSOE) ha conseguido sus peores resultados en una elecciones generales (solo 90 diputados, nunca había bajado de 100).

Ahora bien, el camino que tiene Pedro Sánchez por delante no es nada fácil, ni sencillo de saber que puede pasar a partir de ahora. La formación de gobiernos en los sistemas parlamentarios siempre necesita paciencia, demasiada a veces. Esta parece que será una de esas veces.

Como dice el artículo 99 de la Constitución, la primera votación de investidura debe ser superada con mayoría absoluta (176 votos a favor). De no alcanzar dicha mayoría absoluta, se celebraría una segunda votación de investidura 48 horas después de la primera, en la que sería necesario alcanzar la mayoría simple (más votos a favor que en contra, sin contar las abstenciones) para superar la investidura del Presidente del Gobierno.

Pero Pedro Sánchez lo tiene muy complicado ahora mismo para formar Gobierno, a la vista de resultados electorales y declaraciones de los candidatos restantes. Todos hablan de dos caminos para Sánchez: pacto con Ciudadanos y abstención del PP por un lado, y pacto con Podemos e IU-UP (junto a nacionalistas) por otro. Habría un tercer camino posible, pero rechazado por Albert Rivera y por Pablo Iglesias: un pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos. Me centraré, por tanto, en los dos primeros caminos.

Primer camino: Ciudadanos y PP

 Es el favorito de algunas viejas glorias del PSOE y por lo que Rajoy apostaba, salvando las distancias de que para el actual Presidente debía ser el PP quien encabezara dicho pacto al ser el partido más votado.


Sería investido en segunda votación, pero no es un pacto viable, ya que el Partido Popular ha dicho que no apoyará (ni con voto a favor ni mediante abstención) a un candidato que no sea Mariano Rajoy. 

Segundo camino: Podemos e IU-UP

Este es el pacto del “gobierno de cambio y progresista” que propone Pablo Iglesias. El problema de este camino es que se necesitaría que entraran en juego los nacionalistas catalanes: ERC y DyL. Y ambos han dicho que su decisión es votar en contra de Pedro Sánchez. Si se mantienen firmes en ese voto en contra, este camino sería imposible. También Ciudadanos ha dejado clara su intención de votar en contra de cualquier pacto en el que esté presente Podemos.


Aunque el resto de partidos (PNV, EH-Bildu y CC-PNC, que suman 9 diputados) votara a favor de Pedro Sánchez, los votos a favor solo alcanzarían los 170, por lo que la investidura no saldría adelante por este camino si se cumple dicho escenario. 

Para que Pedro Sánchez logre la investidura por este segundo camino, es necesario que se abstenga uno de los partidos nacionalistas catalanes mientras que los nacionalistas vascos voten a favor. Si los nacionalistas vascos votan en contra, sería necesario el voto a favor tanto de ERC como de DyL (178 a favor; 172 en contra). Podrían entrar en juego las abstenciones de unos u otros, con lo que variaría la necesidad de apoyos del resto.

Lo que queda claro es que los nacionalistas catalanes tendrán mucho más peso que los nacionalistas vascos en la negociación, ya que si ERC y DyL votan SÍ y PNV y EH-Bildu votan NO, Pedro Sánchez sería investido, como acabo de decir. Pero si ocurre lo contrario (nacionalistas catalanes votan NO y nacionalistas vascos votan SÍ), el candidato socialista no lograría los apoyos necesarios para superar la investidura (169 a favor; 180 en contra).

En política todo puede cambiar. Lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro y pasado mañana gris. Pero a día de hoy, y mientras el PP siga rechazando apoyar a otro candidato que no sea Rajoy, mientras Podemos y Ciudadanos sigan rechazando ir juntos en un pacto y mientras los nacionalistas catalanes sigan convencidos de votar en contra, no hay investidura posible para el candidato del PSOE. Las cuentas, hoy por hoy, no le salen a Pedro Sánchez.

martes, 26 de enero de 2016

El Estado contra la voluntad del individuo: el caso de las drogas

Los Estados modernos, en su intento de crear “ciudadanos modelos”, han impuesto una serie de normas y leyes injustas, en contra de la propia Ley, que diría el economista liberal Frederic Bastiat, la cual debe proteger de ataques ajenos, únicamente, Vida, Libertad y Propiedad de cada individuo. Una de esas leyes es la ilegalización de las drogas. Dentro de las muchas libertades que los poderes públicos han ido arrebatando a los individuos, la cuestión de las drogas es una de ellas.
Las drogas deberían ser legalizadas y liberalizadas. Tanto la producción como la distribución y el consumo. Es una cuestión del más básico individualismo: mi cuerpo me pertenece a mí y tu cuerpo a ti. Por tanto, debe ser el individuo quien decide qué sustancias toma o deja de tomar, aun cuando sean sustancias que le perjudiquen -juicio que debe realizar el individuo-, pero nunca debe ser el Estado (políticos y burócratas, básicamente) quien haga de padre de cada uno de nosotros y nos diga lo que debemos hacer o no en cada acción que realicemos. Cada uno debe ser libre de consumir lo que desee, mientras no haga daño y atente contra otros.
La Guerra contra las Drogas (War on Drugs)
La Guerra contra las Drogas (la cual comenzó el Gobierno de EE.UU. presidido por Richard Nixon) no es más que la persecución del Estado hacia individuos libres y responsables, que deciden hacer uso de sustancias que los propios poderes públicos consideran que son dañinas. Pero dicha Guerra ha sido (y sigue siendo) un auténtico fracaso. Ha fracasado en impedir el abuso de las drogas. Ha fracaso en evitar muertes por consumo de drogas. Ha fracasado en mantener las drogas fuera de las manos de los adictos. Ha fracasado en mantener las drogas lejos de los adolescentes. Ha fracasado en reducir la demanda de drogas. Y ha fracasado en detener la violencia asociada con el tráfico de drogas.
A la hora de evaluar la Guerra Contra las Drogas, la interrogante radica entonces en si todas estas vidas perdidas, todo el dinero, toda la violencia, toda la corrupción y la formidable erosión de las libertades civiles está dando sus frutos. Quizá baste con citar la primera frase del informe Evaluación nacional sobre la amenaza de la droga, en su edición de 2010: “En general, ha aumentado la disponibilidad de drogas ilícitas”.
La Guerra contra las Drogas ha fracasado en todos sus objetivos, pero sí ha servido paraenviar a prisión a personas cuyo único “delito” ha sido el consumir una sustancia prohibida o simplemente venderla, saturando de este modo las cárceles de todo el mundo. Como dice Walter Block, hay muchas razones para oponerse a la ilegalización de las drogas, pero la principal es que viola el principio de no agresión, ya que el Estado usa la violencia contra usuarios pacíficos y empresarios que suministran este bien. La Guerra contra las Drogas ha servido para reforzar el Estado Policía: vigilancia y paternalismo llevados al extremo.
No son criminales ni deben estar en la cárcel
Por tanto, aquellos que quieran producir y distribuir drogas dentro de un mercado libre, mediante oferta y demanda y sin agresiones ni obligaciones a terceros, deben tener la libertad de hacerlo. Y aquellos que deseen comprar y consumir, igual. Pese a lo que se ha ido inoculando en las sociedades modernas, los productores, distribuidores y consumidores de drogas no son criminales, mientras que accedan libremente y por convencimiento propio. Las cárceles de todo el mundo están repletas de personas asociadas a la droga, siendo una vejación hacia un individuo que debe ser libre para decidir qué consumir.
Es por ello que, una vez se legalizaran y liberalizaran las drogas, el dinero destinado a mantener la Guerra contra las Drogas debería ir destinado a combatir a los verdaderos criminales: los que le violan los derechos a los demás (asesinos, violadores, ladrones, grupos terroristas, estafadores, etc.)
La legalidad de una sustancia responde, simple y llanamente, a la arbitrariedad del Estado. Como digo, quienes producen o consumen drogas no son criminales porque el Estado prohiba dichas sustancias. Si mañana se prohibiera el alcohol y el tabaco, ¿serían criminales los millones de españoles que lo producen, distribuyen y consumen? Por supuesto que no; lo mismo sucede en el caso de las drogas ilegales.
Así pues, debemos dejar atrás el paternalismo estatalser responsables de nuestros actos y consumir lo que deseemos mientras no impongamos y obliguemos a terceras personas. Ya va siendo hora de ser libres e independientes. Para ello, entre otras cosas, es hora de legalizar y liberalizar la producción, distribución y consumo de drogas. El Estado contra la voluntad del individuo: las drogas es un claro ejemplo de ello.

sábado, 23 de enero de 2016

Goyo, yo nunca te olvidaré

Hoy hace 21 años que esos hijos de puta de la ETA te asesinaron. Yo tenía poco más de 1 año, no te recuerdo, pero no por ello ignoro quién eres, lo que hacías y por qué te mataron.

Sé que esos cobardes te quitaron la vida porque no te soportaban; no aguantaban la valentía que demostrabas tener, siempre sin complejos, defendiendo tus principios ante las amenazas de esos asesinos. Nunca te doblegaste, tuvieron que dispararte para que, una vez muerto, ellos consiguieran lo que no consiguieron mientras tú estabas vivo.

El PP en el País Vasco era lo que era en gran medida gracias a ti, a tu valentía y a tu lucha por la libertad. De ese PP ya queda más bien poco. Ahora, algunos de tu partido prefieren olvidarte y reírles las gracias al brazo político de aquellos que acabaron con tu vida; los que deberían tenerte siempre presente parece que te olvidan. Han perdido toda dignidad.

Siento que tu lucha por la libertad en el Pais Vasco -y en el resto de España- la han tirado por tierra algunos de los que deberían llevar siempre tu nombre y tu recuerdo por delante. Y eso me duele.

Por eso, hoy, cuando se cumplen 21 años de tu asesinato, quiero decirte que yo no te olvidaré, y siempre me acordaré de que fuiste -y eres- el modelo de político que ante las amenazas, no solo no se rinde, sino que da lo mejor de sí. Gracias.

Descansa en paz, Goyo.